(Reyes y Reinas ante lo Porvenir)
Vi entonces una mujer con un trozo de pan en su mano, ésta lo picaba en pedacitos —según ella, un pedacito para cada día"—. Ella estaba muy preocupada, no quería que su pan se le dañara, más, al par de días, su pan se le dañó; se le llenó todo de moho.
Pronto, la vi adentrarse en una montaña y tocar la puerta de una casa. Allí, vi que la recibieron. En la casa vi un hombre con su esposa. Estos fueron muy amables con ella y le arrimaron una silla para que se sentara. La esposa del hombre hacia unas leguminosas en una estufa [a] leña y el hombre preparaba un pan sin leudar, era en una sartén y el pan era, como, en cuadros, uno para cada uno. Luego, guardaba el restante de la masa en un recipiente de barro lleno de agua y lo tapaba, y ahí quedaba la masa hecha hasta la próxima comida. Éstos esposos tenían un pequeño huerto de plantas comestibles, de alimentos y de condimentos. También, de estas plantas hacían tés. Vi, también, un recipiente grande de harina y otro recipiente de leguminosas secas. Estos, los usaban para comer, previamente hidratadas las leguminosas. A veces, las hacían cocinadas, [otras veces,] las germinaban. También, de ahí, cogían un pequeño puño y lo sembraban en un pedazo de tierra que tenían cerca de su cabaña para tomar tés —era lo que había—, y agua.
Ante la escasez, no estaban desesperados, y se sentían agradecidos a Dios por ello.
Vi, también, en su depósito de alimento un cubo como de cinco galones [aproximadamente, diecinueve kilos] de sal entera molida y otro cubo de 5 galones [aproximadamente, diecinueve litros] de aceite; éste era color verde. En un recipiente de cristal vi que echaban aceite, sal, ajo y cebolla, con orégano pequeño y romero, cada pote de cristal lo preparaban de igual manera. Vi que así conservaban —de ésta manera—, el ajo y la cebolla. También tenían bolsas donde tenían, allí, hojas secas. Eran bolsas trasparentes y podía ver lo que estaba adentro. Allí, ellos le sacaban el aire, todo lo más que podían, y las tenían, allí, colgadas, para que estuvieran aireadas, pero [que] no les diera la luz y permanecieran secas.
Vi, también, unos potes de miel que usaban a cuenta gotas una vez al día. Pronto, la mujer que recibieron, les preguntó: "¿no se cansan de comer esto a diario?" A lo que el hombre contestó: "no. Es un privilegio tener este alimento y cada día agradecemos al Eterno por esto. Tome, gústelo y pruebe lo bueno que es". La mujer tomó el pan que le dieron, vi que era como un rectángulo, con un grosor como de un cuarto de pulgada [un poco más de medio centímetro, 0.6 cm]. En el sartén, o plancha, el hombre ponía sus moldecitos, como los que usaban para confeccionar galletas. Y las ponía, en ese sartén o plancha, en la estufa de leña. Y todos los panes le salían de la misma medida, así la ración era medida, así, cada día para todos.
La mujer no toleró dos días en aquella casa y se fue a divagar, a ver dónde encontraba variación de comida. Pasados los días, la pareja vio, por la ventana de su casa, cómo esta mujer yacía en el suelo, muerta. Allí, ya no vi más.
¡Oh, amados hermanos! Quiera Dios, quiera Dios, que podamos entender y poner por obra todo lo que él Señor nos deja saber en ésta hora. Que el Señor nos bendiga."