Mes 10 en el calendario del ETERNO; mes 1, día 20, del 2023. "Cantad, aquellos que viven en estrés, depresión y opresión y aun los que reconocen que están en posesión. Cantad himnos a mi Nombre, dice EL ETERNO, exaltando mi sacrificio por vosotros, la sangre que derramé en pago por vuestra salvación. Así seréis, en continua humillación, liberados". Y se me dieron unas citas y unos himnos. Los himnos, del Himnario Antiguo: desde el 90 hasta el 99. [Las citas:] Mateo 27: 24-54; Marcos 15: 9-39; Lucas 23: 13-47; Juan 19, todo el capítulo. Mensajes Selectos, tomo dos, "Un mensaje para las iglesias de California", buscad este tópico [título]. La Verdad Acerca de los Ángeles, capítulo 15, titulado: "Los ángeles y los demonios durante el ministerio de Cristo". Leed todo esto, amados hermanos, con suma atención; y más aquellos que están pasando por las situaciones antes dichas. {Daisy Escalante Testimonio: 20-01-2023 #02, p1}
¡Oh, amados hermanos, estamos en una lucha que no es contra sangre ni carne, y aún estamos comenzando ante lo que se avecina! No podemos bajar la guardia en este momento, sino que, en CRISTO JESÚS debemos aprender a luchar con las verdaderas armas, las armas de la fe, las armas de la confianza, las armas de la humillación en CRISTO JESÚS, entendiendo que ―por nosotros mismos― no podemos hacer nada, sino que solamente CRISTO JESÚS es el que puede hacer por nosotros. Así que, amados hermanos, busquemos al SEÑOR de todo corazón, mientras aún pueda ser hallado. Que EL SEÑOR nos bendiga. {Daisy Escalante Testimonio: 20-01-2023 #02, p2}
"24Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; vedlo vosotros. 25Y respondiendo todo el pueblo dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. 27Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él a toda la cuadrilla; 28y desnudándole, le pusieron encima un manto escarlata. 29Y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre su cabeza; y una caña en su mano derecha, e hincada la rodilla delante de Él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30Y escupían en Él, y tomando la caña, le herían en la cabeza. 31Y después que le hubieron escarnecido, le quitaron el manto, y poniéndole sus vestiduras, le llevaron para crucificarle. 32Y saliendo, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a cargar su cruz. 33Y cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que quiere decir, el lugar de la calavera, 34le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y después de haberlo probado, no quiso beberlo. 35Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestiduras, echando suertes; para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes. 36Y sentados le guardaban allí. 37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ÉSTE ES JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS. 38Entonces fueron crucificados con Él, dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39Y los que pasaban le injuriaban, meneando sus cabezas, 40y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los ancianos, decían: 42A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en Él. 43Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere, porque ha dicho: Yo soy el Hijo de Dios. 44Los ladrones que estaban crucificados con Él, también le injuriaban. 45Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46Y cerca de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama Éste. 48Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio de beber. 49Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló, y las piedras se partieron: 52Y los sepulcros fueron abiertos, y muchos cuerpos de los santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos. 54Y el centurión y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente Éste era el Hijo de Dios." {Mateo 27:24-54}
