Testimonio
12-01-2023 #03
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Ampliación de Estudio para la Pascua 2023

Mes 10 en el calendario del ETERNO; mes 1, día 12, del 2023. Cuando, en el punto 2, EL SEÑOR mencionó que del Antiguo y Nuevo Testamento el libro que tuviera 14 capítulos ese era el que se iba a estudiar en sus días de fiesta de Pascua y Ázimos ―y que debíamos estudiar esto con apuntes y hacer un estudio exhaustivo de todo esto―, quise hacer una investigación en pro y ayuda de muchos que a lo mejor no tienen la oportunidad de hacerlo. Vamos a ver si podemos preparar un escrito referente a esto para que muchos, que no tengan estos libros a mano ―y matutinas referentes a este estudio―, puedan pues cumplir con este requisito tan importante, de vital importancia para salvación en este tiempo. {Daisy Escalante Testimonio: 12-01-2023 #03, p1}

En el libro Conflicto y Valor [Devocional, Elena White], allí el día 9 del mes 9, allí tenemos por título 'Los obstáculos, prueba de fe', que habla acerca de este tema también. En el libro 'La Verdad acerca de los Ángeles', allí en el capítulo de 'La Visión de Josué y el ángel' [habla sobre esto]. También en 'La Lluvia Tardía', del 18 del mes 8 del libro ―una matutina―, que es 'Dios nos cuida', allí el título es La Lluvia Tardía, también habla acerca de esto. En Testimonios [para la Iglesia], tomo 5, en el capítulo de 'Josué y el Ángel' también abunda más sobre este tema, del libro de Zacarías. En Profetas y Reyes, el capítulo 48, titulado 'No con ejército ni con fuerza', también se habla de esto. En el Deseado de Todas las Gentes, capítulo 10, 'La voz que clama en el desierto', abunda sobre esto también. En 'Hijas de Dios', allí, en el capítulo 'Elizabeth, madre de Juan el Bautista', [se refiere a esto]. También en la matutina 'En los lugares celestiales', del día 19 del mes 9, titulada 'Fortaleza para hoy', y en la matutina 'Recibiréis poder', creo que ya se los dije anteriormente pero vuelvo y se los repito: 'Zorobabel y Zacarías', el día 20 del mes 9. Esto fue lo que yo conseguí. Si alguien más encuentra algo acerca de este estudio, para que todo el pueblo se beneficie, pues háganoslo saber para que, entonces, se pueda hacer un compendio con este libro de Zacarías y todo lo que tiene que ver con esta ampliación de estudio. Para que todos podamos ser beneficiados en CRISTO JESÚS, en esta su Fiesta, su primera Fiesta de su año, que la tenemos según el calendario que ya muchos tienen a mano y que próximamente volveremos a pasar. La tenemos ya, el mes 1 en el calendario del ETERNO, es el mes cuatro en este calendario que vivimos ahora ―del 2023―. {Daisy Escalante Testimonio: 12-01-2023 #03, p2}

Tenemos el Día de Preparación, el día 5 del mes 4 del 2023 es el Día de Preparación, pero no es que vamos a dejar todos los preparativos para ese día, sino que es preparación mayormente espiritual y de últimos toques para que tan pronto termine ese día 5 y comiencen las primeras horas del día 6, como EL SEÑOR nos ha especificado: 'cuando salen las primeras estrellas', pues entonces tenemos ahí la Pascua del ETERNO. Y también da comienzo, al unísono, el día de ázimos, el primer día. Así que esto lo tenemos ahí, comenzando el día quinto del mes cuarto del 2023, siendo éste en el calendario del ETERNO, el primer mes en su calendario. {Daisy Escalante Testimonio: 12-01-2023 #03, p3}

Así que sabemos, también, que por esos días ―como metódicamente EL SEÑOR lo ha dejado saber―, no va a haber Manjar Sabático. Ya se me dejó saber a mí explícitamente, nuevamente; porque vamos a tener estudio abundante para que el pueblo esté en esto y aprenda las maravillas que EL SEÑOR quiere que aprendamos cada uno de nosotros. {Daisy Escalante Testimonio: 12-01-2023 #03, p4}

Estamos en un año muy decisivo, amados hermanos, para el pueblo del ETERNO en esta hora. Quiera DIOS que podamos entender esto y que nos ocupemos en lo que realmente es importante y desechemos ―y dejemos a un lado― aquello que no compete en cuestión de salvación. Quiera DIOS que así sea. Que EL ETERNO nos bendiga. {Daisy Escalante Testimonio: 12-01-2023 #03, p5}

Anexo (Attachment)
Devocional Conflicto y Valor. Elena White.

Los obstáculos, prueba de la fe, 9 de septiembre

Esdras 4:6-24.

Los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán Zacarías 4:10. { CV 258.1; CC.258.1 }

Mientras reedificaba la casa del Señor, Zorobabel había trabajado frente a múltiples dificultades. Desde el comienzo, los adversarios habían debilitado “las manos del pueblo de Judá y los arredraban de edificar... e hiciéronles cesar con poder y fuerza”. Pero el Señor se había interpuesto en favor de los constructores, y hablaba ahora por su profeta a Zorobabel, diciendo: “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura...”. { CV 258.2; CC.258.2 }

Durante toda la historia del pueblo de Dios, los que hayan procurado ejecutar los propósitos del Cielo se han visto frente a montañas de dificultades, aparentemente insuperables. El Señor permite esos obstáculos para probar nuestra fe. Cuando nos vemos rodeados por todos lados, es el momento cuando más debemos confiar en Dios y en el poder de su espíritu. El ejercicio de una fe viva significa un aumento de fuerza espiritual y el desarrollo de una confianza inquebrantable. Así llega a ser el alma una fuerza vencedora. Ante la demanda de la fe, desaparecerán los obstáculos puestos por Satanás en la senda del cristiano; porque las potestades del cielo acudirán en su ayuda. “Nada os será imposible”. { CV 258.3; CC.258.3 }

Cuando el mundo emprende algo, lo hace con pompa y jactancia. El método de Dios es hacer del día de los pequeños comienzos el principio del glorioso triunfo de la verdad y de la justicia. A veces prepara a sus obreros sometiéndolos a desilusiones y fracasos aparentes. Se propone que aprendan a dominar las dificultades. { CV 258.4; CC.258.4 }

Con frecuencia los hombres están tentados a vacilar delante de las perplejidades y los obstáculos que los confrontan. Pero si tan sólo sostienen firme hasta el fin el principio de su confianza, Dios les despejará el camino... Frente al espíritu intrépido y la fe inquebrantable de Zorobabel, las grandes montañas de las dificultades se transformarán en una llanura; y las manos que pusieron los fundamentos “acabarán” la casa. La Historia de Profetas y Reyes, 437, 438.* { CV 258.5; CC.258.5 }

La Verdad acerca de los Ángeles, capítulo 10. Elena White.

Cristo como “el ángel del Señor”.

En el tiempo antiguo, cuando Dios enviaba a sus ángeles para ministrar o comunicarse con los seres humanos, cuando éstos tomaban conciencia de haber visto ángeles y hablado con ellos, se llenaban de temor reverente y pensaban que habrían de morir. Tenían un concepto tan exaltado del poder y de la majestad de Dios, que al estar en contacto directo con uno de aquellos que había estado en la divina presencia, creían que serían destruidos... Jueces 6:22-23; 13:21-22; Josué 5:13-15.—Spiritual Gifts 4b:152. { VAAn 117.1; TA.112.1 }

Después de la muerte de Josué y de los ancianos que estaban asociados con él, el pueblo comenzó gradualmente a volver a la idolatría... { VAAn 117.2; TA.112.2 }

El Señor no permitió que los pecados de su pueblo quedaran sin reproche. Aún había fieles adoradores en Israel; y muchos otros, por hábito o por tradición, asistían al culto a Dios en el tabernáculo. Una gran

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multitud estaba reunida en ocasión de una fiesta religiosa cuando un ángel de Dios, que había aparecido en Gilgal, se manifestó en medio de la congregación reunida en Silo... { VAAn 117.3; TA.112.3 }

Este ángel, el mismo que apareció a Josué antes de la toma de Jericó, no era otro personaje sino el Hijo de Dios... Les mostró que él no había quebrantado sus promesas, sino que ellos habían violado el pacto solemne. { VAAn 118.1; TA.113.1 }

“Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró... y ofrecieron allí sacrificios a Jehová”. Jueces 2:4-5. Sin embargo su arrepentimiento no tuvo resultados permanentes.—The Signs of the Times, 2 de junio de 1881. { VAAn 118.2; TA.113.2 }

