Testimonio
30-09-2021
Pronto, se me ordenó caminar por la casa. Ya era casi de día y pude notar que había actividad en esta casa, actividad que no era humana: figuras de animales que movían los ojos, otros, como muñecos, y peluches se paseaban de mueble a mueble, escondiéndose de mi presencia. Al ver esto, y sentir lo terrible que se siente ante semejante situación, comencé a clamar a Dios y abrí las ventanas. Estos engendros chillaban al ver la luz que entraba por éstas y su mirada era de odio, ¡pero un odio que es indescriptible!
Pronto, no les vi más, y fui donde la familia que estaban todos en aquel sólo cuarto. Allí, les amonesté de la terrible situación, y la importancia de que cada uno sacara de sus vidas todo aquello que no honra a Dios. Unos, aceptaron de inmediato, más, otros, estaban recelosos y no actuaban. Vi que la noche llegaba nuevamente y los que sacaron todo lo que no honraba a Dios se fueron todos a un sólo cuarto, y los otros, se quedaron en el cuarto donde les vi primeramente.
Llegada la noche y hora de dormir, la actividad comenzó nuevamente, pero ésta vez adentro del cuarto donde estaban los que se rehusaron a sacar los anatemas. Allí vi culebras, aves, escorpiones, alacranes y arañas, que inundaban aquel cuarto. Se me dijo: ¡da voz de alerta!" Y así lo hice. Más éstos estaban tan dormidos que no lograban despertar. Vi cómo aquellos animales los picaron y ellos gritaron de dolor. Les dije: "¡humíllense! Quiten de vosotros todo lo que no honra a Dios". Ellos corrían entre sí, en aquel cuarto, ya con el veneno de la picadura de aquellos animales en [la] sangre. Yo les vi caer al suelo desmayados y éstos animales siguieron picándolos hasta que, éstos, dejaron de respirar. ¡Fue terrible ver cómo lo que tanto atesoraban fue la causa de que éstos animalejos se acercaran a ellos y acabaran con sus vidas!
Noté que, los que estaban en el otro cuarto, dormían tranquilos. Se me dijo, entonces: "observa". Mis ojos se abrieron, vi, luego, entonces, ángeles custodios que estaban sentados cada uno en la cama de aquellos que, tranquilamente, dormían.
Allí no vi más. Y se me dijeron estas palabras: "dos mujeres en un molino, una será tomada y la otra será dejada. La paja y el trigo avanza a paso acelerado su separación. El campo de batalla, —la mente—, se exterioriza en lo que poseen o en lo que anhelan poseer de este mundo, ¡y esa será la ruina de muchos! Mientras más se levante la norma celestial, muchos más quedarán en el camino. Corred de tal manera que nadie tome vuestra corona. El mundo mejor está a las puertas y todo por lo cual os afanéis en este mundo quedará atrás. El que pesa los motivos, conoce la mente y el corazón, [y] reconoce a los suyos; pues, no todo el que dice: '¡Señor, Señor!' será salvo".
¡Oh, amados! hagamos caso a las palabras del Eterno. Y no solamente escuchemos sino seamos hacedores, para que, así, podamos tener su protección, que es lo único que importa en ésta hora. Que el Señor nos bendiga."