"9Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? 10Porque él sabía que los príncipes de los sacerdotes por envidia le habían entregado. 11Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron a la multitud, para que les soltase más bien a Barrabás. 12Y respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? 13Y ellos volvieron a gritar: ¡Crucifícale! 14Entonces Pilato les dijo: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! 15Y Pilato queriendo agradar al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. 16Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala que es llamada Pretorio; y convocaron a toda la cohorte. 17Y le vistieron de púrpura; y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre su [cabeza]. 18Y comenzaron a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! 19Y le herían en la cabeza con una caña, y escupían en Él, y arrodillándose le adoraban. 20Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propias vestiduras, y le sacaron para crucificarle. 21Y obligaron a uno que pasaba, Simón cireneo, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, para que [le] llevase su cruz. 22Y le llevaron al lugar [llamado] Gólgota, que interpretado es: El lugar de la Calavera. 23Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas Él no lo tomó. 24Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestiduras echando suertes sobre ellas, [para ver] qué llevaría cada uno. 25Y era la hora tercera cuando le crucificaron. 26Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27Y crucificaron con Él a dos ladrones, uno a su derecha, y otro a su izquierda. 28Y se cumplió la Escritura que dice: Y con los transgresores fue contado. 29Y los que pasaban le injuriaban, meneando sus cabezas y diciendo: ¡Ah! Tú que derribas el templo [de Dios] y en tres días lo reedificas, 30sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. 31De esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con Él le injuriaban. 33Y cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? Que interpretado, es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35Y oyéndole unos de los que estaban allí, dijeron: He aquí, llama a Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37Mas Jesús, clamando a gran voz, entregó el espíritu. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39Y cuando el centurión que estaba delante de Él, vio que así clamando entregó el espíritu, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios." {Marcos 15:9-39}
"13Entonces Pilato, convocando a los príncipes de los sacerdotes, y a los magistrados, y al pueblo, 14les dijo: Me habéis presentado a Éste como un hombre que pervierte al pueblo; y he aquí, yo, habiéndole interrogado delante de vosotros, no he hallado en este hombre falta alguna de aquellas cosas de que le acusáis. 15Y ni aun Herodes; porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho. 16Le castigaré, pues, y le soltaré. 17Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta. 18Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: Fuera con Éste, y suéltanos a Barrabás. 19(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y por un homicidio.) 20Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. 21Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! 22Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho Éste? No he hallado culpa de muerte en Él; le castigaré, pues, y le soltaré. 23Pero ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron. 24Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; 25y les soltó a aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, al cual habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos. 26Y llevándole, tomaron a un Simón cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase en pos de Jesús. 27Y le seguía una gran multitud del pueblo, y de mujeres que le lloraban y lamentaban. 28Mas Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. 29Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron. 30Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. 31Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32Y llevaban también con Él a otros dos, [que eran] malhechores, para ser muertos. 33Y cuando llegaron al lugar que es llamado El Calvario, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestiduras, echaron suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y también los príncipes con ellos se burlaban [de Él], diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si Él es el Cristo, el escogido de Dios. 36Y los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, 37y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38Y había también sobre Él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebreas: ÉSTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40Y respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿No temes tú a Dios, aun estando en la misma condenación? 41Y nosotros, a la verdad, justamente [padecemos]; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas Éste ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso. 44Y era como la hora sexta, y hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por el medio. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, entregó el espíritu. 47Y cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo." {Lucas 23:13-47}
