(Comiendo lo Descompuesto)
La escena cambió y vi cómo, un hombre y sus dos hijas, estaban en una grande jaula, donde éstos cabían sentados. Las hijas, estaban aterrorizadas y buscaban protección en su padre, el cual, como ellas, también estaba enjaulado. Me acerqué y les pregunté: "¿qué sucede?" Una me contestó: "la mujer de la nevera dio voces de que éramos los ladrones y que comíamos su comida. Pero eso no es cierto. Yo no quiero su comida [pues, ella,] sólo come lo descompuesto. ¡No somos ladrones!" Ésta, comenzó a llorar. Su hermana habló y dijo: "ella nos acusa de lo que ella hace, pero ella tiene el poder y, por eso, nos encarceló". Les dije: "¿por qué se atormentan? Si no es cierto lo que dicen de ustedes, estén en paz". Me dijo el hombre: "¿cómo tener paz ante esta situación?" Le dije: "cree en Jesús, arrepiéntete de todos tus pecados, confía en su Palabra. Acepta su Ley y hazla tu ley en tu vida, y míralo por la fe. Cree de todo tu corazón que Él te escucha y desea salvarte. Sólo así tendrás paz". Vi que, al hombre, se le abrieron sus ojos y rápidamente se arrodilló e instruyó a sus hijas a hacer lo mismo. Pasado el tiempo, la jaula, que estaba fuertemente cerrada con cadenas y candados —fuertes—, éstos, se cayeron y ellos fueron libres. Ahí, ya no vi más. Ahí, desperté.
Quiera Dios que podamos entender lo que el Eterno nos quiere dejar saber en ésta hora. Y que pongamos toda nuestra confianza plenamente en Él, porque Él es el único que puede liberarnos de las cadenas y los fuertes candados que el enemigo ha puesto, o ha querido poner, alrededor de nosotros. ¡Él es el único que puede librarnos! Quiera Dios que podamos entender esto, que el Eterno nos bendiga."