Testimonio
16-10-2021 #02
En ese momento, comencé a escuchar un coro de ángeles. Yo, antes de saber que era un coro de ángeles, pensé que mi esposo se había llevado el shofar que tenemos aquí, en la casa, y que venía desde lejos tocándolo, pero, cuando me asomé, busqué y vi, me di cuenta que no era él. Cuando me acerqué cerca de donde sentía que estaba saliendo ésta música, con este sonido de shofares, mis piernas me dejaron. Me pegué de un pequeño anaquel que había cerca. Caí de rodillas. Ahí, en ese momento, derramé mi corazón delante del Señor, con un corazón contrito delante de Él, y clamé a Él por su misericordia, para con Su pueblo y para conmigo. En ese momento el coro y los shofares que se escuchaban bajaron de tono, o sea, se escucharon más bajitos. Y escuché la voz del Eterno que dijo: témanme y denme honra, porque la hora de mi juicio es llegada. Que toda rodilla se postre ante mi presencia. No toquéis lo espurio y seréis librados".
Mientras la voz hablaba sólo se escucharon los shofares y la música bien bajita, más, cuando terminó de hablar ya no escuché más, y por cinco minutos más escuché ésta música angelical junto con este toque de shofares.
Amados hermanos, les comparto esto porque, yo me doy cuenta que muchos piensan que estos días solemnes quedaron atrás en el antaño. Que eran solemnes en aquel tiempo y que ya no tienen la real importancia, y que Dios no se allega hoy a su pueblo, como lo hizo en el pasado, pero, ciertamente, no es así. Cada vez, Él nos da más y más evidencia de que estos días son importantes para Él, y aquellos que vayan por la vida pensando en cosas efímeras y dando estos días como cualquier otro, ¡corren gran peligro! Quiera Dios que nos podamos dar cuenta de la solemnidad de este momento y que, en éstas próximas horas, que, ya mismo, comienza el Día de Expiación —donde el Señor ha declarado ayuno y oración a su pueblo a nivel mundial—, podamos ir con un corazón contrito y humillado delante del Señor. No desperdiciemos la oportunidad de ponernos a cuentas con Dios porque, pudiera ser, que sea nuestra última oportunidad.
Yo exhorto a todos aquellos que han salido del camino de la línea del Señor, que dejen su orgullo a un lado, que se pongan a cuentas con el Señor. Porque lo más importante es estar a cuentas con el Señor, ¿qué importa lo que pueda decir el hombre? Él es el único que tiene acceso al Libro de la Vida. Él es el único que, con su sangre preciosa, puede poner, allí, la palabra "perdón" cuando nos humillamos delante de Él y vamos realmente con un corazón contrito ante Él.
Él es el único que puede impartirnos el perdón en esta hora. ¡Por favor!, les pido en nombre del Señor, que nos pongamos a cuentas con Él. Es mi ruego y oración que así sea. Que el Señor nos bendiga."