"1Así que, entonces tomó Pilato a Jesús y le azotó. 2Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de púrpura; 3y decían: ¡Salve, Rey de los judíos¡ Y le daban de bofetadas. 4Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: He aquí, os lo traigo fuera, para que entendáis que ninguna falta hallo en Él. 5Entonces salió Jesús, llevando la corona de espinas y la ropa de púrpura. Y [Pilato] les dijo: ¡He aquí el hombre! 6Y cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo falta en Él. 7Los judíos respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo el Hijo de Dios. 8Y cuando Pilato oyó estas palabras, tuvo más miedo. 9Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta. 10Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a Éste sueltas, no eres amigo de César; cualquiera que se hace rey, se declara contra César. 13Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que es llamado el Enlosado, y en hebreo, Gabata. 14Y era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: He aquí vuestro Rey. 15Pero ellos dieron voces: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Los principales sacerdotes respondieron: No tenemos rey sino a César. 16Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le llevaron. 17Y Él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18donde le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19Y escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz. Y el escrito era: JESÚS DE NAZARET, EL REY DE LOS JUDÍOS. 20Y muchos de los judíos leyeron este título, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, [y en] griego, [y en] latín. 21Y los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: No escribas: El Rey de los judíos; sino que Él dijo: Yo soy Rey de los judíos. 22Pilato respondió: Lo que he escrito, he escrito. 23Y cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras e hicieron cuatro partes, para cada soldado una parte; y también su túnica, y la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. 24Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será; para que se cumpliese la Escritura que dice: Repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes. Esto, pues, hicieron los soldados. 25Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María [esposa] de Cleofas, y María Magdalena. 26Y cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Tengo sed. 29Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y puesta sobre un hisopo, se la acercaron a la boca. 30Y cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. 31Entonces los judíos, por cuanto era [el día de] la preparación, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado (porque era gran día aquel sábado), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados. 32Y vinieron los soldados y quebraron las piernas al primero, y al otro que había sido crucificado con Él. 33Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. 35Y el que lo vio, da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis. 36Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso suyo no será quebrado. 37Y también otra Escritura dice: Mirarán a Aquél a quien traspasaron. 38Y después de estas cosas, José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, aunque secreto por miedo a los judíos, rogó a Pilato que le dejase quitar el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo permitió. Entonces vino, y quitó el cuerpo de Jesús. 39Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloe, como cien libras. 40Y tomaron el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias, como es costumbre de los judíos sepultar. 41Y en el lugar donde había sido crucificado había un huerto; y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42Allí, pues, pusieron a Jesús, por causa [del día] de la preparación de los judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca." {Juan 19}
