(Vencerán Sólo en Obediencia Implícita al Eterno)
La escena cambió. Vi una mujer con su hija, éstas atacaban a los fieles con odio, con sarcasmo y habilidad terrible. Se me dijo: alza la voz. Y así lo hice. Al hablar, las palabras que salieron fueron: ''Todo aquel que haya transgredido en un punto, y no haya tenido fe implícita a Dios perecerá; aquellos que levantan la norma en otros y la bajan a su conveniencia también perecerán; aquellos que tuercen lo puro y lo hacen impuro, perecerán; aquellos que luchan por su posición de vida, perecerán; más aquellos que no les importa el qué dirán ni posición terrenal, sino que con fe implícita se aferran a la roca de verdad, prevalecerán; apartaos de los infieles y no toquéis lo inmundo y así el mal no prevalecerá contra vosotros; resistid en la palabra del Eterno, meditando día y noche en ella, en vuestra mente y corazón, y obtendrán la victoria; no hay otra forma, sólo debéis haceros de la manera que os mando, solo siguiendo las huellas del Maestro es que podéis vencer; todos escucharon, más sólo unos pocos aceptaron, éstos corrieron del lado de los que no escucharon''. Entonces escuché una voz que dijo: ''éstos dejarán de existir y nunca más se acordarán de ellos porque ellos mismos así lo decidieron''.
Ahí desperté. Oh amados, qué triste pero verdaderas palabras, el precio está pagado, las instrucciones dichas, el camino trazado más cada quien debe decidir; más ciertamente el orgullo y la prepotencia serán inevitablemente la destrucción de muchos, pues una vez que el orgullo entrona el corazón la prepotencia es aflorada, y la gran mayoría del que la porta difícilmente se salvará porque éstos no dan lugar al Espíritu Santo en sus vidas, porque no se someten a la voluntad del Eterno; sólo muriendo por voluntad propia, aferrados a Cristo Jesús, es que podremos vencer y éstos lamentablemente serán una pequeña minoría. Quiera Dios que podamos darnos cuenta de este gran virus mortal en esta hora, y podamos con la ayuda del Eterno escapar de él. Que el Señor nos bendiga.