Devocional Dios nos Cuida. Elena White

La lluvia tardía, 18 de agosto

Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno. Zacarías 10:1. { DNC 239.1; OFC.212.2 }

Bajo la figura de la lluvia temprana y tardía que cae en los países orientales al tiempo de la siembra y la cosecha, los profetas hebreos predijeron el derramamiento de la gracia espiritual en una medida extraordinaria sobre la iglesia de Dios. El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue el comienzo de la lluvia temprana, y gloriosos fueron los resultados... Pero cerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies “en la estación tardía”. { DNC 239.2; OFC.212.3 }

Así como Cristo fue glorificado en el día de Pentecostés, será glorificado de nuevo al terminar la obra del Evangelio, cuando ha de preparar a un pueblo que soportará la prueba definitiva en el conflicto final de la gran controversia. { DNC 239.3; OFC.212.4 }

Se verá a muchos... corriendo de un lado a otro constreñidos por el Espíritu de Dios para llevar la luz a los demás. La verdad, la Palabra de Dios, es como fuego en sus huesos, que los llena del ardiente deseo de iluminar a los que se hallan en tinieblas. Muchos, aun entre los indoctos, proclaman ahora las palabras del Señor. El Espíritu Santo impulsa a los niños a salir y presentar el mensaje del cielo. El Espíritu se derrama sobre todos los que ceden a su influencia y... proclamarán la verdad con el poder del Espíritu. { DNC 239.4; OFC.212.5 }

Pero a menos que los miembros de la iglesia de Dios hoy tengan una relación viva con la fuente de todo crecimiento espiritual, no estarán listos para el tiempo de la siega. A menos que mantengan sus lámparas aparejadas y ardiendo, no recibirán la gracia adicional en tiempo de necesidad especial. { DNC 239.5; OFC.212.6 }

La gracia divina se necesita al comienzo, se necesita gracia divina a cada paso de avance, y sólo la gracia divina puede completar la obra. No hay lugar para el descanso en una actitud descuidada... Por medio de la oración y la fe hemos continuamente de buscar más del Espíritu.* { DNC 239.6; OFC.212.7 }

Testimonios para la Iglesia, tomo 5, número 32. Elena White

Josué y el ángel

Si el velo que separa el mundo visible del invisible pudiese alzarse, y los hijos de Dios pudiesen contemplar la gran controversia que se riñe entre Cristo y los ángeles santos y Satanás y sus huestes perversas en torno a la redención del hombre; si pudiesen comprender la admirable obra que Dios realiza para rescatar las almas de la servidumbre del pecado, y el constante ejercicio de su poder para protegerlas de la malicia del maligno, estarían mejor preparados para resistir los designios de Satanás. Su mente se llenaría de solemnidad en vista de la vasta extensión e importancia del plan de la redención y la magnitud de la obra que tienen delante de sí como colaboradores de Cristo. Quedarían humillados aunque estimulados, sabiendo que todo el cielo se interesa en su salvación. { 5TI 442.2; 5T.467.2 }

En la profecía de Zacarías se nos da una muy vigorosa e impresionante ilustración de la obra de Satanás y la de Cristo, y del poder de nuestro Mediador para vencer al acusador de su pueblo. En santa visión, el profeta contempla a Josué, el sumo sacerdote, “vestido de vestimentas viles”, de pie “delante del ángel”

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( Zacarías 3:3), suplicando la misericordia de Dios en favor de su pueblo que se halla profundamente afligido. Satanás está a su diestra para resistirle. Por haber sido elegido Israel para conservar el conocimiento de Dios en la tierra, había sido, desde el mismo principio de su existencia como nación, el objeto especial de la enemistad de Satanás, y éste se habría propuesto causar su destrucción. No podía hacerles daño mientras los hijos de Israel fueran obedientes a Dios; por lo tanto había dedicado todo su poder y astucia a inducirlos a pecar. Seducidos por sus tentaciones, habían transgredido la ley de Dios y, habiéndose separado así de la Fuente de su fuerza, se les había dejado caer presa de sus enemigos paganos. Fueron llevados en cautiverio a Babilonia, y permanecieron allí muchos años. Sin embargo, el Señor no los abandonó. Les envió sus profetas con reproches y amonestaciones. El pueblo despertó, vio su culpabilidad, se humilló delante de Dios, y volvió a él con verdadero arrepentimiento. Entonces el Señor le envió mensajes de aliento, declarando que le libraría del cautiverio y le devolvería su favor. Esto era lo que Satanás quería resueltamente impedir. Un remanente de Israel había vuelto ya a su patria, y Satanás estaba tratando de inducir a las naciones paganas, que eran sus agentes, a destruirlo completamente. { 5TI 442.3; 5T.467.3 }

Mientras Josué suplica humildemente que Dios cumpla sus promesas, Satanás se levanta osadamente para resistirle. Señala las transgresiones de los hijos de Israel como razón por la cual no se les podía devolver el favor de Dios. Los pide como su presa y exige que le sean entregados para ser destruídos. { 5TI 443.1; 5T.468.1 }

El sumo sacerdote no puede defenderse a sí mismo ni a su pueblo de las acusaciones de Satanás. No sostiene que Israel esté libre de culpas. En sus andrajos sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su representante, está delante del ángel, confesando su culpa, señalando, sin embargo, su arrepentimiento y humillación, fiando en la misericordia de un Redentor que perdona el pecado; y con fe se aferra a las promesas de Dios. { 5TI 443.2; 5T.468.2 }

Entonces el ángel, que es Cristo mismo, el Salvador de los pecadores, hace callar al acusador de su pueblo, declarando: “Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido a Jerusalén, te

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reprenda. ¿No es éste tizón arrebatado del incendio?” Zacarías 3:2. Israel había estado durante largo tiempo en el horno de la aflicción. A causa de sus pecados, había sido casi completamente consumido en la llama encendida por Satanás y sus agentes para destruirlo; pero Dios había intervenido ahora para librarle. El compasivo Salvador no dejará a su pueblo penitente y humillado, bajo el cruel poder de los paganos. “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare”. Isaías 42:3. { 5TI 443.3; 5T.469.1 }

Al ser aceptada la intercesión de Josué, se da la orden: “Quitadle esas vestimentas viles”, y a Josué el ángel declara: “Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala”. “Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y vistiéronle de ropas”. Zacarías 3:4, 5. Sus propios pecados y los de su pueblo fueron perdonados. Israel había de ser revestido con “ropas de gala” -la justicia de Cristo que le era imputada. La mitra, puesta sobre la cabeza de Josué, era como la que llevaban los sacerdotes, con la inscripción: “Santidad a Jehová”, lo cual significaba que a pesar de sus antiguas transgresiones, estaba ahora capacitado para servir delante de Dios en su santuario. { 5TI 444.1; 5T.469.2 }

Después de haberle investido así solemnemente de la dignidad del sacerdocio, el ángel declaró: “Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también tú guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré plaza”. vers. 7. Se le iba a honrar como juez o gobernante del templo y todos sus servicios; iba a andar entre ángeles que le acompañaran, aun en esta vida, y al fin se uniría a la muchedumbre glorificada que rodea el trono de Dios. { 5TI 444.2; 5T.469.3 }

“Escucha pues ahora, Josué gran sacerdote, tú, y tus amigos que se sientan delante de ti; porque son varones simbólicos: He aquí, yo traigo a mi siervo, el Pimpollo”. vers. 8. En estas palabras se revela la esperanza de Israel. Era por la fe en el Salvador venidero como Josué y su pueblo recibían perdón. Por la fe en Cristo, les era devuelto el favor de Dios. En virtud de sus méritos, si andaban en sus caminos y guardaban sus estatutos, serían “hombres simbólicos”, honrados como los escogidos del Cielo entre las naciones de la tierra. Cristo era su esperanza, su defensa, su justificación y redención, como es la esperanza de su iglesia hoy. { 5TI 444.3; 5T.469.4 }