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Parte 1 - Fanatismo y enseñanzas engañosas
4- Advertencias contra las pretensiones engañosas de contar con la dirección del Espíritu.
Un mensaje para las iglesias de California
A NUESTROS HERMANOS DE CALIFORNIA:
Anoche se me dio instrucción para nuestro pueblo. Me parecía estar en una reunión donde se representaba la obra extraña del Hno. L y de su esposa. Se me dijo que era una obra similar a la que se había llevado a cabo en ____________, en el estado de Maine, y en varios otros lugares después del cumplimiento de la fecha de 1844. Se me pidió que hablara decididamente contra esa actividad fanática. { 2MS 53.1; 2SM.46.1 }
Se me mostró que no era el Espíritu del Señor el que inspiraba al Hno. y a la Hna. L, sino el mismo espíritu de fanatismo que siempre intenta penetrar en la iglesia remanente. Están errados en la forma como aplican las Escrituras a sus prácticas peculiares. El hecho de declarar a las personas poseídas por el demonio, y luego orar con ellas y pretender exorcizar los malos espíritus, constituye un fanatismo que hará caer en el descrédito a cualquier iglesia que apruebe tal obra. { 2MS 53.2; 2SM.46.2 }
Se me dijo que no debemos estimular tales demostraciones, sino que deberíamos proteger al pueblo mediante resueltas expresiones de censura contra aquello que podría manchar el nombre de adventistas del séptimo día, y destruir la confianza del pueblo en el mensaje de verdad que debe presentar al mundo. El Señor ha realizado una gran obra en favor de su pueblo al colocarlo en un terreno ventajoso. La iglesia tiene el deber de mantener viva su influencia. Las siguientes palabras tienen un contenido valioso: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. Las palabras de la inspiración, cuidadosamente estudiadas y obedecidas con oración, servirán para poner a todos plenamente en el camino de las buenas obras. { 2MS 53.3; 2SM.46.3 }
Como denominación necesitamos volvernos con más persistencia hacia Dios en busca de su dirección. Vivimos en una época impía. Los peligros de los últimos días se ciernen sobre nosotros. Debido a que la iniquidad abunda, Satanás se propone introducir toda clase de teorías engañosas entre aquellos que han procurado andar humildemente con Dios, y que desconfían de sí mismos. ¿Deben ir, personas llenas de confianza propia y fanáticas, al encuentro de estas almas humildes para asegurarles que están poseídas por los malos espíritus, y después de orar con ellas, afirmar que el demonio ha sido expulsado? Estas no son las manifestaciones del Espíritu de Dios, sino de otro espíritu. { 2MS 53.4; 2SM.47.1 }
Exhorto a cada iglesia a tener cuidado de no dejarse conducir a un punto donde piensen mal de aquellos que, debido a su desconfianza de sí mismos, teman no tener el Espíritu Santo. Hay quienes han seguido su propio modo de obrar en vez de hacer la voluntad de Dios. No han reconocido la luz que Dios les ha dado benévolamente; y debido a esto han perdido la facultad de distinguir entre las tinieblas y la luz. Numerosas personas han oído mucho con respecto a la senda que debían seguir, pero ignoran lo que Dios requiere de ellas. Su luz no brilla en términos de obras que revelan los principios de la verdad y la santidad. Es esta clase de personas la que en el tiempo de prueba aceptará falsedades y teorías erróneas como si fueran la verdad de Dios. { 2MS 54.1; 2SM.47.2 }
El pueblo de Dios ha recibido luz abundante. Que nuestra grey despierte y avance hacia la perfección. Estaréis expuestos a los errores de los instrumentos satánicos. Sobrevendrán tremendas olas de fanatismo. Pero Dios librará al pueblo que busque fervientemente al Señor, y se consagre a su servicio (Pacific Union Recorder [Informador de la Unión del Pacífico], 31 de diciembre de 1908). { 2MS 54.2; 2SM.47.3 }
Capítulo 15—Los ángeles y los demonios durante el ministerio de Cristo
La posesión demoníaca en los días de Cristo
