Amados, quiero compartir con ustedes un sueño que tuve el 27 de julio del 2017.
Yo me veía durmiendo cuando de repente una voz me despertó, aún yo estaba en el sueño, pero en el sueño me desperté y la voz decía así, así dice el Señor: jóvenes ¿por qué estáis con anatemas? ¿por qué si conocéis el camino no andáis por él? ¿acaso desde el vientre materno, mientras mamabas, no supiste de Mí?. Te dirigen lobos del rebaño, se han dado licencia para permitir toda clase de abominación, y pensando tú que estás honrando mi nombre, me estás deshonrando. ¿Por qué participas de música aberrante y luego te jactas de decir que me has alabado cuando mis oídos no pueden escuchar ese anatema?. Pastores -decía-, pastores del rebaño, han descarriado mi tierno rebaño ¿acaso no lo veré? ¿acaso no lo sabré?; batería, ruidos estridentes, mímicas, pantomimas, shows, todo esto para mí es anatema, ¿Dónde lo estipulé? -decía-.
Vivo yo dice el Señor, que desde lo que permitieron hasta lo que practicaron a sabiendas recibirán su retribución. Me llamas Señor y no me temes, me buscas, a tu tiempo, en tu momento, y luego en momentos de desesperación solamente es cuando me buscas. Decía la voz y gritaba: abominación, anatema en mi pueblo y no lo toleraré más. Príncipes, han descarriado mi débil rebaño y no serán pasados ante mis ojos como inocentes, han turbado y descarriado mi rebaño, hablan de un Dios que no conocen, predican de un Dios ajeno a ellos, y pretenden guiar mi rebaño. Vivo yo -decía-, que ninguno será tomado por inocente, mis ojos lo ven, y mis testigos me lo confirman, el Espíritu Santo no está con ellos, el refrigerio no será para estos falsos. Ay de ti, ay de ti que decías: casa de Jehová es ésta, más allí no hay habitación para mí. No hay morada para el santo de Israel.
Y seguía diciendo: Vivo Yo, que no quedará piedra sobre piedra donde puedan sentirse orgullosos, no hay verdad conocida hoy en todo esto, está falseado, la pretensión, la conveniencia, la fornicación, son la licencia del día, yo Jehová lo estoy viendo y no lo pasaré por alto. No hay para ti escapatoria, pues a sabiendas y por precio has falseado la verdad y cortado el derecho. ¿Dónde están los jóvenes que me buscan y echan suerte por mí? -seguía diciendo-, ¿dónde están sus manos alzadas buscando al Santo de Israel?; jóvenes, mis ovejas tiernas del rebaño, por favor despierten, estoy a punto de llegar y los deleites de este mundo te ciegan; ¿acaso no te ofrezco la vida eterna? -decía-, ¿acaso no te he hecho algo Yo, de bien, todo el tiempo? he muerto por ti, te he dado la vida eterna, te la ofrezco, más no me buscas; mal ejemplo has recibido, y te han falseado la verdad, pero yo no cambio, Yo Soy el mismo ayer, hoy y por los siglos; ¿qué he hecho para que no me ames y no me busques?, di mi vida por ti, sigo luchando por ti, ¿por qué no me amas?.
Vivo yo, que si me buscas y haces pacto conmigo, te levantaré sobre muchos, y te usaré como nunca se ha visto, te usaré como debe ser hecho, muchos otros jóvenes necesitan escuchar y si haces voto conmigo, mi plan en tu vida se dará, serás estrella en un firmamento oscuro, y serás sal en un mundo insípido. Aléjate de lo falso seguía diciendo, no aceptes medida falsa, yo te ofrezco la vida eterna, te ofrezco vivir conmigo eternamente, ¿acaso es poco para ti?, no te dejes engañar, sal de la falsa adoración y levanta tus manos y dobla tus rodillas ante Mí, y yo te levantaré como estrella para salvar a muchos. Te amo -decía-, pero tú decides, con un amor eterno te he amado. No hay tiempo -seguía diciendo-, ya estamos preparándonos, el último tiempo ha llegado, ¿a quién servirás?.