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Así como Satanás acusaba a Josué y su pueblo, en todas las edades ha acusado a aquellos que buscan la misericordia y el favor de Dios. En el Apocalipsis, se le declara ser “el acusador de nuestros hermanos”, “el cual los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Apocalipsis 12:10. La controversia se repite acerca de cada alma rescatada del poder del mal, y cuyo nombre se registra en el Libro de la Vida del Cordero. Nunca se recibe a alguno de la familia de Satanás en la familia de Dios sin que ello excite la resuelta resistencia del maligno. Las acusaciones de Satanás contra aquellos que buscan al Señor no son provocadas por el desagrado que le causen sus pecados. Su carácter deficiente le causa regocijo. Únicamente por el hecho de que violan la ley de Dios puede él dominarlos. Sus acusaciones provienen solamente de su enemistad hacia Cristo. Por el plan de salvación, Jesús está quebrantando el dominio de Satanás sobre la familia humana, y rescatando almas de su poder. Todo el odio y la malicia del jefe de los rebeldes se encienden cuando contempla la evidencia de la supremacía de Cristo, y con poder y astucia infernales trabaja para arrebatarle el residuo de los hijos de los hombres que han aceptado su salvación. { 5TI 445.1; 5T.470.1 }

Satanás induce a los hombres al escepticismo, haciéndoles perder la confianza en Dios y separarse de su amor; los induce a violar su ley, luego los reclama como cautivos suyos y disputa el derecho de Cristo a arrebatárselos. Sabe que aquellos que buscan a Dios fervientemente para alcanzar perdón y paz, los obtendrán; por lo tanto les recuerda sus pecados para desanimarlos. Constantemente busca ocasión de acusar a los que procuran obedecer a Dios. Trata de hacer aparecer como corrompido aun su servicio mejor y más aceptable. Mediante incontables designios muy sutiles y crueles, intenta obtener su condenación. { 5TI 445.2; 5T.470.2 }

El hombre no puede por sí mismo hacer frente a estas acusaciones. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad delante de Dios. Pero Jesús, nuestro Abogado, presenta una súplica eficaz en favor de todos los que mediante el arrepentimiento y la fe le han confiado la guarda de sus almas. Intercede por su causa y vence a su acusador con los poderosos argumentos del Calvario. Su perfecta obediencia a la ley de Dios, aun hasta la muerte de la cruz, le ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, y él solicita

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a su Padre misericordia y reconciliación para el hombre culpable. Al acusador de sus hijos declara: “¡Jehová te reprenda, oh Satanás! Estos son la compra de mi sangre, tizones arrancados del fuego”. Y los que confían en él con fe reciben la consoladora promesa: “Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala”. Zacarías 3:4. { 5TI 445.3; 5T.470.2 }

Todos los que se hayan revestido del manto de la justicia de Cristo subsistirán delante de él como escogidos fieles y veraces. Satanás no puede arrancarlos de la mano de Cristo. Cristo no dejará que una sola alma que con arrepentimiento y fe haya pedido su protección, caiga bajo el poder del enemigo. Su Palabra declara: “¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga paz conmigo”. Isaías 27:5. La promesa hecha a Josué es hecha a todos: “Si guardares mi ordenanza,... entre estos que aquí están te daré plaza”. Zacarías 3:7. Los ángeles de Dios irán a cada lado de ellos, aun en este mundo, y ellos estarán al fin entre los ángeles que rodean el trono de Dios. { 5TI 446.1; 5T.470.2 }

El hecho de que los hijos reconocidos de Dios están representados como de pie delante del Señor con ropas inmundas, debe inducir a todos los que profesan su nombre a sentir humildad y a escudriñar profundamente su corazón. Los que están de veras purificando su alma y obedeciendo la verdad, tendrán una muy humilde opinión de sí mismos. Cuanto más de cerca vean el carácter sin mancha de Cristo, mayor será su deseo de ser transformados a su imagen, y menos pureza y santidad verán en sí mismos. Pero aunque debemos comprender nuestra condición pecaminosa, debemos fiar en Cristo como nuestra justicia, nuestra santificación y redención. No podemos contestar las acusaciones de Satanás contra nosotros. Sólo Cristo puede presentar una intercesión eficaz en nuestro favor. El puede hacer callar al acusador con argumentos que no se basan en nuestros méritos, sino en los suyos. { 5TI 446.2; 5T.471.1 }

Sin embargo, no debemos conformarnos con una vida pecaminosa. Debiera despertar a los cristianos e inducirlos a un celo y fervor mayores para vencer el mal, a pensar que todo defecto del carácter, todo punto en el cual ellos no alcanzan la norma divina, es una puerta abierta por la cual Satanás puede entrar a tentarlos y destruirlos; y además, que todo fracaso y defecto de su parte da

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ocasión al tentador y a sus agentes para echar oprobio sobre Cristo. Debemos dedicar toda energía del alma a la obra de vencer, y acudir a Jesús a fin de recibir fuerza para hacer lo que no podemos hacer nosotros mismos. { 5TI 446.3; 5T.472.1 }

Ningún pecado puede tolerarse en aquellos que andarán con Cristo en ropas blancas. Las vestiduras sucias han de ser sacadas, y ha de ponerse sobre nosotros el manto de la justicia de Cristo. Por el arrepentimiento y la fe, somos habilitados para prestar obediencia a todos los Mandamientos de Dios, y somos hallados sin culpa delante de él. Los que recibirán la aprobación de Dios están ahora afligiendo sus almas, confesando sus pecados, y suplicando fervientemente el perdón por Jesús su Abogado. Su atención está fija en él, su esperanza y su fe se concentran en él, y cuando se da la orden: “Quitadle esas vestimentas: viles, y vestidle de ropas de gala, y pongan mitra limpia sobre su cabeza”, están preparados para atribuirle toda la gloria de su salvación. { 5TI 447.1; 5T.472.1 }

La visión de Zacarías con referencia a Josué y el ángel se aplica con fuerza peculiar a la experiencia del pueblo de Dios durante la terminación del gran día de expiación. La iglesia remanente será puesta en grave prueba y angustia. Los que guardan los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús sentirán la ira del dragón y de su hueste. Satanás considera a los habitantes del mundo súbditos suyos; ha obtenido el dominio de las iglesias apóstatas; pero ahí está ese pequeño grupo que resiste su supremacía. Si él pudiese borrarlo de la tierra, su triunfo sería completo. Así como influyó en las naciones paganas para que destruyesen a Israel, pronto incitará a las potestades malignas de la tierra a destruir al pueblo de Dios. Todo lo que se requerirá será que se rinda obediencia a los edictos humanos en violación de la ley divina. Los que quieran ser fieles a Dios y al deber serán amenazados, denunciados y proscritos. Serán traicionados por “padres, y hermanos, y parientes, y amigos”. Lucas 21:16. { 5TI 447.2; 5T.472.2 }

Su única esperanza se cifra en la misericordia de Dios; su única defensa será la oración. Como Josué intercedía delante del ángel, la iglesia remanente, con corazón quebrantado y fe ferviente, suplicará perdón y liberación por medio de Jesús su Abogado. Sus miembros serán completamente conscientes del carácter

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pecaminoso de sus vidas, verán su debilidad e indignidad, y mientras se miren a sí mismos, estarán por desesperar. El tentador estará listo para acusarlos, como estaba listo para resistir a Josué. Señalará sus vestiduras sucias, su carácter deficiente. Presentará su debilidad e insensatez, su pecado de ingratitud, cuán poco semejantes a Cristo son, lo cual ha deshonrado a su Redentor. Se esforzará para espantar las almas con el pensamiento de que su caso es desesperado, de que nunca se podrá lavar la mancha de su contaminación. Esperará destruir de tal manera su fe que se entreguen a sus tentaciones, se desvíen de su fidelidad a Dios, y reciban la marca de la bestia. { 5TI 447.3; 5T.473.1 }

Satanás insiste delante de Dios en sus acusaciones contra ellos, declara que por sus pecados han perdido el derecho a la protección divina y reclama el derecho de destruirlos como transgresores. Los declara tan merecedores como él mismo de ser excluídos del favor de Dios. “¿Son éstos” -dice- “los que han de tomar mi lugar en el cielo, y el lugar de los ángeles que se unieron conmigo? Mientras profesan obedecer la ley de Dios, ¿han guardado sus preceptos? ¿No han sido amadores de sí mismos más que de Dios? ¿No han puesto sus propios intereses antes que su servicio? ¿No han amado las cosas del mundo? Mira los pecados que han señalado su vida. Contempla su egoísmo, su malicia, su odio mutuo”. { 5TI 448.1; 5T.473.2 }

Los hijos de Dios han sido muy deficientes en muchos aspectos. Satanás tiene un conocimiento exacto de los pecados que él los indujo a cometer, y los presenta de la manera más exagerada, declarando: “¿Me desterrará Dios a mí y a mis ángeles de su presencia, y, sin embargo, recompensará a aquellos que han sido culpables de los mismos pecados? Tú no puedes hacer esto con justicia, oh Señor. Tu trono no subsistirá en rectitud y juicio. La justicia exige que se pronuncie sentencia contra ellos”. { 5TI 448.2; 5T.474.1 }