El período del ministerio personal de Cristo entre los hombres fue el tiempo de mayor actividad para las fuerzas del reino de las tinieblas. Durante siglos, Satanás y sus malos ángeles habían procurado dominar los cuerpos y las almas de los hombres, imponiéndoles el pecado y el sufrimiento.—El Deseado de Todas las Gentes, 222. { VAAn 185.1; TA.180.1 }
[Cuando Cristo comenzó su ministerio] el engaño del pecado había llegado a su culminación. Habían sido puestos en operación todos los medios de depravar las almas de los hombres... Los agentes satánicos estaban incorporados con los hombres. Los cuerpos de los seres humanos, hechos para ser morada de Dios, habían llegado a ser habitación de demonios. Los sentidos, los nervios, las pasiones, los órganos de los hombres, eran movidos por agentes sobrenaturales en la complacencia de la concupiscencia más vil. La misma estampa de los demonios estaba grabada en los rostros de los hombres, que reflejaban la expresión de las legiones del mal que los poseían... { VAAn 185.2; TA.180.2 }
Satanás se estaba regocijando de que había logrado degradar la imagen de Dios en la humanidad. Entonces vino Jesús a restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor... Vino para expulsar a los demonios que habían dominado la voluntad. Vino para levantarnos del polvo, para rehacer según el modelo divino el carácter que había sido mancillado, para hermosearlo con su propia gloria.—El Deseado de Todas las Gentes, 27-28. { VAAn 186.1; TA.180.3 }
En el Nuevo Testamento se establece claramente que los hombres podían ser poseídos por los demonios. Las personas así afligidas no sufrían simplemente de una enfermedad producida por causas naturales. Cristo sabía perfectamente con quién estaba tratando y reconocía la presencia directa de los malos espíritus.—The Spirit of Prophecy 4:332. { VAAn 186.2; TA.181.1 }
Satanás y sus ángeles estaban muy ocupados durante el ministerio de Cristo, tratando de producir odio, incredulidad y desprecio.—Spiritual Gifts 1:36. { VAAn 186.3; TA.181.2 }
Rechazo en Nazaret
Durante su niñez y juventud, Jesús había adorado entre sus hermanos en la sinagoga de Nazaret. Desde que iniciara su ministerio, había estado ausente, pero ellos no ignoraban lo que le había acontecido. Cuando volvió a aparecer entre ellos, su interés y expectativa se avivaron en sumo grado... { VAAn 186.4; TA.181.3 }
Cuando un rabino estaba presente en la sinagoga, se esperaba que diese el sermón, y cualquier israelita podía hacer la lectura de los profetas. En ese sábado, se pidió a Jesús que tomase parte en el culto. “Se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías”. Lucas 4:16-17... { VAAn 186.5; TA.181.4 }
Jesús estaba delante de la gente como exponente vivo de las profecías concernientes a él mismo. Explicando las palabras que había leído, habló del Mesías como del que había de aliviar a los oprimidos, libertar a los cautivos, sanar a los afligidos, devolver la vista a los ciegos y revelar al mundo la luz de la verdad... Mientras sus corazones estaban movidos por el Espíritu Santo, respondieron con fervientes amenes y alabaron al Señor.—El Deseado de Todas las Gentes, 203-204. { VAAn 187.1; TA.182.1 }
Tras las palabras de Cristo, el Espíritu obró tan poderosamente en los corazones de los que estaban presentes en la sinagoga, que respondieron en forma positiva a las palabras que procedían de sus labios. Se produjo un cambio en esa congregación. Cuando la divinidad de Cristo apareció a través de su humanidad, el dicernimiento espiritual de los presentes fue reavivado. Un nuevo poder de comprensión y aprecio obró en ellos, y la convicción de que Jesús era el Hijo de Dios fue casi irresistible. Pero allí estaba Satanás para despertar dudas, orgullo e incredulidad.—The Signs of the Times, 14 de septiembre de 1882. { VAAn 187.2; TA.182.2 }
Cuando Jesús anunció: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, se sintieron inducidos repentinamente a pensar en sí mismos y en los asertos de quien les dirigía la palabra... { VAAn 187.3; TA.182.3 }
¿Quién es este Jesús?, preguntaron. El que se había arrogado la gloria del Mesías era el hijo de un carpintero, y había trabajado en su oficio con su padre José... Aunque su vida había sido intachable, no querían creer que fuese el Prometido... { VAAn 187.4; TA.182.4 }