En eso amados me vi en un valle, estaba hablándole a muchos, y todos eran jóvenes más o menos entre 13 y 30 años; todos atendían las instrucciones que yo les dictaba, y yo les decía que dejarán de jugar videojuegos, que estuvieran sacando tanto tiempo para internet, que dejaran todo eso, que buscaran al Señor, que dejaran la música que no agradaba a Dios, que se alejaran de la pornografía, que sacaran los deseos de su vida y entronaran a Dios en sus vidas. Yo les decía que no había tiempo que perder, que Jesús viene ya, que se alistaran para recibir el Espíritu Santo, y que éste no vendría cuando hay anatemas. Y yo les daba una lista de anatemas, música contemporánea -les decía-; les hablaba de la batería, de los videojuegos, de las modas, las pinturas (maquillaje), los deseos propios, que dejaran de estar detrás de líderes corruptos que permiten todo anatema diciendo que Dios está ahí cuando no está, que se dejaran de estar detrás de los shows, de las cantatas que falseaban un verdadero reavivamiento, y entonces les decía: jóvenes despierten, Dios es santo y delante de Él todas esas cosas son abominación, son anatema.
Y seguía diciéndoles yo a estos jóvenes que estaban ahí: muchos líderes y maestros y aún padres los han envalentonado en la desobediencia a Dios, y los han descarriado, pero otros de ustedes lo han hecho a sabiendas. Levántense de parte de la verdad -les decía yo-, y viviréis, y escojan el camino de Dios, dejen de estar detrás de mammón que los va llevar a la destrucción, dejense de estar tibios, su alma es abominación al Señor cuando estamos tibios, hoy es el día de decidir, de ustedes está el tomar la decisión, ¿qué harán? -le seguía diciendo yo-.
En eso, amados, vi [en] los jóvenes que aceptaron el llamado, que sus ropas seculares con las cuales ellos estaban, comenzaron a brillar; y como que una bata blanca comenzaba a salir en vez de la ropa que ellos llevaban. Entonces todos los que aceptaron el mensaje, todos los que mostraban en su rostro que lo habían aceptado, brillaban con una energía grande, y todos estaban, verdad, uno detrás de todos ellos, entonces todos comenzaron a brillar y brillaban y brillaban y brillaban y de repente, todos comenzaron, dieron la espalda, y comenzaron a correr, detrás de ellos había un río, cruzaron ese río, y comenzaron a subir una ladera y una montaña grande que había al frente. Entonces mientras ellos subían, aún más brillaban. Entonces yo trataba de verlos, pero de repente los perdí de vista porque los árboles me los tapaban y yo estaba desesperada tratando de buscarlos con la vista, más no los veía.
En eso de repente mi acompañante apareció y me dijo: ¿qué ves? ¿qué estás buscando?. Y le dije: he perdido de vista a los jóvenes, no los veo. Y me dijo: mira otra vez. Entonces vi luces que se movían entre los árboles, y ya casi estaban llegando a la cumbre de la montaña. Y le pregunté: ¿por qué cuando terminé de hablarles todos ellos corrieron y cruzaron el río y subieron a la montaña?. Y él me contestó: ¿viste sus vestiduras cambiar y que comenzaron a brillar?. Entonces le dije: sí, sí lo vi. Y él me dijo: observa. Entonces vi el momento cuando yo les estaba hablando a estos jóvenes y pude ver como ángeles del Señor se paseaban en medio de ellos, cuando ellos escuchaban las palabras, pero también vi ángeles negros, eran pocos, pero hacían la lucha para que la verdad no llegara a sus oídos. Y vi como los que aceptaron y recibieron la orden de los ángeles buenos, corrían y cruzaban el río porque los ángeles les decían: corran, crucen el río, y corran a la montaña. Por eso fue que ellos comenzaron a correr por esta orden divina y fueron hasta la montaña.
Entonces me dijo: ahora ve la montaña ¿qué ves?. Y entonces le dije: veo que ellos brillan ahora más que antes. Y me dijo: mira otra vez. Entonces vi como del cielo salían lenguas de fuego y caían sobre ellos y éstos brillaban aún más y aún más. Entonces me dijo mi acompañante: llegó el fin, el refrigerio, la lluvia tardía los ha investido, y muchos, muchos de ellos se salvarán, y ellos mismos han librado su alma, y ellos ayudarán a otros a librar su alma también.
