Marzo 12, 2021. En sueño yo veía como [a] una Señora la acusaban y la llevaban ante un tribunal. Le dieron un papel a leer y éste decía: acusada de decir un dicho. Ella había escrito un dicho que era muy conocido, y como ella lo escribió en una tarjeta y se lo dio a otra persona y puso en la tarjeta su nombre, ya la enjuiciaron por eso. La sentencia era mínimo tres años hasta veinte años de cárcel, el que la acusaba era un homosexual que se sintió aludido ante el dicho. Éste llevó el caso ante el juez y el jurado y todos se reían ante el infortunio de aquella mujer.
Ésta esperaba con una niña en un cuartito fuera de la sala y la vi caer de rodillas y exclamar a Dios ante esta gran injusticia. Comenzó a orar, y mientras ella oraba pude ver que el juez de los jueces se sentaba al lado de la silla del juez de la corte, y ángeles excelsos estaban entre los del jurado. Llamaron a la mujer y ésta entró; le dijeron el por qué estaba allí y se le pidió decir si ella se declaraba culpable o inocente. Ella abrió su boca, vio un ángel a su lado, éste inmovilizó a todos pero la facultad del oír no se les quitó, y ella habló por muchos minutos y todos escucharon. Al ella acabar el ángel quitó su poder sobre ellos y todos pudieron reaccionar y darse cuenta que ella era justa y ellos injustos, así tanto el juez como algunos del jurado se convencieron de su inocencia más la mayoría votó por su culpabilidad y fue esta mujer sentenciada a la pena máxima de 20 años de prisión. Los que no estaban de acuerdo le ayudaron a escapar con su hija a las montañas. Yo presencié también otros casos un tanto parecidos, pero muchos permanecieron prisioneros y éstos eran asistidos por ángeles.
El sueño cambió, vi una pareja de esposos que luchaban ante el caos económico que estaba frente a ellos. Ellos les vi tenían un automóvil y no tenían suficiente gasolina para llegar al lugar que debían ir, no tenían tampoco suficiente dinero para echar el deseado combustible porque la bomba de gasolina decía mínimo 20 dólares y no se despacha menos. Mientras ellos estaban luchando por llegar al lugar que iban, [a] su carro se les terminó por completo la gasolina y yo les vi clamar con gran fervor por esto; vi un hombre que se acercó y les puso una moneda en las manos al hombre del auto, eran monedas de plata gruesas y le dijo: ve a tal gasolinera, di mi nombre y ellos te ayudarán. Así lo hizo el hombre, lo vi salirse del carro; cuando el hombre que le dio las monedas le dijo: móntate otra vez en el carro, prende el auto y ve con él. Éste no titubeó, prendió el auto y avanzó, llegó al lugar, el lugar era un acantilado con gran altitud y profundidad. Allí habían unas instrucciones para subir y así les vi a ellos seguir estrictamente las instrucciones pues si no lo hacían la muerte era segura. Los vi allí lograrlo y llegar, un hombre amable les despachó la gasolina, les dio de comer y les permitió pasar allí la noche, al otro día éstos se regresaron y en un momento vi que la mujer se regresó pues una libreta muy importante se le había quedado en el cuarto donde pasó la noche. Allí ella la olvidó y se regresó por ella porque su esposo se lo recordó; al ella regresar, unas mujeres la acosaban pero un ángel intervino y pudo recuperarla y proseguir su camino. Yo les vi llegar a un lugar donde había que continuar a pie, y un puente de tela que le daba el viento estaba allí ante ellos, éste se movía; era lo único allí existente para cruzar. Vi que otros lo hacían antes que ellos y esto les era prohibido decirle a otros cómo lograrlo. Vi que la pareja intentó varias formas venciendo temores y preconceptos y por fin dijeron el uno al otro: sin “yo” venceremos. Les vi avanzar así deponiendo su “yo” y lo lograron, y al llegar al otro lado les vi llegar a un lugar donde había un letrero que decía: hay libros, puede escoger, venga.