Pero aunque los seguidores de Cristo han pecado, no se han entregado al dominio del mal. Han puesto a un lado sus pecados, han buscado al Señor con humildad y contrición y el Abogado divino intercede en su favor. El que ha sido el más ultrajado por su ingratitud, el que conoce sus pecados y también su arrepentimiento, declara: “‘¡Jehová te reprenda, oh Satán!’ Yo di mi vida por estas almas. Están esculpidas en las palmas de mis manos”. { 5TI 448.3; 5T.474.2 }

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Los asaltos de Satanás son vigorosos, sus engaños terribles; pero el ojo del Señor está sobre sus hijos. Su aflicción es grande, las llamas del horno parecen estar a punto de consumirlos; pero Jesús los sacará como oro probado en el fuego. Su índole terrenal debe ser eliminada, para que la imagen de Cristo pueda reflejarse perfectamente; deben vencer la incredulidad; han de desarrollar fe, esperanza y paciencia. { 5TI 449.1; 5T.474.3 }

Los hijos de Dios están suspirando y clamando por las abominaciones hechas en la tierra. Con lágrimas advierten a los impíos el peligro que corren al pisotear la ley divina, y con indecible tristeza se humillan delante del Señor a causa de sus propias transgresiones. Los impíos se burlan de su pesar, ridiculizan sus solemnes súplicas y se mofan de lo que llaman debilidad. Pero la angustia y la humillación de los hijos de Dios dan evidencia inequívoca de que están recobrando la fuerza y nobleza de carácter perdidas como consecuencia del pecado. Porque se están acercando más a Cristo y sus ojos están fijos en su perfecta pureza, disciernen tan claramente el carácter excesivamente pecaminoso del pecado. Su contrición y humillación propias son infinitamente más aceptables a la vista de Dios que el espíritu de suficiencia propia y altanero de aquellos que no ven causa para lamentarse, que desprecian la humildad de Cristo y se creen perfectos mientras pisotean la santa ley de Dios. La mansedumbre y humildad de corazón son las condiciones para tener fuerza y alcanzar la victoria. La corona de gloria aguarda a aquellos que se postran al pie de la cruz. Bienaventurados son los que lloran; porque serán consolados. { 5TI 449.2; 5T.474.4 }

Los fieles, que se encuentran orando, están, por así decirlo, encerrados con Dios. Ellos mismos no saben cuán seguramente están escudados. Incitados por Satanás, los gobernantes de este mundo procuran destruirlos; pero si pudiesen abrírseles los ojos, como se abrieron los del siervo de Eliseo en Dotán, verían a los ángeles de Dios acampados en derredor de ellos, manteniendo en jaque a la hueste de las tinieblas con su resplandor y gloria. { 5TI 449.3; 5T.475.1 }

Mientras los hijos de Dios afligen sus almas delante de él, suplicando pureza de corazón, se da la orden: “Quitadle esas vestiduras viles”, y se pronuncian las alentadoras palabras: “Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala”

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Zacarías 3:4. Se pone sobre los tentados, probados, pero fieles hijos de Dios, el manto sin mancha de la justicia de Cristo. El remanente despreciado queda vestido de gloriosos atavíos, que nunca han de ser ya contaminados por las corrupciones del mundo. Sus nombres permanecen en el Libro de la Vida del Cordero, registrados entre los fieles de todos los siglos. { 5TI 449.4; 5T.475.2 }

Han resistido los lazos del engañador; no han sido apartados de su lealtad por el rugido del dragón. Ahora están eternamente seguros de los designios del tentador. Sus pecados han sido transferidos al originador de ellos. { 5TI 450.1; 5T.475.2 }

Y ese residuo no sólo es perdonado y aceptado, sino honrado. Una “mitra limpia” es puesta sobre su cabeza. Han de ser reyes y sacerdotes para Dios. Mientras Satanás estaba insistiendo en sus acusaciones y tratando de destruir esta hueste, los ángeles santos, invisibles, iban de un lado a otro poniendo sobre ellos el sello del Dios viviente. Ellos han de estar sobre el monte de Sión con el Cordero, teniendo el nombre del Padre escrito en sus frentes. Cantan el nuevo himno delante del trono, ese himno que nadie puede aprender sino los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de la tierra. “Estos son los que siguen al Cordero por donde quiera que va. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero. Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios”. Apocalipsis 14:4, 5. { 5TI 450.2; 5T.475.2 }

Entonces se cumplirán completamente estas palabras del ángel: “Escucha pues ahora, Josué gran sacerdote, tú, y tus amigos que se sientan delante de ti; porque son varones simbólicos: He aquí, yo traigo a mi siervo, el Pimpollo”. Cristo es revelado como Redentor y Libertador de su pueblo. Entonces serán en verdad los que forman parte del remanente “varones simbólicos”, cuando las lágrimas y la humillación de su peregrinación sean reemplazadas por el gozo y la honra en la presencia de Dios y del Cordero. “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los librados de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén están escritos entre los vivientes”. Isaías 4:2, 3. { 5TI 450.3; 5T.476.1 }

Profetas y Reyes, capítulo 48. Elena White.

Capítulo 48—“No con ejército, ni con fuerza”

Inmediatamente después de la visión que tuvo Zacarías acerca de Josué y el Angel, el profeta recibió un mensaje referente a la obra de Zorobabel. Declaró Zacarías: “Y volvió el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño. Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelero todo de oro, con su vaso sobre su cabeza, y sus siete lámparas encima del candelero; y siete canales para las lámparas que están encima de él; y sobre él dos olivas, la una a la derecha del vaso, y la otra a su izquierda. Proseguí, y hablé a aquel ángel que hablaba conmigo, diciendo: ¿Qué es esto, señor mío? ... Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” { PR 436.1; PK.593.1 }

“Hablé más, y díjele: ¿Qué significan estas dos olivas a la derecha del candelero, y a su izquierda? Hablé aún de nuevo, y díjele: ¿Qué significan las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro? ... Y él dijo: Estos dos hijos de aceite [ungidos, V.M.] son los que están delante del Señor de toda la tierra.” Zacarías 4:1-6, 11-14. { PR 436.2; PK.593.3 }

En esta visión los dos olivos que están delante de Dios son representados como haciendo correr áureo aceite por tubos de oro desde sí mismos al recipiente del candelero. De éste se alimentan las lámparas del santuario, para poder producir una luz brillante y continua. Asimismo, de los ungidos que están en la presencia de Dios es impartida a sus hijos la plenitud de la luz, el amor y el poder divinos, a fin de que ellos puedan impartir a otros, luz, gozo y refrigerio. Los que son así

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enriquecidos tienen que enriquecer a otros con el tesoro del amor de Dios. { PR 436.3; PK.594.1 }

Mientras reedificaba la casa del Señor, Zorobabel había trabajado frente a múltiples dificultades. Desde el comienzo, los adversarios habían debilitado “las manos del pueblo de Judá, y los arredraban de edificar, ... e hiciéronles cesar con poder y fuerza.” Esdras 4:4, 23. Pero el Señor se había interpuesto en favor de los constructores, y hablaba ahora por su profeta a Zorobabel, diciendo: “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia a ella.” Zacarías 4:7. { PR 437.1; PK.594.2 }

Durante toda la historia del pueblo de Dios, los que hayan procurado ejecutar los propósitos del Cielo se han visto frente a montañas de dificultades, aparentemente insuperables. El Señor permite esos obstáculos para probar nuestra fe. Cuando nos vemos rodeados por todos lados, es el momento cuando más debemos confiar en Dios y en el poder de su Espíritu. El ejercicio de una fe viva significa un aumento de fuerza espiritual y el desarrollo de una confianza inquebrantable. Así llega a ser el alma una fuerza vencedora. Ante la demanda de la fe, desaparecerán los obstáculos puestos por Satanás en la senda del cristiano; porque las potestades del cielo acudirán en su ayuda. “Nada os será imposible.” Mateo 17:20. { PR 437.2; PK.594.3 }

Cuando el mundo emprende algo, lo hace con pompa y jactancia. El método de Dios es hacer del día de los pequeños comienzos el principio del glorioso triunfo de la verdad y de la justicia. A veces prepara a sus obreros sometiéndolos a desilusiones y fracasos aparentes. Se propone que aprendan a dominar las dificultades. { PR 437.3; PK.595.1 }

