Testimonio
27-10-2021
Vi un hombre, frente a la chorrera, con dos cajas: una, a su derecha, y otra, a su izquierda. Vi cómo, una persona que no era cristiana, se tiraba. Ésta, casi llegando al final de aquella gran chorrera, vi que el hombre que estaba frente a ella, agarró de la caja derecha y la abrió y de ella sacó una gran manguera de bomberos y mojó la persona con aquella violenta presión. Le laceró la piel, y ésta sangraba. Ésta [la persona] daba voces, de tan herida que estaba, y la llevaban entre dos hombres a un lugar donde, allí, era dejada a su suerte, ¡sin auxilio!
Vi otra persona comenzar a bajar por aquella gran chorrera. Cuando, casi, ésta llegaba al final, mientras gritaba de la felicidad, me percaté que era cristiana. Allí vi al hombre, frente a ella, posicionarse y, de su mano izquierda agarró la caja que estaba en ese mismo lugar y, sacó una gran bola de fuego y la tiró encima de la persona, la cual comenzó a arder —y a gritar—, hasta consumirse. Dije, entonces: "¡oh, Eterno! ¿Cómo detener esto? ¡No escuchan! ¡y ninguno ve! ¡no oyen lo que pasa al final con los demás! Entonces, se me dijo: "cada uno debe decidir si subir a la chorrera o no, y ya, esto, está en curso. Los conocedores que se aventuren, morirán, y los que no conocen aún, sufrirán mucho. Más muchos no morirán, hasta que mi cosecha llegue a ellos, pues, aún, su tiempo no es cumplido. Más, la cosecha —del que dice ser mi pueblo—, está en su curso y muchos se burlan y toman a la ligera mis palabras, mis advertencias, y, ¡tarde sabrán de su grande error! No hay medicina para la rebelión, ni ungüento para el soberbio, más para el que no conoce habrá bálsamo cuando, abrazando mis dichos, se alleguen a Mí".
La escena cambió. Y vi, luego, que un grupo de personas transitaba entre las montañas. Allí vi, entre los árboles, escondido, al hombre que estaba siempre frente a la gran chorrera. Le vi levantar su mano izquierda y le tiró una gran bola de fuego a uno de los caminantes; éste se encendió y, rápidamente, se apagó y ningún daño sufrió. Así, este hombre, lo intentó vez tras vez y no consiguió su objetivo. Gritó muy fuerte y se fue, enfurecido, y ya no le vi más.
En ese momento, desperté. ¡Oh, amados! ¡qué triste condición [la] de aquellos [a quienes] llegan las palabras del Señor a sus oídos, frente a ellos, y no hacen caso! Pero, ¡qué gran bendición para aquellos que queremos hacer la voluntad del Señor y abrazamos sus dichos, abrazamos las palabras del Eterno!, porque solamente en ellas es que vamos a estar seguros. ¡Quiera Dios que podamos decidir por ser leales al Eterno hasta el final! Que el Señor nos bendiga."