Les vi ir a ese lugar, una dama con dos jóvenes salieron y los saludaron y ellos preguntaron por los libros. La dama les dijo: solo deben pasar un corto dictado verbal y éstos accedieron. Yo oí el dictado, eran tres preguntas: la primera ¿a quién amas más que tú?, la segunda ¿realmente lo que dices eso es lo que piensas?, y tercero ¿estás aquí realmente por salvarte tú o por convicción?. Vi que la pareja se miró, vi al hombre titubear, pero la mujer contestó a la primera pregunta: amo a mi Rey y soberano Dios más que todo; y a la segunda pregunta contestó: si es así; y [a] la tercera pregunta contestó: por convicción.
Mientras ella estaba ya terminando, contestando esto; vi que un ser luminoso, altísimo y muy resplandeciente daba fe si la contestación era verdadera o falsa; y vi que él dejó saber que estas contestaciones que había dado esta mujer eran verdaderas. Así ésta dama le dijo a la mujer que contestó: puedes tomar un libro, tenemos aquí este de filosofía, este es historia, este es ciencia, este es idioma y este es de los fundamentos de los principios de Dios. La mujer abrió los ojos y exclamó: quiero el de los fundamentos de los principios de Dios. Y allí le vi tomarlo y ponerlo sobre su pecho luego de besar el libro.
Luego fue el hombre y [a] éste también se le hicieron otras preguntas, y éstas también eran tres. La primera ¿morirás por Dios o morirías por Dios?, la segunda ¿hablarías de Él aunque te costará la vida?, la tercera ¿darías tu vida por un cristiano para ti desconocido?. El hombre contestó a cada una de éstas. Yo le escuchaba hablar más yo no entendí sus contestaciones, pero vi que el ser luminoso afirmó lo que el hombre contestó y éste pasó a escoger también un libro.
En ese momento ahí yo desperté y se me dijo: Proverbios 25. Oh amados, sigamos clamando a Dios unos por los otros. Que el Señor nos bendiga.
"1También éstos [son] proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá. 2Gloria de Dios [es] ocultar un asunto; Pero honra del rey [es] escudriñarlo. 3La altura de los cielos, y la profundidad de la tierra y el corazón de los reyes, [son] inescrutables. 4Quita las escorias de la plata, y saldrá vaso al fundidor. 5Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono se afirmará en justicia. 6No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes: 7Porque mejor [es] que se te diga: Sube acá, y no que seas humillado delante del príncipe a quien tus ojos han visto. 8No entres apresuradamente en pleito, no sea [que no sepas] qué hacer al fin, después que tu prójimo te haya avergonzado. 9Trata tu causa con tu compañero y no descubras el secreto a otro. 10No sea que te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse. 11Manzana de oro con figuras de plata [es] la palabra dicha oportunamente. 12[Como] zarcillo de oro y joyel de oro fino, [es] el que reprende al sabio que tiene oído dócil. 13Como frío de nieve en tiempo de la siega, [así es] el mensajero fiel a los que lo envían; pues al alma de su señor da refrigerio. 14[Como] nubes y vientos sin lluvia, [así es] el hombre que se jacta de falsa liberalidad. 15Con larga paciencia se aplaca el príncipe; y la lengua blanda quebranta los huesos. 16¿Hallaste la miel? Come lo que te basta; no sea que te hartes de ella y la vomites. 17Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que se harte de ti y te aborrezca. 18Martillo y cuchillo y saeta aguda, [es] el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio. 19Diente quebrado y pie descoyuntado, [es] la confianza en el hombre infiel en el tiempo de angustia. 20El que canta canciones al corazón afligido, [es como] el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre. 21Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua: 22Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará. 23El viento del norte ahuyenta la lluvia, y el rostro airado la lengua detractora. 24Mejor [es] estar en un rincón del terrado, que con la mujer rencillosa en espaciosa casa. 25[Como] el agua fría al alma sedienta, así [son] las buenas nuevas de lejanas tierras. 26[Como] fuente turbia y manantial corrompido, [es] el justo que cae delante del impío. 27Comer mucha miel no [es] bueno; ni el buscar la propia gloria [es] gloria. 28[Como] ciudad derribada y sin muro, [es] el hombre cuyo espíritu no [tiene] rienda." {Proverbios 25}