Con frecuencia los hombres están tentados a vacilar delante de las perplejidades y los obstáculos que los confrontan. Pero si tan sólo sostienen firme hasta el fin el principio de su confianza, Dios les aclarará el camino. Tendrán éxito al luchar contra las dificultades. Frente al espíritu intrépido y la fe

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inquebrantable de Zorobabel, las grandes montañas de las dificultades se transformarán en una llanura; y las manos que pusieron los fundamentos “acabarán” la casa. Sacarán “la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia a ella.” Zacarías 4:9, 7. { PR 437.4; PK.595.2 }

El poder humano no estableció la iglesia de Dios ni puede destruirla. La iglesia no fué fundada sobre la roca de la fuerza humana, sino sobre Cristo Jesús, Roca de la eternidad, “y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.” Mateo 16:18. La presencia de Dios da estabilidad a su causa. Las instrucciones que nos llegan son: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre.” Salmos 146:3. “En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.” Isaías 30:15. La gloriosa obra de Dios, fundada en los principios eternos de la justicia, no será nunca anonadada. Irá de fortaleza en fortaleza, “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Zacarías 4:6. { PR 438.1; PK.595.3 }

Se cumplió literalmente la promesa: “Las manos de Zorobabel echarán el fundamento a esta casa, y sus manos la acabarán.” Vers. 9. “Y los ancianos de los Judíos edificaban y prosperaban, conforme a la profecía de Haggeo profeta, y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron pues, y acabaron, por el mandamiento del Dios de Israel, y por el mandamiento de Ciro, y de Darío, y de Artajerjes rey de Persia. Y esta casa fué acabada al tercer día del mes de Adar [duodécimo mes], que era el sexto año del reinado del rey Darío.” Esdras 6:14, 15. { PR 438.2; PK.596.1 }

Poco después, el templo restaurado fué dedicado. “Los hijos de Israel, los sacerdotes y los Levitas, y los demás que habían venido de la trasportación, hicieron la dedicación de esta casa de Dios con gozo... Hicieron la pascua a los catorce del mes primero.” Esdras 6:16, 19. { PR 438.3; PK.596.2 }

El segundo templo no igualaba al primero en magnificencia, ni fué santificado por las manifestaciones visibles de la presencia divina que se vieron al ser inaugurado el primer templo. No hubo manifestación de poder sobrenatural para

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señalar su dedicación. No se vió que una nube de gloria llenase el santuario recién erigido. Ningún fuego descendió del cielo para consumir el sacrificio sobre su altar. La shekina, o presencia de Dios, no moraba más entre los querubines del lugar santísimo; el arca, el propiciatorio y las tablas del testimonio no se encontraban allí. Ninguna señal del cielo daba a conocer la voluntad de Jehová al sacerdote inquiridor. { PR 438.4; PK.596.3 }

Sin embargo, se trataba del edificio acerca del cual el Señor había declarado por el profeta Ageo: “La gloria de aquesta casa postrera será mayor que la de la primera.” “Y haré temblar a todas las gentes, y vendrá el Deseado de todas las gentes; y henchiré esta casa de gloria, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Hageo 2:9, 7. Durante siglos hombres sabios han procurado demostrar en qué se cumplió la promesa que Dios hizo a Ageo; y sin embargo muchos se han negado persistentemente a ver un significado especial en el advenimiento de Jesús de Nazaret, el Deseado de todas las gentes, quien por su presencia personal, santificó las dependencias del templo. El orgullo y la incredulidad cegaban sus mentes y les impedían comprender el verdadero significado de las palabras del profeta. { PR 439.1; PK.597.1 }

El segundo templo fué honrado, no con la nube de la gloria de Jehová sino con la presencia de Aquel en quien moraba “toda la plenitud de la divinidad corporalmente,” Dios mismo “manifestado en carne.” Colosenses 2:9; 1 Timoteo 3:16. Al ser honrado con la presencia personal de Cristo durante su ministerio personal, y sólo en esto, fué cómo el segundo templo excedió en gloria al primero. El “Deseado de todas las gentes” había llegado de veras a su templo, cuando el Hombre de Nazaret enseñó y curó en los atrios sagrados. { PR 439.2; PK.597.2 }

El Deseado de Todas las Gentes, capítulo 10. Elena White.

Capítulo 10—La voz que clamaba en el desierto

Este capítulo está basado en Lucas 1:5-23; 57-80; 3:1-18; Mateo 3:1-12; Marcos 1:1-8.

De entre los fieles de Israel, que por largo tiempo habían esperado la venida del Mesías, surgió el precursor de Cristo. El anciano sacerdote Zacarías y su esposa Elizabet eran “justos delante de Dios;” y en su vida tranquila y santa, la luz de la fe resplandecía como una estrella en medio de las tinieblas de aquellos días malos. A esta piadosa pareja se le prometió un hijo, que iría “ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos.” { DTG 72.1; DA.97.1 }

Zacarías habitaba en “la región montañosa de Judea,” pero había subido a Jerusalén para servir en el templo durante una semana, según se requería dos veces al año de los sacerdotes de cada turno. “Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez, conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a poner el incienso, entrando en el templo del Señor.” { DTG 72.2; DA.97.2 }

Estaba de pie delante del altar de oro en el lugar santo del santuario. La nube de incienso ascendía delante de Dios con las oraciones de Israel. De repente, sintió una presencia divina. Un ángel del Señor estaba “en pie a la derecha del altar.” La posición del ángel era una indicación de favor, pero Zacarías no se fijó en esto. Durante muchos años, Zacarías había orado por la venida del Redentor; y ahora el cielo le había mandado su mensajero para anunciarle que sus oraciones iban a ser contestadas; pero la misericordia de Dios le parecía demasiado grande para creer en ella. Se sentía lleno de temor y condenación propia. { DTG 72.3; DA.97.3 }

Pero fué saludado con la gozosa seguridad: “No temas, Zacarías; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elizabet te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán en su nacimiento. [V.M.] Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo.... Y a muchos de

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los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos. Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido. Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.” { DTG 72.4; DA.98.1 }

Zacarías sabía muy bien que Abrahán en su vejez había recibido un hijo porque había tenido por fiel a Aquel que había prometido. Pero por un momento, el anciano sacerdote recuerda la debilidad humana. Se olvida de que Dios puede cumplir lo que promete. ¡Qué contraste entre esta incredulidad y la dulce fe infantil de María, la virgen de Nazaret, cuya respuesta al asombroso anunció del ángel fué: “He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra”!1 { DTG 73.1; DA.98.2 }

El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abrahán y el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad que somos tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros mismos somos incapaces de hacer bien; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma Sumisa y creyente. Fué mediante la fe como fué dado el hijo de la promesa. Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados para hacer las obras de justicia. { DTG 73.2; DA.98.3 }

A la pregunta de Zacarías, el ángel respondió: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas.” Quinientos años antes, Gabriel había dado a conocer a Daniel el período profético que había de extenderse hasta la venida de Cristo. El conocimiento de que el fin de este período se acercaba, había inducido a Zacarías a orar por el advenimiento del Mesías. Y he aquí que el mismo mensajero por quien fuera dada la profecía había venido a anunciar su cumplimiento. { DTG 73.3; DA.98.4 }

Las palabras del ángel: “Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios,” demuestran que ocupa un puesto de alto honor en los atrios celestiales. Cuando fué a Daniel con un mensaje, dijo: “Ninguno hay que se esfuerce conmigo en estas cosas, sino Miguel [Cristo] vuestro príncipe.”2 El Salvador habla de Gabriel en el Apocalipsis diciendo que “la declaró, enviándola por su ángel a Juan su siervo.”3 Y a Juan, el ángel declaró:

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“Yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas.”4 ¡Admirable pensamiento, que el ángel que sigue en honor al Hijo de Dios es el escogido para revelar los propósitos de Dios a los hombres pecaminosos! { DTG 73.4; DA.99.1 }

Zacarías había expresado duda acerca de las palabras del ángel. No había de volver a hablar hasta que se cumpliesen. “He aquí—dijo el ángel,—estarás mudo hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” El sacerdote debía orar en este culto por el perdón de los pecados públicos y nacionales, y por la venida del Mesías; pero cuando Zacarías intentó hacerlo, no pudo pronunciar una palabra. { DTG 74.1; DA.99.2 }

Saliendo afuera para bendecir al pueblo, “les hablaba por señas, y quedó mudo.” Le habían esperado mucho tiempo y empezaban a temer que le hubiese herido el juicio de Dios. Pero cuando salió del lugar santo, su rostro resplandecía con la gloria de Dios, “y entendieron que había visto visión en el templo.” Zacarías les comunicó lo que había visto y oído; y “fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino a su casa.” { DTG 74.2; DA.99.3 }

