(Protección Sólo en Cristo Jesús)
Había una persona que rentó esa casa, pero no se sentía segura. Así que pidió a todos los que estaban allí pasar la noche con ella para sentirse segura y, al otro día, comenzar a reparar las rejas. Pero ésta no lo lograba, por más que lo intentaba. Las reparaciones, que yo veía que hacían en aquella casa, en esas rejas, eran nulas. Entonces, escuché una voz que dijo: hay camino que al hombre parece derecho, pero su fin es camino de muerte.
Vi, entonces, al hombre que estaba al otro lado de la calle, que llamaba al hombre que luchaba con las rejas. Éste le decía que fuera con él al lugar seguro y que no gastara más sus fuerzas en lo que no aprovechaba. El hombre siguió insistiendo en arreglar las rejas vez tras vez. El hombre del carro escuchó, entonces, la voz que le dijo: "desiste. Ve, es hora de irte". ¡Éste se marchó muy triste!
Pronto, un gran ruido y movimiento arropó aquel lugar, tirando todo a su paso. ¡Y todo quedó en el suelo! Y allí, yo no vi más.
¡Oh, amados hermanos! ¡Qué triste condición la del ser humano! Porque el pecado nos ha hecho que nos empeñemos en aquello que realmente no importa y [que,] lo que es provechoso para nosotros, lo descuidemos. Esa es la condición pecaminosa del mortal. Pidámosle al Señor que, por su amor, por su misericordia, nos ayude a cambiar esta naturaleza. Para que podamos poner en primer lugar lo que realmente es prioritario, lo que realmente importa en la vida de cada uno de nosotros, que es poner primeramente a Dios y su justicia y todo, todo lo demás, cuando esto suceda en nuestras vidas, llegará por añadidura. Quiera Dios que así sea. Que el Señor nos bendiga."