Amados, noviembre 23, 2018. Mientras hacía mis quehaceres en mi hogar y estaba meditando en todas las cosas que están pasando alrededor del mundo, y orando por los hijos de Dios que están en todo el mundo, y tanto sufrimiento que está pasando. En ese momento, amados, mi acompañante apareció frente a mí, dejé de ver todo lo que estaba haciendo, y en ese momento él me entregó una lámpara, esta lámpara era color oro y yo vi que estaba vacía. Mi acompañante me dijo: a menos que esta lámpara esté llena divinamente, nadie podrá ir al cielo.
Entonces me dijo: observa. Vi muchos frente a mí, todos portaban lámparas igual a la que yo tenía. Vi cómo algunos se fijaban en ella y lloraban, y otros la miraban y se sonreían. En ese momento mientras yo los miraba a ellos, me llamó la atención, porque vi pasar por encima de todos nosotros a un ser hermoso, iba volando con gran presteza y éste con un gran cántaro en su mano dejaba caer unas gotas que eran amarillas brillantes. Mientras yo observaba al ser y las gotas, quedé absorta en el destino de estas gotas que caían, estas gotas caían por todos lados en las lámparas de los que las tenían en sus manos. Entonces se me indicó: observa. Vi como las lámparas, que yo pensé que eran todas iguales, algo las diferenciaba; unas estaban vacías y podían colectar todo el aceite que llegaba a ellas; y otras de igual tamaño y color, estaban con una tapa en el orificio de entrada, y el aceite caía encima de la tapa y no podía éste sostenerlo y caía al suelo.
Entonces, en ese momento yo le dije a mi acompañante: avisémosle, pues su aceite se está perdiendo. Pero este, amados, me contestó: ya no hay tiempo, ellos recibieron muchas instrucciones para estar listos para este momento, más ellos decidieron seguir en sus planes de grandeza, aún muchos, colaboradores en la viña, descuidaron su propia preparación, pues el deber y las responsabilidades humanas acapararon su vida, sencillamente no sacaron tiempo para encontrarse con Dios, y ponerse a cuentas con él, y su deber, para saber su voluntad; estos estaban llenos de autosuficiencia, sólo vivían en sus planes, que según eran de Dios, más su vaso permaneció lleno de esta autosuficiencia. Observé nuevamente las vasijas, amados, unas llenas de aceite celestial y otras tapadas pues estaban llenas de autosuficiencia. Miré entonces las vasijas llenas de aceite celestial y vi como éstas, por indicación divina, eran muy solemnemente cuidadas por los que las tenían. Éstos lloraban y no se sentían merecedores de ellas, más las atesoraban como un gran tesoro, de gran valor.
Mientras todo esto pasaba ante mí, mi acompañante me habló y dijo: pronto, muy pronto todo esto será cumplido, este será el momento de gran regocijo celestial, pues este aceite en su plenitud lo recibirán los que pasaron el examen final que impartió Emanuel, y estarán listos para la proclamación final, a un mundo, que aunque la palabra es predicada hoy, ésta está adulterada, y este será el momento donde la pura verdad brillará en todo su esplendor por última vez, a un mundo de gran confusión. Mientras yo escuchaba esto, amados, él siguió diciendo: esta verdad la predicó Enoc, la predicó Moisés y también Elías, los profetas hablaron de ella, Juan el bautista, y el Maestro y el Redentor del mundo vivieron y murieron por ella, siendo así la muerte del mesías príncipe el único garante de la salvación de aquellos que le acepten.
En ese momento me di cuenta, otra vez, que yo misma tenía una lámpara en mis manos, y ni tan siquiera le había puesto atención a observarla bien, y ante todo lo que yo estaba viendo no me di cuenta de si mi lámpara había cogido aceite o no. Entonces al fijarme atentamente en ella, solo pude ver que no tenía tapa, y mi acompañante me la retiró de mis manos, me dijo: observa. Vi que la lámpara tenía unas líneas como de medidas fuera de ella, y se me dijo: ¿ves estas medidas?, y dije: si las veo. Y me dijo: ¿las reconoces?, y dije: si, son medidas que usamos para líquidos aquí en la tierra. Entonces me dijo: así es. Entonces me siguió diciendo: ahora observa estás. En ese momento vi luego, de las medidas que reconocí, que habían otras que no las reconocía y exclamé: ¡oh, éstas nunca las he visto!, y se me dijo: así es, es la medida celestial; las medidas que tú reconoces son las medidas que cada mortal debe esforzarse por obtener, y las otras son las que los dignatarios celestiales y los ángeles ministradores ayudarán al que haya cumplido con su parte, y entonces el aceite final, el derramamiento del Espíritu Santo como en la época apostólica vendrá y terminará aquello que se comenzó.