Poco después del nacimiento del niño prometido, la lengua del padre quedó desligada, “y habló bendiciendo a Dios. Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas. Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño?” Todo esto tendía a llamar la atención a la venida del Mesías, para la cual Juan había de preparar el camino. { DTG 74.3; DA.99.4 }

El Espíritu Santo descendió sobre Zacarías, y en estas hermosas palabras profetizó la misión de su hijo: { DTG 74.4; DA.100.1 }

“¡Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,

pues irás ante la faz del Señor,

para preparar sus caminos;

dando conocimiento de salvación a su pueblo,

en la remisión de sus pecados;

a causa de las entrañas de misericordia de nuestro Dios,

en las que nos visitará el Sol naciente, descendiendo

de las alturas,

para dar luz a los que están sentados en tinieblas y

en sombra de muerte;

para dirigir nuestros pies en el camino de la paz.” [V.M.] { DTG 74.5; DA.100.2 }

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“Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel.” Antes que naciera Juan, el ángel había dicho: “Será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo.” Dios había llamado al hijo de Zacarías a una gran obra, la mayor que hubiera sido confiada alguna vez a los hombres. A fin de ejecutar esta obra, el Señor debía obrar con él. Y el Espíritu de Dios estaría con él si prestaba atención a las instrucciones del ángel. { DTG 75.1; DA.100.3 }

Juan había de salir como mensajero de Jehová, para comunicar a los hombres la luz de Dios. Debía dar una nueva dirección a sus pensamientos. Debía hacerles sentir la santidad de los requerimientos de Dios, y su necesidad de la perfecta justicia divina. Un mensajero tal debía ser santo. Debía ser templo del Espíritu de Dios. A fin de cumplir su misión, debía tener una constitución física sana, y fuerza mental y espiritual. Por lo tanto, le sería necesario dominar sus apetitos y pasiones. Debía poder dominar todas sus facultades, para poder permanecer entre los hombres tan inconmovible frente a las circunstancias que le rodeasen como las rocas y montañas del desierto. { DTG 75.2; DA.100.4 }

En el tiempo de Juan el Bautista, la codicia de las riquezas, y el amor al lujo y a la ostentación, se habían difundido extensamente. Los placeres sensuales, banquetes y borracheras estaban ocasionando enfermedades físicas y degeneración, embotando las percepciones espirituales y disminuyendo la sensibilidad al pecado. Juan debía destacarse como reformador. Por su vida abstemia y su ropaje sencillo, debía reprobar los excesos de su tiempo. Tal fué el motivo de las indicaciones dadas a los padres de Juan, una lección de temperancia dada por un ángel del trono celestial. { DTG 75.3; DA.100.5 }

En la niñez y la juventud es cuando el carácter es más impresionable. Entonces es cuando debe adquirirse la facultad del dominio propio. En el hogar y la familia, se ejercen influencias cuyos resultados son tan duraderos como la eternidad. Más que cualquier dote natural, los hábitos formados en los primeros años deciden si un hombre vencerá o será vencido en la batalla de la vida. La juventud es el tiempo de la siembra. Determina el carácter de la cosecha, para esta vida y la venidera. { DTG 75.4; DA.101.1 }

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Como profeta, Juan había de “convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.” Al preparar el camino para la primera venida de Cristo, representaba a aquellos que han de preparar un pueblo para la segunda venida de nuestro Señor. El mundo está entregado a la sensualidad. Abundan los errores y las fábulas. Se han multiplicado las trampas de Satanás para destruir a las almas. Todos los que quieran alcanzar la santidad en el temor de Dios deben aprender las lecciones de temperancia y dominio propio. Las pasiones y los apetitos deben ser mantenidos sujetos a las facultades superiores de la mente. Esta disciplina propia es esencial para la fuerza mental y la percepción espiritual que nos han de habilitar para comprender y practicar las sagradas verdades de la Palabra de Dios. Por esta razón, la temperancia ocupa un lugar en la obra de prepararnos para la segunda venida de Cristo. { DTG 76.1; DA.101.2 }

En el orden natural de las cosas, el hijo de Zacarías habría sido educado para el sacerdocio. Pero la educación de las escuelas rabínicas le habría arruinado para su obra. Dios no le envió a los maestros de teología para que aprendiese a interpretar las Escrituras. Le llamó al desierto, para que aprendiese de la naturaleza, y del Dios de la naturaleza. { DTG 76.2; DA.101.3 }

Fué en una región solitaria donde halló hogar, en medio de las colinas áridas, de los desfiladeros salvajes y las cuevas rocosas. Pero él mismo quiso dejar a un lado los goces y lujos de la vida y prefirió la severa disciplina del desierto. Allí lo que le rodeaba era favorable a la adquisición de sencillez y abnegación. No siendo interrumpido por los clamores del mundo, podía estudiar las lecciones de la naturaleza, de la revelación y de la Providencia. Las palabras del ángel a Zacarías habían sido repetidas con frecuencia a Juan por sus padres temerosos de Dios. Desde la niñez, se le había recordado su misión, y él había aceptado el cometido sagrado. Para él la soledad del desierto era una manera bienvenida de escapar de la sociedad en la cual las sospechas, la incredulidad y la impureza lo compenetraban casi todo. Desconfiaba de su propia fuerza para resistir la tentación, y huía del constante contacto con el pecado, a fin de no perder el sentido de su excesiva pecaminosidad. { DTG 76.3; DA.101.4 }

Dedicado a Dios como nazareno desde su nacimiento, hizo

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él mismo voto de consagrar su vida a Dios. Su ropa era la de los antiguos profetas: un manto de pelo de camello, ceñido a sus lomos por un cinturón de cuero. Comía “langostas y miel silvestre,” que hallaba en el desierto; y bebía del agua pura de las colinas. { DTG 76.4; DA.102.1 }

Pero Juan no pasaba la vida en ociosidad, ni en lobreguez ascética o aislamiento egoísta. De vez en cuando, salía a mezclarse con los hombres; y siempre observaba con interés lo que sucedía en el mundo. Desde su tranquilo retiro, vigilaba el desarrollo de los sucesos. Con visión iluminada por el Espíritu divino, estudiaba los caracteres humanos para poder saber cómo alcanzar los corazones con el mensaje del cielo. Sentía el peso de su misión. En la soledad, por la meditación y la oración, trataba de fortalecer su alma para la carrera que le esperaba. { DTG 77.1; DA.102.2 }

Aun cuando residía en el desierto, no se veía libre de tentación. En cuanto le era posible, cerraba todas las avenidas por las cuales Satanás podría entrar; y sin embargo, era asaltado por el tentador. Pero sus percepciones espirituales eran claras; había desarrollado fuerza de carácter y decisión, y gracias a la ayuda del Espíritu Santo, podía reconocer los ataques de Satanás y resistir su poder. { DTG 77.2; DA.102.3 }

Juan hallaba en el desierto su escuela y su santuario. Como Moisés entre las montañas de Madián, se veía cercado por la presencia de Dios, y por las evidencias de su poder. No le tocaba morar, como al gran jefe de Israel, entre la solemne majestad de las soledades montañosas; pero delante de él estaban las alturas de Moab al otro lado del Jordán, hablándole de Aquel que había asentado firmemente las montañas y las había rodeado de fortaleza. El aspecto lóbrego y terrible de la naturaleza del desierto donde moraba, representaba vívidamente la condición de Israel. La fructífera viña del Señor había llegado a ser un desierto desolado. Pero sobre el desierto, los cielos se inclinaban brillantes y hermosos. Las obscuras nubes formadas por la tempestad, estaban cruzadas por el arco iris de la promesa. Así también, por encima de la degradación de Israel resplandecía la prometida gloria del reinado del Mesías. Las nubes de ira estaban cruzadas por el arco iris de su pactada misericordia. { DTG 77.3; DA.102.4 }

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A solas, en la noche silenciosa, leía la promesa que Dios hiciera a Abrahán de una posteridad tan innumerable como las estrellas. La luz del alba, que doraba las montañas de Moab, le hablaba de Aquel que sería “como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes.”5 Y en el resplandor del mediodía veía el esplendor de la manifestación de Dios, cuando se revelará “la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá.”6 { DTG 78.1; DA.102.5 }

Con espíritu alegre aunque asombrado, buscaba en los rollos proféticos las revelaciones de la venida del Mesías: la Simiente prometida que había de aplastar la cabeza de la serpiente; el Shiloh, “el pacificador,” que había de aparecer antes que dejase de reinar un rey en el trono de David. Ahora había llegado el momento. Un gobernante romano se sentaba en el palacio del monte Sión. Según la segura palabra del Señor, el Cristo ya había nacido. { DTG 78.2; DA.103.1 }

