Amados, marzo 17, 2018. En sueños vi como una fila de personas iba de camino por un valle, este valle hermoso, tenía muchas flores y árboles muy frondosos. Caminaron, caminaron, estaban muy placenteramente en este lugar y yo los veía que tenían poca preocupación. Entonces me dijo mi acompañante: estos, solo su única preocupación es estar a cuentas con el Cordero. Yo les oí cantar, y en ese momento reconocí su canto, el canto que entonaban era “a Sión caminamos nuestra mansión tan gloriosa”. En ese momento, esta compañía que marchaba se detuvo, pues al cruzar el valle y comenzar a subir la montaña, llegaron al tope de ésta y ya no había más camino. Entonces miré alrededor y muchos se tiraron en sus rodillas a clamar a Dios para que se les permitiera continuar el camino.
Entonces de repente, una luz proveniente del cielo, una luz que no era común, pues esa luz no sólo alumbraba, sino que era hermosa y a su vez era camino que conectaba el fin de aquella montaña con el cielo. Se veía una estructura al final de ésta, una estructura que no hay materiales humanos aquí en la tierra para decir es de este o aquel material, pero era una estructura grande, enorme, hermosa, de majestuoso esplendor.
Así que vi que el primero de la fila que se había tirado al suelo de rodillas, se incorporó y comenzó a caminar por el sendero de luz y cantaba aún con más fervor. Entonces el segundo, que también estaba en sus rodillas se incorporó, pero éste temía sacar sus pies de la tierra, porque se sentía que él estaba parado en sólido y ponerlos en el sendero de cristalina luz pues no era terreno sólido y comenzó a llorar por no tener el valor de hacerlo. El tercero también lo vi incorporarse de sus rodillas, lo vi mirar, y le escuché decir: esto se ve muy difícil. Entonces comenzó el camino de retroceso, pero sus pies tambaleaban y aunque iba, según él en suelo seguro, cayó al piso. El cuarto se levantó y dijo: esto se ve fácil. Y comenzó a caminar el camino, sus pies también comenzaron a tambalear, éste miró hacia abajo y cayó también a un precipicio que había en este lugar. Vi como el primer caminante alentó al quinto, aquella persona que también estaba sobre sus rodillas que se incorporó, que le tocaba el turno, y éste le contestó: mira, mira por donde vas, y aún no has llegado, no vale la pena comenzar y arriesgar mi vida. No, no lo haré, dijo esta quinta persona. Entonces lo vi caminar en dirección contraria hasta que no lo pude ver más, lo perdí de vista. Entonces vi el primero seguir alentando a los demás, y vi como muchos comenzaron el camino animándose unos a otros. De repente escuché una voz que surcó los cielos que dijo: no miren hacia abajo sino al frente y hacia arriba, sigan la luz y tengan fe y de seguro llegarán.
Entonces vi como estos que caminaban por el camino que no era fácil humanamente hablando. Vi como cada uno de ellos emprendía el camino ya con más valentía. No se les permitía llevar nada, excepto ellos mismos. Así que todo bulto o paquete que ellos tenían antes de comenzar este camino, tenían que dejarlo atrás y avanzar solo por fe. Pero vi también como muchos se resistían a esto, y algunos aventurándose a no dejar sus paquetes, avanzaban por este sendero de luz, y nomás ponían un pie en el sendero de luz este no los sostenía y caían al abismo. Entonces mientras yo contemplaba toda esta escena, de aquellos caminantes y dicho sendero de luz, luchando por llegar unos y otros, que por miedo o falta de fe o pertenencias acariciadas caían del camino. La escena cambió, entonces fui llevada a la punta de una montaña, y mi acompañante me dijo: observa.
Entonces miré atentamente y vi que estábamos parados en un círculo de montañas, es decir, eran picos de muchas montañas que formaban un círculo. Y nosotros estábamos parados en una de ellas, en medio de aquel círculo de montañas altas y escarpadas había un embudo grande de boca gigantesca, era algo bien grande, una boca bien ancha tenía aquel embudo, pero al final era sumamente angosto. Entonces mi acompañante me dijo: ¿viste el camino de luz y los diferentes participantes y sus diferentes situaciones?, y le contesté: sí. Entonces me dijo: observa esto y entiende.
Entonces comencé a mirar y vi muchas personas en los picos de las montañas, y la orden era tirarse al embudo por fe. Entonces vi como unos saltaban sin pensarlo, otros vacilaban; y otros, los más en su número ellos, se negaban. Los que saltaban, gritaban, iban gritando mientras iban en el aire, pero al salir por la parte angosta del embudo salían ilesos, estaban felices, y en sus rostros brillaba una luz refulgente, y corrían a las ciudades. Entonces pregunté: ¿por qué corren a las ciudades?. Entonces mi acompañante me contestó: que su carácter ya había sido transformado y que ellos habían recibido la lluvia tardía. Así que esto me emocionó, y él siguió diciendo: porque lo soltaron todo por seguir las órdenes del Cordero, y ahora son estrellas que brillan en el Señor y para el Señor en este mundo de suprema oscuridad, y atraerán a otros al redil del Señor. En ese momento amados, ahí desperté.
Desperté con la convicción total de que si no recesamos(pausamos) nuestros quehaceres, [si]no deponemos a un lado todo aquello que nos estorbe para ponernos a cuentas con Dios y que Éste nos transforme por sólo su gracia, no podremos obtener la victoria ni podremos ayudar a otros a que en Cristo Jesús también la puedan alcanzar. Quiera Dios que cada uno de nosotros entendamos y podamos hacer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Que el Señor les bendiga.