Entonces en ese momento, amados, exclamé: ¿!oh, cómo podremos completar nuestra parte, si en nosotros no existe nada bueno¡?, ¿cómo podemos lograrlo?. Entonces él me contestó: esta es la manera, reconocer vuestra condición de que sois polvo, humillad vuestro corazón ante Dios con temor y temblor, rogad por vuestra alma y vuestro perdón, haced sacrificios dignos de arrepentimiento, sed celosos en vuestra salvación, y no toquéis lo inmundo, sed prestos en el bien hacer y apartados del mal proceder, no consintáis con lo inmundo ni lo toquéis; escudriñad la palabra, la biblia, el espíritu de profecía porque en ella encontraréis el camino, la verdad y la vida; orad sin cesar, pidiendo poder de lo alto; ayunad por voluntad propia, absteniéndose por consentimiento del pan material para que nuestros sentidos puedan ser despertados; cantad alabanzas de ruego y esperanza por vuestra salvación; dad prioridad, estad a cuentas con Dios y no descuidéis una salvación tan grande, pues el tiempo es casi cumplido y ¿quién os podrá salvar?; apartaos y poneos a cuentas con Dios con gran presteza pues el fin es venido y ¿quién podrá sostenerse en pie ante el día grande y terrible de Jehová?; no mires tu prójimo y te extasíes en él, pues él padece tu misma condición, ambos son polvo y a ambos se les pedirá la misma medida; este es el momento de que cada ser consciente, que desea salvación, debe hacer su preparativo con urgencia, apartándose de todo lo que le estorbe para lograrlo; dad frutos dignos de arrepentimiento, la conveniencia sea reemplazada por la verdad, el ego por el amor, la competencia por la justicia; ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo y perder su alma? pues aún esta ganancia es pasajera, pues lo que aún cree tener, junto con esto perecerá; más el que se lo niega todo y sigue las huellas del maestro, vivirá para siempre; es tiempo de hacer un alto y decidir hoy a quien servir; no hay técnica humana que conecte al mortal con Dios, y éste obtenga la salvación; sólo mediante una búsqueda personal de Cristo, solamente así podrá ser salvo. Y siguió diciendo: ningún mortal sea guía de otro en cuestión de salvación, pues esta prerrogativa es sólo de Dios; sed pues solícitos en servir, amar y exhortar en la búsqueda personal del príncipe Emanuel; nadie juzgue al que así haga, el comandante es el que dirige a su verdadero pueblo, pues el desenlace final está a la puerta; consensos, reuniones de estudio, no hay mal en ellas, más muy poco harán, sólo una vida en lo privado, santificada, dará el resultado anhelado y deseado; no os dais cuenta que anheláis algo, que no importa lo que hagáis, no podréis por sí mismo alcanzar; ¿estáis realmente absortos en esto? ¿cómo podéis vivir tan superficialmente y engañaros en decir: tendré la vida eterna?, fatuos e insensatos, recordad la mujer de Lot, su propia justicia la dejó hecha sal comenzando el camino de su liberación; engañoso y perverso es el corazón ¿quién lo conocerá?; acordaos de Noé, muchos burladores, hombres de renombre, encumbrados, no dieron a conocer que su salvación estaba ante ellos pues no vino en la vasija que ellos esperaban; recordaos del pueblo de Israel, que aún luego de la liberación de Egipto y su libertad en el desierto, su descontento y rebelión les impidió entrar en la Canaán terrenal; ¿acaso pensáis vosotros que soy aún más que ellos? siguió diciendo, ¿acaso no sois mortales de barro? ¿pensáis acaso que algo os diferencia?, a la verdad si, pues ellos escribieron la historia que hoy vosotros conocéis para que tengáis esta por ejemplo, por esto y por aún más no tendréis excusa ante el alto y sublime; Dios no fuerza la voluntad de nadie, por consiguiente, no conducirá a nadie orgulloso a recibir instrucción, pues éste se empeña en hacer su propia voluntad, éste adolece de duplicidad mental, éste procura seguir los deseos de su corazón mientras profesa seguir la voluntad de Dios; en ese momento, amados, se me dieron siete citas bíblicas: Santiago 1:7, Salmos 25:9, Filipenses 2:5-8, Romanos 8:37, Mateo 5:48, Hebreo 7:25 y Apocalipsis 3:21.
Amados, solamente le pido al Señor por cada uno de nosotros, que sea Dios el que nos dirija y nos lleve a puerto seguro. Que el Señor les bendiga.