Entonces yo me gozaba, era tremenda aquella escena, sentía que mi corazón brincaba de alegría, amados hermanos. Entonces cuando mi acompañante me dijo observa abajo, vi a unos jóvenes, sus ropas eran las comunes, estos jóvenes no brillaban, entonces se me dijo que corriera a ellos. Entonces yo comencé a correr a ellos y cuando yo llegué donde ellos, todos salieron corriendo con miras, se apartaron de mí, sus rostros eran negros, se veían como la noche y me espanté al ver esa oscuridad tan grande que veían en el rostro de ellos.
Pero sólo un joven quedó, y yo le instaba a cruzar el río, pero éste no quería. Le decía que nos arrodilláramos a orar, pero no se quería arrodillar. Entonces yo comencé a cruzar el río, y estaban las aguas tranquilas y el fondo era llano, y lo comencé a cruzar. Entonces cuando ya estuve al otro lado, yo llamaba a este joven y a mi insistencia éste comenzó a cruzar, y cuando iba por la mitad las aguas comenzaron a violentarse y el joven comenzó a hundirse. Entonces me desesperé y grité: Señor, yo no sé nadar y el joven perece, por favor ayúdame a salvarlo. Entonces me vi saltando al agua y por alguna razón que desconozco comencé a nadar. Agarré aquel joven por el cuello tratando de mantener su cabeza a flote y lo llevé a la orilla, ya en la orilla yo le insté al joven a que se arrodillara para orar y este temblando de miedo, más de miedo que cualquier otra cosa, lo hizo. Entonces no nada más se arrodilló, sino que se inclinó completo al suelo, su rostro tocaba el suelo, entonces yo me incliné en las espaldas de aquel joven para agradecer a Dios por haberme ayudado a poder salvarlo. Entonces de repente un viento fuerte y un ruido llamó mi atención; entonces miré hacia atrás, entonces el río, el agua del río se había levantado de su cauce y era un gigante enfurecido y amenazaba con caernos encima. Así que temí y clamé: Jesús, Jesús por favor sálvanos, sálvanos. En eso por alguna razón, algo me dijo: ancla tus manos firmes en el suelo. Y ahí me tiré encima del joven y sentí como mis dedos se enterraban en la tierra y dije: Señor, sálvanos que perecemos. Entonces sentí el peso del gigante de agua en mis espaldas, pero no me movió, rugió y rugió, pero allí estábamos el joven y yo sin movernos. Entonces de repente una luz prominente del cielo nos alumbró y las aguas volvieron a su lugar, y pudimos levantarnos.
Yo estaba exhausta, caí al suelo y mientras miraba la luz proveniente del cielo y agradecía a Dios, me acordé del joven y lo busqué, pero no lo encontraba. Corrí río abajo por la orilla del río, entonces de repente lo veo que está en una piedra dentro del río y él se aguantaba de esa piedra, pero la corriente era muy fuerte y lo arrastraba. Entonces me fijé más abajo en el río y vi una gran cascada, entonces pensé: Señor, va a morir. Y comencé a gritar, comencé a gritar: Señor, por favor ayúdame a ayudarlo, ayúdame porque va a perecer. Entonces de repente fui agarrada por la espalda, y me elevaron hacia el joven. Entonces al mirar quién me agarraba por la espalda vi a mi acompañante, él era el que me cargaba. Entonces fuimos al joven y lo agarré y lo sacamos a la orilla, allí estábamos agradecidos y agradecidos a Dios por mandar su ángel a acompañarnos y a sacarnos de aquel lugar tan enfurecido, por haber rescatado este joven por sus misericordias. Entonces mi acompañante nos dijo: síganme. Entonces lo seguimos hasta el pie de la montaña y comenzamos, seguros, ya a subirla. En ese momento desperté.
Conozco muy de cerca este joven por eso me impacta esta situación, pero me desperté con la certeza de que Dios está llamando a la juventud a hacer pacto con Él, ojalá que muchos, muchos puedan decidir y puedan decir: heme aquí Señor, envíame a mí. Que Dios me bendiga a todos los jóvenes, y a todas las personas que puedan escuchar esto y que podamos decidir para salvación, podamos decidir por Cristo Jesús. Dios me los bendiga.