Al abrir la puerta a la duda, y por haberse enternecido momentáneamente, sus corazones se fueron endureciendo tanto más. Satanás estaba decidido a que los ojos ciegos no fuesen abiertos ese día, ni libertadas las almas aherrojadas en la esclavitud. Con intensa energía, obró para aferrarlas en su incredulidad... { VAAn 188.1; TA.183.1 }
Las palabras de Jesús a sus oyentes en la sinagoga llegaron a la raíz de su justicia propia, haciéndoles sentir la amarga verdad de que se habían apartado de Dios y habían perdido su derecho a ser su pueblo... Ahora despreciaban la fe que al principio les inspirara. No querían admitir que Aquel que había surgido de la pobreza y la humildad fuese otra cosa que un hombre común...—El Deseado de Todas las Gentes, 204-206. { VAAn 188.2; TA.183.2 }
Angeles de luz estaban en aquella asamblea, mirando con intenso interés la hora de la decisión. También estaban allí los ángeles de Satanás para sugerir dudas y despertar el prejuicio... { VAAn 188.3; TA.183.3 }
La incredulidad produce malicia. Que un hombre de baja estirpe y nacido en la pobreza se atreviera a reprobarlos, llenó los corazones de los nazarenos de odio y locura. Se produjo una gran confusión; la gente tomó a Jesús y lo echó de la sinagoga y de su ciudad.—The Signs of the Times, 16 de junio de 1887. { VAAn 188.4; TA.183.4 }
Todos parecían estar decididos a destruirlo. Lo llevaron hasta el borde de un precipicio con el fin de despeñarlo. Las maldiciones y los gritos llenaban el aire, y algunos le arrojaban polvo y piedras. Repentinamente, sin saber ellos cuándo y cómo, desapareció de su vista. Ángeles de Dios lo tomaron de en medio de la enfurecida multitud y preservaron su vida. Estos mensajeros celestiales habían estado presentes en la sinagoga mientras les hablaba, y lo acompañaron mientras era empujado y maltratado por los incrédulos y furiosos judíos. Los ángeles cegaron los ojos de la multitud enloquecida y llevaron a Jesús a un lugar seguro.—The Spirit of Prophecy 2:114-115. { VAAn 188.5; TA.183.5 }
El endemoniado en la sinagoga de Capernaúm
Mientras estaba Jesús en la sinagoga, hablando del reino que había venido a establecer y de su misión de libertar a los cautivos de Satanás, fue interrumpido por un grito de terror. Un loco se lanzó hacia adelante de entre la gente, clamando: “Déjanos; ¿qué tienes con nosotros Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios”. Lucas 4:34. { VAAn 189.1; TA.184.1 }
Todo quedó entonces en confusión y alarma. La atención se desvió de Cristo, y la gente ya no oyó sus palabras. Tal era el propósito de Satanás al conducir a su víctima a la sinagoga. Pero Jesús reprendió al demonio, diciendo: “Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno”. Lucas 4:35. { VAAn 189.2; TA.184.2 }
La mente de este pobre doliente había sido oscurecida por Satanás, pero en presencia del Salvador un rayo de luz había atravesado las tinieblas. Se sintió incitado a desear estar libre del dominio de Satanás; pero el demonio resistió al poder de Cristo. Cuando el hombre trató de pedir auxilio a Jesús, el mal espíritu puso en su boca las palabras, y el endemoniado clamó con la agonía del temor. Comprendía parcialmente que se hallaba en presencia de Uno que podía librarle; pero cuando trató de ponerse al alcance de esa mano poderosa, otra voluntad lo retuvo; las palabras de otro fueron pronunciadas por su medio. Era terrible el conflicto entre el poder de Satanás y su propio deseo de libertad.—El Deseado de Todas las Gentes, 220-221. { VAAn 189.3; TA.184.3 }
El que había conquistado al archienemigo en el desierto, arrebató a este pobre cautivo de las garras de Satanás. Bien sabía Jesús que aunque el demonio había asumido otra forma, era el mismo espíritu maligno que lo había tentado antes en el desierto.—The Spirit of Prophecy 2:180. { VAAn 190.1; TA.185.1 }
El diablo ejercía todo su poder para conservar el dominio sobre su víctima. Perder terreno, sería dar una victoria a Jesús. Parecía que el torturado iba a fallecer en la lucha con el enemigo que había arruinado su virilidad. Pero el Salvador habló con autoridad, y libertó al cautivo. El hombre que había sido poseído permanecía delante de la gente admirada, feliz en la libertad de su dominio propio... Los ojos que hacía poco despedían fulgores de locura brillaban ahora de inteligencia, y de ellos caían lágrimas de agradecimiento.—El Deseado de Todas las Gentes, 221. { VAAn 190.2; TA.185.2 }
