Testimonio
28-10-2017
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(Sexta Trompeta)

El 28 de octubre del 2017, amados, fui llevada a un valle, era un valle bien extenso, un valle enorme, un valle donde nunca he estado antes. Comencé a ver mucho armamento de guerra, y entre esos armamentos pude empezar a ver banderas, estas banderas no eran todas iguales. Entonces yo me esforzaba por verlas bien, hasta que de repente mis ojos se enfocaron y vieron una bandera muy conocida, era la bandera americana. La guerra entre ellos había comenzado, y muchos estallidos, fuego, había mortandad por doquier. Era tan terrible ese combate que aun los que estaban en el mismo combate temían por sus vidas. Entonces de repente, después de largo combate, todo paró, y una nube de polvo gigante que había en el aire bajó, todo lo que mis ojos veían era desolación y gran mortandad. Era tan terrible aquella escena amados hermanos, que yo me sentía morirme en ese momento. Entonces clamé: Señor ¿han muerto todos?. Entonces en ese momento mi acompañante apareció, y me dijo: no, no todos, solo los que para esta hora era preciso. {Daisy Escalante Testimonio: 28-10-2017, p1}

Entonces me acordé, en este momento vino a mi memoria la sexta trompeta, donde dice que una tercera parte de la tierra debe morir. Entonces mientras yo estaba extasiada en esto, fuimos a ver ciudades, había un horror amados hermanos, una desesperación por hambre y sed, era terrible el hambre, tan grande el hambre que yo veía las personas que hundían sus manos en la tierra cavando en busca de algo que comer. Era una desolación terrible, amados, terrible, terrible, entonces yo comencé a llorar amargamente porque pues uno como humano no está preparado en cierta forma para ver esto. Entonces comencé a ver las personas, y vi gente conocida, vi hermanos adventistas que habían ido de un lugar a otro buscando su salvación, más habían encontrado su destrucción, y todos estaban en esta tan grande agonía. Entonces dije: Señor, ¿Quién podrá salvarse de todo esto?. Entonces mi acompañante me contestó: solo los obedientes. Entonces mi acompañante me dio una orden y me dijo: ve y diles que todo está presto, que la guerra comenzará, que se alisten, pues si demoran perecerán. Entonces ahí desperté, y se me dictó Jeremías capítulo 9 hasta el capítulo 11. {Daisy Escalante Testimonio: 28-10-2017, p2}

Así que amados hermanos, leamos, leamos estos capítulos para que sea el Señor el que nos diga todas las cosas, y que estemos apercibidos y listos. Dice que en los últimos días íbamos a estar corriendo por las expectaciones de las cosas que iban a pasar. Aquí la cuestión no es correr, aquí la cuestión es seguir un escrito está, es seguir las instrucciones de Dios, es prepararnos, porque quien busque salvar su vida, la perderá, más el que no busque salvar su vida, ese la va a encontrar, ese la va a tener. Nuestros escondites son bajo las alas de los ángeles de Dios, del Altísimo; no hay escapatoria en este globo terráqueo amados hermanos, todo lo que vemos que está pasando acá en otros lugares, va a pasar en todos los lugares, porque esto tiene que pasar, porque es la hora que ha llegado esto, y tiene que pasar amados hermanos. {Daisy Escalante Testimonio: 28-10-2017, p3}

Pero en Cristo Jesús, si obedecemos, y somos obedientes como me dijo mi acompañante: solo los obedientes. Entonces vamos a tener victoria en Cristo Jesús. Que Dios me los bendiga donde quiera que estén, y por favor preparémonos, es muy triste ver sufrir a las personas, y más aún cuando ellos ya sabían que esto iba a venir, y que debían de prepararse. Como adventistas del séptimo día sabemos mucho, pero hacemos muy poco, así que quiera Dios que seamos hacedores más que oidores, para que entonces, tanto nosotros como otros puedan alcanzar la victoria en Cristo Jesús. Que el Señor me los bendiga. {Daisy Escalante Testimonio: 28-10-2017, p4}