De día y de noche estudiaba las arrobadoras descripciones que hiciera Isaías de la gloria del Mesías, en las que lo llamaba el Retoño de la raíz de Isaí; un rey que reinaría con justicia, juzgando “con rectitud por los mansos de la tierra”; sería un “abrigo contra la tempestad, ... la sombra de una peña grande en tierra de cansancio”; Israel no sería ya llamado “Desamparada,” ni su tierra “Asolamiento,” sino que sería llamado del Señor “mi deleite,”7 y su tierra “Beúla.”8 El corazón del solitario desterrado se henchía de la gloriosa visión. { DTG 78.3; DA.103.2 }

Miraba al Rey en su hermosura, y se olvidaba de sí mismo. Contemplaba la majestad de la santidad, y se sentía deficiente e indigno. Estaba listo para salir como el mensajero del Cielo, sin temor de lo humano, porque había mirado lo divino. Podía estar en pie sin temor en presencia de los monarcas terrenales, porque se había postrado delante del Rey de reyes. { DTG 78.4; DA.103.3 }

Juan no comprendía plenamente la naturaleza del reino del Mesías. Esperaba que Israel fuese librado de sus enemigos nacionales; pero el gran objeto de su esperanza era la venida de un Rey de justicia y el establecimiento de Israel como nación santa. Así creía que se cumpliría la profecía hecha en ocasión de su nacimiento: { DTG 78.5; DA.103.4 }

“Acordándose de su santo pacto; ...

que sin temor librados de nuestros enemigos,

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le serviríamos en santidad y en justicia delante

de él, todos los días nuestros.” { DTG 78.6; DA.103.5 }

Veía que los hijos de su pueblo estaban engañados, satisfechos y dormidos en sus pecados. Anhelaba incitarlos a vivir más santamente. El mensaje que Dios le había dado para que lo proclamase estaba destinado a despertarlos de su letargo y a hacerlos temblar por su gran maldad. Antes que pudiese alojarse la semilla del Evangelio, el suelo del corazón debía ser quebrantado. Antes de que tratasen de obtener sanidad de Jesús, debían ser despertados para ver el peligro que les hacían correr las heridas del pecado. { DTG 79.1; DA.103.6 }

Dios no envía mensajeros para que adulen al pecador. No da mensajes de paz para arrullar en una seguridad fatal a los que no están santificados. Impone pesadas cargas a la conciencia del que hace mal, y atraviesa el alma con flechas de convicción. Los ángeles ministradores le presentan los temibles juicios de Dios para ahondar el sentido de su necesidad, e impulsarle a clamar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Entonces la mano que humilló en el polvo, levanta al penitente. La voz que reprendió el pecado, y avergonzó el orgullo y la ambición, pregunta con la más tierna simpatía: “¿Qué quieres que te haga?” { DTG 79.2; DA.104.1 }

Cuando comenzó el ministerio de Juan, la nación estaba en una condición de excitación y descontento rayana en la revolución. Al desaparecer Arquelao, Judea había caído directamente bajo el dominio de Roma. La tiranía y la extorsión de los gobernantes romanos, y sus resueltos esfuerzos para introducir las costumbres y los símbolos paganos, encendieron la rebelión, que fué apagada en la sangre de miles de los más valientes de Israel. Todo esto intensificó el odio nacional contra Roma y aumentó el anhelo de ser libertados de su poder. { DTG 79.3; DA.104.2 }

En medio de las discordias y las luchas, se oyó una voz procedente del desierto, una voz sorprendente y austera, aunque llena de esperanza: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.” Con un poder nuevo y extraño, conmovía a la gente. Los profetas habían predicho la venida de Cristo como un acontecimiento del futuro lejano; pero he aquí que se oía un anunció de que se acercaba. El aspecto singular de Juan hacía recordar a sus oyentes los antiguos videntes. En sus modales e

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indumentaria, se asemejaba al profeta Elías. Con el espíritu y poder de Elías, denunciaba la corrupción nacional y reprendía los pecados prevalecientes. Sus palabras eran claras, directas y convincentes. Muchos creían que era uno de los profetas que había resucitado de los muertos. Toda la nación se conmovió. Muchedumbres acudieron al desierto. { DTG 79.4; DA.104.3 }

Juan proclamaba la venida del Mesías, e invitaba al pueblo a arrepentirse. Como símbolo de la purificación del pecado, bautizaba en las aguas del Jordán. Así, mediante una lección objetiva muy significativa, declaraba que todos los que querían formar parte del pueblo elegido de Dios estaban contaminados por el pecado y que sin la purificación del corazón y de la vida, no podrían tener parte en el reino del Mesías. { DTG 80.1; DA.104.4 }

Príncipes y rabinos, soldados, publicanos y campesinos acudían a oír al profeta. Por un tiempo, la solemne amonestación de Dios los alarmó. Muchos fueron inducidos a arrepentirse, y recibieron el bautismo. Personas de todas las clases sociales se sometieron al requerimiento del Bautista, a fin de participar del reino que anunciaba. { DTG 80.2; DA.105.1 }

Muchos de los escribas y fariseos vinieron confesando sus pecados y pidiendo el bautismo. Se habían ensalzado como mejores que los otros hombres, y habían inducido a la gente a tener una alta opinión de su piedad; ahora se desenmascaraban los culpables secretos de su vida. Pero el Espíritu Santo hizo comprender a Juan que muchos de estos hombres no tenían verdadera convicción del pecado. Eran oportunistas. Como amigos del profeta, esperaban hallar favor ante el Príncipe venidero. Y pensaban fortalecer su influencia sobre el pueblo al recibir el bautismo de manos de este joven maestro popular. { DTG 80.3; DA.105.2 }

Juan les hizo frente con la abrumadora pregunta: “¡Oh generación de víboras! ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham.” { DTG 80.4; DA.105.3 }

Los judíos habían interpretado erróneamente la promesa de Dios de favorecer eternamente a Israel: “Así ha dicho Jehová, que da el sol para la luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para la luz de la noche; que parte la mar y braman sus

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ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si estas leyes faltaren delante de mí, dice Jehová, también la simiente de Israel faltará para no ser nación delante de mí todos los días. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y buscarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la simiente de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.”9 Los judíos consideraban que su descendencia natural de Abrahán les daba derecho a esta promesa. Pero pasaban por alto las condiciones que Dios había especificado. Antes de hacer la promesa, había dicho: “Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.... Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”10 { DTG 80.5; DA.106.1 }

El favor de Dios se asegura a aquellos en cuyo corazón está escrita su ley. Son uno con él. Pero los judíos se habían separado de Dios. A causa de sus pecados, estaban sufriendo bajo sus juicios. Esta era la causa de su servidumbre a una nación pagana. Los intelectos estaban obscurecidos por la transgresión, y porque en tiempos pasados el Señor les había mostrado tan grande favor, disculpaban sus pecados. Se lisonjeaban de que eran mejores que otros hombres, con derecho a sus bendiciones. { DTG 81.1; DA.106.2 }

Estas cosas “son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.”11 ¡Con cuánta frecuencia interpretamos erróneamente las bendiciones de Dios, y nos lisonjeamos de que somos favorecidos a causa de alguna bondad nuestra! Dios no puede hacer en favor nuestro lo que anhela hacer. Sus dones son empleados para aumentar nuestra satisfacción propia, y para endurecer nuestro corazón en la incredulidad y el pecado. { DTG 81.2; DA.106.3 }

Juan declaró a los maestros de Israel que su orgullo, egoísmo y crueldad demostraban que eran una generación de víboras, una maldición mortal para el pueblo, más bien que los hijos del justo y obediente Abrahán. En vista de la luz que habían recibido de Dios, eran peores que los paganos, a los cuales se creían tan superiores. Habían olvidado la roca de la cual habían sido cortados, y el hoyo del cual habían sido arrancados. Dios no dependía de ellos para cumplir su propósito. Como había llamado a Abrahán de un pueblo pagano, podría llamar

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a otros a su servicio. Sus corazones podían aparentar ahora estar tan muertos como las piedras del desierto, pero su Espíritu podía vivificarlos para hacer su voluntad, y recibir el cumplimiento de su promesa. { DTG 81.3; DA.106.4 }