El sanamiento del siervo del Centurión
El centurión vio, con el ojo de la fe, que los ángeles de Dios estaban alrededor de Jesús, y que éste podía comisionar a un ángel para acercarse al sufriente. Creía que sus palabras podían penetrar la habitación del siervo y sanarlo.—The Review and Herald, 11 de marzo de 1890. { VAAn 190.3; TA.185.3 }
Los endemoniados de Gadara
Por la mañana temprano, el Salvador y sus compañeros llegaron a la orilla... Desde algún escondedero entre las tumbas, dos locos echaron a correr hacia ellos como si quisieran despedazarlos. De sus cuerpos colgaban trozos de cadenas que habían roto al escapar de sus prisiones. Sus carnes estaban desgarradas y sangrientas donde se habían cortado con piedras agudas. A través de su largo y enmarañado cabello, fulguraban sus ojos; y la misma apariencia de la humanidad parecía haber sido borrada por los demonios que los poseían, de modo que se asemejaban más a fieras que a hombres. { VAAn 190.4; TA.186.1 }
Los discípulos y sus compañeros huyeron aterrorizados; pero al rato notaron que Jesús no estaba con ellos y se volvieron para buscarle. Allí estaba donde le habían dejado. El que había calmado la tempestad, que antes había arrostrado y vencido a Satanás, no huyó delante de esos demonios. Cuando los hombres, crujiendo los dientes y echando espuma por la boca, se acercaron a él, Jesús levantó aquella mano que había ordenado a las olas que se calmasen, y los hombres no pudieron acercarse más. Estaban de pie, furiosos, pero impotentes delante de él. { VAAn 191.1; TA.186.2 }
Con autoridad ordenó a los espíritus inmundos que saliesen. Sus palabras penetraron las oscurecidas mentes de los desafortunados. Vagamente, se dieron cuenta de que estaban cerca de alguien que podía salvarlos de los atormentadores demonios. Cayeron a los pies del Salvador para adorarle; pero cuando sus labios se abrieron para pedirle misericordia, los demonios hablaron por su medio clamando vehementemente: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” Mateo 8:29... { VAAn 191.2; TA.186.3 }
En la ladera de una montaña no muy distante pacía una gran piara de cerdos. Los demonios pidieron que se les permitiese entrar en ellos, y Jesús se lo concedió. Inmediatamente el pánico se apoderó de la piara. Echó a correr desenfrenadamente por el acantilado, y sin poder detenerse en la orilla, se arrojó al lago, donde pereció. { VAAn 191.3; TA.187.1 }
Mientras tanto, un cambio maravilloso se había verificado en los endemoniados. Había amanecido en sus mentes. Sus ojos brillaban de inteligencia. Sus rostros, durante tanto tiempo deformados a la imagen de Satanás, se volvieron repentinamente benignos. Se aquietaron las manos manchadas de sangre, y con alegres voces los hombres alabaron a Dios por su liberación... Ahora estos hombres estaban vestidos y en su sano juicio, sentados a los pies de Jesús, escuchando sus palabras y glorificando el nombre de Aquel que los había sanado.—El Deseado de Todas las Gentes, 304-305. { VAAn 192.1; TA.187.2 }
Sanamiento del muchacho endemoniado
Fue traído el muchacho y, al posarse los ojos del Salvador sobre él, el espíritu malo lo arrojó al suelo en convulsiones de agonía. Se revolcaba y echaba espuma por la boca, hendiendo el aire con clamores pavorosos. { VAAn 192.2; TA.187.3 }
El Príncipe de la vida y el príncipe de las potestades de las tinieblas habían vuelto a encontrarse en el campo de batalla... Invisibles, los ángeles de luz y las huestes de los malos ángeles se cernían cerca del lugar para contemplar el conflicto. Por un momento, Jesús permitió al mal espíritu que manifestase su poder, a fin de que los espectadores comprendiesen el libramiento que se iba a producir... { VAAn 192.3; TA.187.4 }
Jesús se volvió hacia el enfermo y dijo: “Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él”. Marcos 9:25. Se oyó un clamor y se produjo una lucha intensísima. El demonio, al salir, parecía estar por quitar la vida a su víctima. Luego el mancebo quedó acostado sin movimiento y aparentemente sin vida. La multitud murmuró: “Está muerto”. Pero Jesús le tomó de la mano y, alzándole, le presentó en perfecta sanidad mental y corporal a su padre. El padre y el hijo alabaron el nombre de su libertador.—El Deseado de Todas las Gentes, 395-396. { VAAn 192.4; TA.187.5 }