"1¡Oh si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! 2¡Oh quién me diese en el desierto un mesón de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos son adúlteros, congregación de prevaricadores. 3Tensan su lengua [como] su arco, [para lanzar] mentiras; pero no son valientes para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han desconocido, dice Jehová. 4Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún hermano tenga confianza: porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda con calumniadores. 5Y cada uno engaña a su compañero, y no habla verdad: enseñaron su lengua a hablar mentira y se ocupan de hacer perversamente. 6Tu morada [es] en medio de engaño; de muy engañadores no quisieron conocerme, dice Jehová. 7Por tanto, así dice Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los fundiré, y los probaré; porque ¿cómo he de hacer por la hija de mi pueblo? 8Saeta afilada [es] la lengua de ellos; engaño habla; con su boca habla paz con su amigo, pero dentro de sí pone sus asechanzas. 9¿No habré de castigarles por estas cosas? dice Jehová. ¿No ha de vengarse mi alma de una gente como ésta? 10Sobre los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto sobre los pastos del desierto; porque desolados fueron hasta no quedar quien pase, ni oyeron bramido de ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias de la tierra huyeron, y se fueron. 11Y convertiré a Jerusalén en un montón de ruinas, en guarida de dragones; y de las ciudades de Judá haré asolamiento, que no quede morador. 12¿Quién [es] varón sabio que entienda esto? ¿y a quién habló la boca de Jehová, para que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra ha perecido, ha sido asolada como desierto, que no hay quien pase? 13Y dijo Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella; 14antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los Baales que les enseñaron sus padres. 15Por tanto así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel. 16Y los esparciré entre gentes que ni ellos ni sus padres conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que yo los acabe. 17Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras que vengan; y enviad por las [mujeres] hábiles, que vengan; 18que se den prisa y hagan lamento sobre nosotros, para que nuestros ojos derramen lágrimas, y nuestros párpados destilen aguas. 19Porque voz de endecha fue oída de Sión: ¡Cómo hemos sido destruidos! en gran manera hemos sido confundidos. ¿Por qué dejamos la tierra? ¿Por qué nos han echado de sí nuestras moradas? 20Oíd pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y vuestro oído reciba la palabra de su boca; y enseñad endechas a vuestras hijas, y cada una a su amiga, lamentación. 21Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios; para talar a los niños de las calles y a los jóvenes de las plazas. 22Habla: Así dice Jehová: Los cuerpos de los hombres muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo, y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja. 23Así dice Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en su riqueza. 24Mas el que se hubiere de alabar, alábese en esto, en entenderme y en conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas me complazco, dice Jehová. 25He aquí que vienen días, dice Jehová, y visitaré sobre todo circuncidado, y sobre todo incircunciso: 26A Egipto y a Judá, a Edom, a los hijos de Amón y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón, que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón." {Jeremías 9}

