Amados, agosto 17 del 2019. En sueños fui llevada a un lugar, donde allí se me dijo que una pareja de esposos, ya mayores, tenía un ministerio donde predicaban y daban clases de cocina. Yo veía una cocina con muchas estufas, mesas, sillas y una grande nevera, y también un gran fregadero. Esa cocina tenía mucho dinero invertido por lo que pude ver allí. Así también, la casa donde vivían los dueños era grande, allí estaba yo parada al lado de la casa, y un hombre a mi lado me dijo: mira, todo esto era una gran misión, pero ahora observa. Yo miré, y vi las calles llenas de mucha hierba, el cemento roto, las paredes descuartizadas, y la hierba se subía por ellas. Vi las ventanas de la enorme casa y todo estaba abandonado, y se notaba que el abandono era de mucho tiempo atrás.
Pronto fui llevada a otro ángulo del lugar donde la calle terminaba, y había un enorme precipicio, y me dijo el hombre que me acompañaba: ahí habían unas escaleras que unían este lugar con aquella montaña, pero nadie quiso arreglarlas, y antes de que todo se derrumbara, ellos bajaron y se olvidaron de esto. Entonces yo le dije al hombre: pero esto es muy fácil, arreglémoslo. Entonces bajé por el barranco de un salto y comencé a conseguir materiales, y otros al verme se me unieron y rápidamente se hizo.
Luego vi un puente muy alto que unía en algún momento a las montañas, pero estaba que con pedazos que le faltaban, entonces no se podía pasar por ellos; y le hablé a los que construyeron conmigo los escalones, y rápidamente subimos por las columnas del puente y se columpiaban de un lado a otro con sogas, así los veía yo, y ellos llevaban herramientas en sus manos, y fui donde estaba el hombre que me habló y le dije: mire, como son muchos pronto estará listo, y él se maravillaba de aquel trabajo en equipo tan maravilloso y efectivo, al punto que rápidamente el puente quedó listo. Entonces vi como muchos, al querer reparar algunas partes del puente, arriesgaban gozosamente su vida pues para ellos lo más importante era terminar el puente, para que ellos y otros pudieran pasar por él.
En ese momento de regocijo, al ver esto, ahí desperté. Y me dijeron Efesios 4:8. Dejo con ustedes estas palabras, y meditemos en ellas, y quiera Dios que cada uno de nosotros podamos entender. Que el Señor me los bendiga.