“Y ya también—decía el profeta,—el hacha está puesta a la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.” No por su nombre, sino por sus frutos, se determina el valor de un árbol. Si el fruto no tiene valor, el nombre no puede salvar al árbol de la destrucción. Juan declaró a los judíos que su situación delante de Dios había de ser decidida por su carácter y su vida. La profesión era inútil. Si su vida y su carácter no estaban en armonía con la ley de Dios, no eran su pueblo. { DTG 82.1; DA.107.1 }

Bajo sus escrutadoras palabras, sus oyentes quedaron convencidos. Vinieron a él preguntando: “¿Pues qué haremos?” El contestó: “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” Puso a los publicanos en guardia contra la injusticia, y a los soldados contra la violencia. { DTG 82.2; DA.107.2 }

Todos los que se hacían súbditos del reino de Cristo, decía él, debían dar evidencia de fe y arrepentimiento. En su vida, debía notarse la bondad, la honradez y la fidelidad. Debían atender a los menesterosos, y presentar sus ofrendas a Dios. Debían proteger a los indefensos y dar un ejemplo de virtud y compasión. Así también los seguidores de Cristo darán evidencia del poder transformador del Espíritu Santo. En su vida diaria, se notará la justicia, la misericordia y el amor de Dios. De lo contrario, son como el tamo que se arroja al fuego. { DTG 82.3; DA.107.3 }

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento—dijo Juan;—mas el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego.” El profeta Isaías había declarado que el Señor limpiaría a su pueblo de sus iniquidades “con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.” La palabra del Señor a Israel era: “Volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias.”12 Para el pecado, dondequiera que se encuentre, “nuestro Dios es fuego consumidor.”13 En todos los que se sometan a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a

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identificarse con él. Entonces la gloria de Dios, que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también. Jacob, después de su noche de lucha con el ángel, exclamó: “Vi a Dios cara a cara, y fué librada mi alma.”14 Jacob había sido culpable de un gran pecado en su conducta hacia Esaú; pero se había arrepentido. Su transgresión había sido perdonada, y purificado su pecado; por lo tanto, podía soportar la revelación de la presencia de Dios. Pero siempre que los hombres se presentaron a Dios mientras albergaban voluntariamente el mal, fueron destruídos. En el segundo advenimiento de Cristo, los impíos serán consumidos “con el espíritu de su boca,” y destruidos “con el resplandor de su venida.”15 La luz de la gloria de Dios, que imparte vida a los justos, matará a los impíos. { DTG 82.4; DA.107.4 }

En el tiempo de Juan el Bautista, Cristo estaba por presentarse como revelador del carácter de Dios. Su misma presencia haría manifiestos a los hombres sus pecados. Únicamente en la medida en que estuviesen dispuestos a ser purificados de sus pecados, podrían ellos entrar en comunión con él. Únicamente los limpios de corazón podrían morar en su presencia. { DTG 83.1; DA.108.1 }

Así declaraba Juan el Bautista el mensaje de Dios a Israel. Muchos prestaban oído a sus instrucciones. Muchos lo sacrificaban todo a fin de obedecer. Multitudes seguían de lugar en lugar a ese nuevo maestro, y no pocos abrigaban la esperanza de que fuese el Mesías. Pero al ver Juan que el pueblo se volvía hacia él, buscaba toda oportunidad de dirigir su fe a Aquel que había de venir. { DTG 83.2; DA.108.2 }

Hijas de Dios, capítulo 3. Elena White.

Elisabet, madre de Juan el Bautista

Este capítulo está basado en Lucas 1.

“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. Ambos

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eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías al verlo, y lo sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: “Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” [...]. Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”. Vers. 5-17, 80. { HD 45.1; DG.48.1 }

Un ángel del cielo vino para instruir a Zacarías y Elisabet acerca de cómo educar y formar a su hijo, a fin de actuar en armonía con Dios para preparar un mensajero que anunciase la venida de Cristo. Como padres, debían cooperar fielmente con Dios para desarrollar tal carácter en Juan, que lo capacitara para ser un obrero competente en la parte que Dios le había asignado. Juan era el hijo de la vejez, el niño del milagro, y los padres podrían haber razonado que el Señor tenía una obra especial para él, y que Dios mismo se encargaría de prepararlo. Pero los padres no razonaron de esa manera. Se trasladaron a un lugar en la campiña donde su hijo no estuviera expuesto a las tentaciones de la vida en la ciudad, ni fuera inducido a separarse del consejo y la instrucción que sus padres le darían. Hicieron su parte en desarrollar en el niño un carácter que pudiese cumplir con el propósito que Dios le había asignado. No descuidaron aspecto alguno que pudiera evitar que su hijo llegara a ser bueno y sabio, “para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz”. Vers. 79. Ellos cumplieron con su sagrada responsabilidad.—The Signs of the Times, 16 de abril de 1896. { HD 46.1; DG.49.1 }

Devocional En los Lugares Celestiales. Elena White.

Fortaleza para hoy, 19 de septiembre

Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios. Zacarías 13:9. { ELC 271.1; HP.269.1 }

Por la prueba el Señor examina la fortaleza de sus hijos. ¿Está fuerte el corazón para soportar? ¿Está la conciencia libre de ofensa? ¿Tolera el Espíritu el testimonio de nuestro espíritu de que somos hijos de Dios? Esto lo averigua el Señor probándonos. En el horno de la aflicción nos purifica de toda escoria. Nos envía pruebas, no para causar dolor innecesario, sino para llevarnos a contemplarle, para fortalecer nuestra paciencia ... { ELC 271.2; HP.269.2 }

El amor de Cristo por sus hijos es tan vigoroso como tierno. Es un amor más fuerte que la muerte, pues él murió por nosotros. Es un amor más verdadero que el de una madre por su hijo. El amor de la madre puede cambiar, pero el amor de Cristo es inmutable. “Por lo cual estoy seguro”, dice Pablo, “de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 8:38, 39. { ELC 271.3; HP.269.3 }

En cada prueba tenemos consolación eficaz. ¿No se conmueve nuestro Salvador al comprender nuestras debilidades? ¿No ha sido tentado en todo como nosotros? ¿Y no nos ha invitado a llevarle cada prueba y perplejidad? Entonces no nos aflijamos por las cargas del mañana. Valerosamente y alegremente llevemos las cargas de hoy... { ELC 271.4; HP.269.4 }

Nada hiere tanto el alma como los agudos dardos de la incredulidad. Cuando venga la prueba, como indudablemente vendrá, no os angustiéis o lamentéis. El silencio en el alma hace más clara la voz de Dios... Recordad que debajo de vosotros están los brazos eternos.—The Signs of the Times, 5 de noviembre de 1902. { ELC 271.5; HP.269.5 }

Devocional Recibiréis Poder. Elena White.

Zorobabel y Zacarías, 20 de septiembre

Profetizaron Hageo y Zacarías, hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban. Esdras 5:1, 2. { RP 274.1; YRP.273.1 }

Al reconstruir la casa del Señor, Zorobabel se vio rodeado con múltiples dificultades. En años anteriores, los adversarios habían intimidado “al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara”, “y les hicieron cesar con poder y violencia”. Esdras 4:4, 23. Pero el Señor se interpuso en favor de los fieles constructores y ahora, por medio de su profeta Zacarías, habló a Zorobabel, diciendo: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella”. Zacarías 4:6, 7. { RP 274.2; YRP.273.2 }

A lo largo de la historia del pueblo de Dios, grandes montañas de dificultades, aparentemente insuperables, se han levantado ante quienes estaban avanzando en las providencias que Dios abría ante ellos. El Señor permite tales obstáculos al progreso para probar la fe. Cuando están apremiados por todos lados, es el momento de confiar en Dios y en el poder de su Santo Espíritu. No tenemos que caminar con nuestras propias fuerzas, sino con el poder del Señor Dios de Israel. Es una locura confiar en el hombre o hacer de la carne nuestro brazo. Debemos confiar en Jehová; porque en él hay fortaleza eterna. Aquel que, en respuesta a las palabras y obras de fe, señaló claramente el camino delante de su siervo Zorobabel, puede eliminar cada obstáculo inventado por Satanás para estorbar el progreso de la causa de Dios. Mediante el ejercicio perseverante de la fe, cada montaña de dificultad puede ser eliminada. { RP 274.3; YRP.273.3 }

Algunas veces el Señor adiestra a sus servidores mediante chascos y fracasos aparentes. Es su propósito que aprendan a dominar las dificultades. Procura inspirarlos con una determinación de transformar cada aparente fracaso en un éxito.—The Review and Herald, 16 de enero de 1908. { RP 274.4; YRP.273.4 }