Jesús es acusado de estar poseído por el demonio
“Yo soy el buen pastor—declaró Jesús—; el buen pastor su vida da por las ovejas”. Juan 10:11... Estas palabras, dichas ante una gran congregación, produjeron una profunda impresión en los corazones de muchos de los presentes. Los escribas y fariseos se llenaron de celos al ver que muchos lo recibían favorablemente... Mientras él se presentaba como el “Buen Pastor”, los fariseos decían: “Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?” Otros, en cambio, distinguiendo en él al verdadero pastor, decían: { VAAn 193.1; TA.188.1 }
“Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos? Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí... Yo y el Padre uno somos”. { VAAn 193.2; TA.188.2 }
Los judíos comprendieron el significado de sus palabras y tomaron piedras para apedrearlo. Jesús, mirándolos calmadamente, les preguntó: “Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?” Juan 10:20-32. { VAAn 193.3; TA.189.1 }
Cristo, la Majestad del cielo, se mantuvo calmo y seguro como Dios frente a sus adversarios. Sus rostros ceñudos y sus manos llenas de piedras no lo intimidaron. Sabía que fuerzas invisibles, legiones de ángeles lo rodeaban, y que una sola palabra de sus labios hubiera sido suficiente para detener a la multitud si alguno osaba arrojarle una sola piedra.—The Signs of the Times, 27 de noviembre de 1893. { VAAn 194.1; TA.189.2 }
Aunque Cristo daba evidencias de su divino poder, sus enseñanzas no eran aceptadas sin interrupción. Los dirigentes buscaban ponerlo en ridículo ante el pueblo. Intentaban estorbarlo para que sus ideas y doctrinas no pudieran ser explicadas en forma ordenada. Pero aunque había interrupciones frecuentes, la luz brillaba en las mentes de centenares de personas. Entonces, cuando los dirigentes veían que las palabras poderosas de Cristo maravillaban a la gente, se enfurecían y le acusaban, diciendo: “¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?” Juan 8:48. Estas acusaciones no modificaban la calma dignidad de Jesús, ni le disuadían de presentarse ante ellos como superior a Abrahán y como el verdadero centro del pacto. “Antes que Abraham fuese, yo soy” ( Juan 8:58), declaró. La furia de los judíos no tuvo límites, y se prepararon para apedrearle. Pero los ángeles de Dios, invisibles a los seres humanos, lo tomaron y llevaron fuera de la asamblea.—The Signs of the Times, 26 de mayo de 1890. { VAAn 194.2; TA.189.3 }
Ángeles malignos presentes entre la audiencia de Cristo
Mezclándose con sus oyentes, había ángeles [malos] en forma de hombres que hacían sugestiones, criticaban, aplicaban falsamente y tergiversaban las palabras del Salvador... { VAAn 194.3; TA.190.1 }
Cristo era el instructor en las asambleas de estos ángeles, antes de que cayeran de su alto estado.—Mensajes Selectos 3:468-469. { VAAn 195.1; TA.190.2 }
La resurrección de Lázaro
Cristo podría haber ordenado a la piedra que se apartase, y habría obedecido a su voz. Podría haber ordenado a los ángeles que estaban a su lado que la sacasen. A su orden, manos invisibles habrían removido la piedra. Pero había de ser sacada por manos humanas. Así Cristo quería mostrar que la humanidad ha de cooperar con la divinidad. No se pide al poder divino que haga lo que el poder humano puede hacer.—El Deseado de Todas las Gentes, 492. { VAAn 195.2; TA.190.3 }
Jesús acosado de ciudad en ciudad durante su ministerio
Jesús fue seguido de ciudad en ciudad durante su ministerio. Sacerdotes y gobernantes lo acosaban, tergiversando sus labores y su misión. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Los ángeles presenciaban cada paso del conflicto y se maravillaban de las estratagemas de Satanás contra el divino Hijo de Dios. Aquel que había seguido a Jesús en poder y gloria en el cielo, había caído tan bajo, que se dedicaba a influir en las mentes de los hombres para que siguieran los pasos de Cristo de ciudad en ciudad.—The Signs of the Times, 25 de noviembre de 1889. { VAAn 195.3; TA.190.4 }
En más de una ocasión [Jesús] habría sido muerto, si los ángeles del cielo no hubiesen intervenido preservando su vida, hasta que el caso del pueblo judío como nación fuera decidido.—The Review and Herald, 12 de octubre de 1897. { VAAn 195.4; TA.191.1 }