"1Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. 2Así dice Jehová: No aprendáis el camino de las gentes, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman. 3Porque las costumbres de los pueblos [son] vanidad; pues cortan el leño del bosque con el hacha, [es] obra de manos de artífice. 4Lo adornan con plata y oro; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. 5Erguidos [están] como palmera, pero no hablan; necesitan ser llevados porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque no pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. 6No hay nadie como tú, oh Jehová; grande [eres] tú, y grande [es] tu nombre en fortaleza. 7¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones? Porque a ti corresponde; porque entre todos los sabios de las naciones, y en todos sus reinos, no [hay] nadie como tú. 8Pero ellos son del todo torpes y necios. Enseñanza de vanidades [es] el leño. 9Plata extendida es traída de Tarsis, y oro de Ufaz; obra del artífice y de manos del fundidor; azul y púrpura es su vestidura; obra de peritos [es] todo. 10Mas Jehová [es] el Dios verdadero; Él [es] el Dios viviente y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación. 11Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. 12El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su sabiduría, y extendió los cielos con su inteligencia; 13a su voz se da muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. 14Todo hombre se embrutece en [su] entendimiento; avergüéncese de su ídolo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella. 15Vanidad [son], obra irrisoria; en el tiempo de su visitación perecerán. 16No [es] como ellos la suerte de Jacob: porque Él [es] el Hacedor de todo, e Israel [es] la vara de su herencia: Jehová de los ejércitos es su nombre. 17Recoge de las tierras tus pertenencias, tú que moras en lugar fortificado. 18Porque así dice Jehová: He aquí que esta vez arrojaré con honda los moradores de la tierra, y los afligiré, para que lo hallen [así]. 19¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa. Pero yo dije: Ciertamente enfermedad mía es ésta, y debo sufrirla. 20Mi tienda es destruida, y todas mis cuerdas están rotas; mis hijos se han ido de mí, y perecieron. No hay ya quien levante mi tienda, ni quien ponga mis cortinas. 21Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová; por tanto, no prosperaron, y todo su rebaño será dispersado. 22He aquí que viene voz de rumor, y alboroto grande de la tierra del norte, para tornar en soledad todas las ciudades de Judá, en guarida de dragones. 23Conozco, oh Jehová, que el hombre no [es] señor de su camino, ni del hombre que camina el ordenar sus pasos. 24Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles. 25Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron a Jacob, le devoraron, le han consumido, y han asolado su morada." {Jeremías 10}

"1Palabra de Jehová, que vino a Jeremías, diciendo: 2Oíd las palabras de este pacto, y hablad a todo varón de Judá, y a todo morador de Jerusalén. 3Y les dirás tú: Así dice Jehová Dios de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto, 4el cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Obedeced mi voz, y haced conforme a todo lo que os mando, y vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios; 5para que confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les daría la tierra que fluye leche y miel, como en este día. Y respondí, y dije: Amén, oh Jehová. 6Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd las palabras de este pacto, y ponedlas por obra. 7Porque solemnemente protesté a vuestros padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto hasta el día de hoy, madrugando, protestando y diciendo: Oíd mi voz. 8Pero no obedecieron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto, traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé que cumpliesen, y no lo cumplieron. 9Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén. 10Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales no quisieron escuchar mis palabras, antes se fueron tras dioses ajenos para servirles; la casa de Israel y la casa de Judá quebrantaron mi pacto, el cual había yo concertado con sus padres. 11Por tanto, así dice Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán escapar; y clamarán a mí, y no los oiré. 12E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal. 13Porque [según] el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusisteis los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal. 14Tú pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré el día que en su aflicción a mí clamen. 15¿Qué tiene que hacer mi amada en mi casa, habiendo hecho tantas abominaciones? Y las carnes santas se pasarán de ti, porque en tu maldad te gloriaste. 16Olivo verde, hermoso en fruto y en parecer, llamó Jehová tu nombre. A la voz de gran palabra hizo encender fuego sobre él, y quebraron sus ramas. 17Pues Jehová de los ejércitos, que te plantó, ha pronunciado mal contra ti, a causa de la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá, que hicieron contra sí mismos, provocándome a ira al ofrecer incienso a Baal. 18Y Jehová me [lo] hizo saber, y [lo] entendí: Entonces me hiciste ver sus obras. 19Y yo [era] como cordero inocente que es llevado al matadero, pues no entendía que maquinaban designios contra mí, [diciendo]: Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, y no haya más memoria de su nombre. 20Mas, oh Jehová de los ejércitos, que juzgas justicia, que escudriñas la mente y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he descubierto mi causa. 21Por tanto, así dice Jehová acerca de los varones de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: No profetices en nombre de Jehová, y no morirás a nuestras manos. 22Así, pues, dice Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los castigaré; los jóvenes morirán a espada; sus hijos y sus hijas morirán de hambre; 23Y no quedará remanente de ellos; porque yo traeré mal sobre los varones de Anatot, el año de su visitación." {Jeremías 11}