Testimonio
11-09-2017
(Santiago 3, 4 y 5)
Amados, el 11 de septiembre del 2017, escuché una voz mientras estaba dormida, en sueños, y esta voz me dijo que se debían hacer unos preparativos para el 22 de septiembre del 2017. Mientras estaba tratando de poner mucha atención a lo que la voz me estaba diciendo, comenzó la voz a decir: buscad al Señor individualmente previo a esto, estad en meditación, buscad estar a cuentas con Dios, orad sin cesar día y noche, comed sencillo; como frutas, vegetales, semillas, nueces, cereales enteros y hierbas amargas. Del 21 al 22 y del 29 al 30 no estéis los matrimonios juntos maritalmente, son días solemnes delante de Dios, seguía diciendo la voz. Y también, cuando estaba yo meditando en todo esto, de repente la voz paró por un momento y comenzó a hablar nuevamente, entonces volvió a decir: 22 y 30 de septiembre 2017, no hagáis labor común, sino que busquéis en consagración total a Dios. También siguió diciendo que sacaran todo anatema, en medio de vosotros para que podáis ser aceptados en el amado. Cuando me dijo esto vi muchas cosas, vi muchas cosas en los cuales nosotros como cristianos no debiéramos tener, o no debiéramos hacer, y estamos haciendo. Entonces, tenemos que, a conciencia, sacar todo lo que nosotros sabemos. En ese momento se me mostró jóvenes que estaban todo el tiempo jugando games, videojuegos. Los adultos, vi una sala donde estaban las familias y lo que estaban viendo era una película tras otra, mucha violencia. Muchas cosas que estaban pasando que en el pueblo de Dios en los tiempos solemnes en los cuales estamos viviendo, no debiera estar pasando. Entonces mientras yo veía todo esto que estaba pasando, la voz siguió diciendo: no toquéis nada muerto, ni esté en vuestras casas. Así que cuando yo escuché eso, yo decía: Señor pero ¿a qué te refieres?. Entonces, porque Él decía no toques nada muerto ni que esté en vuestras casas, entonces yo decía: Señor, bueno, será verdad las carnes y todas estas cosas que a veces tenemos los freezers llenos y todas estas cosas. Entonces, y cuando se me pasó lo que estaba viendo, la película que siempre me pasan para explicarme las cosas, vi unas familias, estaban sentadas, había diferentes carnes, cadáveres, por así decirlo, estaban encima de la mesa, entonces todo esto pues el Señor llama a sacarlo, así que ahí me confirmaron eso que yo estaba pensando. También me siguió diciendo: retiraos y poneos a cuentas con Él, porque Él es el único que puede perdonar, Cristo Jesús es el único que puede perdonar, me insistía. Otra de las cosas que me dijeron es que no prometemos nada delante de Dios que sepamos que no podemos cumplir o que no deseamos cumplir, pues si no cumplimos vamos a ser culpables ante Dios. Así que nosotros a conciencia tenemos que buscar que es lo que realmente nosotros queremos hacer en nuestras vidas, si realmente nos queremos entregar a Dios. También la voz me siguió diciendo que el sacerdote del hogar, el padre del hogar debe presentar su familia ante Dios y reunirla en culto solemne mañana y tarde, mañana y tarde, esto es algo muy sagrado delante de Dios, y el Señor quiere que retomemos esto para que Él pueda tomar control de nuestras vidas y de nuestra familia. Me siguió diciendo que si deseamos ser perdonados debemos perdonar, si deseamos recibir bendición seamos bendición a otros, si deseamos ser protegidos debemos recibir y proteger a aquellos que Dios envía a nuestra mano. Agradezcan las cosas que Dios da, y sean firmes en lo que han creído, no vayan con desvariaciones. Se me mostraron diferentes desvariaciones, diferentes pensares, gente que ya, pues no cree en el Espíritu Santo, otros de diferentes doctrinas, y todas dentro del pueblo adventista, de los que realmente se dicen ser adventistas del séptimo día y tienen este maravilloso mensaje. Así que tenemos que volver a las sendas antiguas, amados hermanos. Esto es lo que se me estaba diciendo en este momento, volver a las sendas antiguas, para que realmente podamos saber y estar firmes en lo que Dios quiere para nosotros. Otra de las cosas que se me dijo es que no culpemos a Dios de no habernos dado la oportunidad de salir al campo, porque muchas personas, yo veía que muchas personas decían en la película que me pasaban: es que Dios no ha permitido, por eso es que estamos aquí, Dios no han permitido por eso es que estamos aquí. Y no, el ángel que estaba ahí, mi acompañante que siempre llega en esos momentos cuando están las escenas que me presentan, me decía: Él ha dado toda la oportunidad para nosotros, y nosotros por vivir desalineados referente a las profecías y eventos seguimos la corriente del mundo y la comodidad y el placer, y por gusto de cada uno están donde están. Entonces cuando desaparece esa escena, pues también desaparece el acompañante, y sigue la voz diciendo: prepárense para salir presurosos, como el pueblo de Israel en pascua porque castigo, tras castigo llegará, y si os quedáis nadie os podrá librar. Cuando dijo esto yo estaba ya un poquito tensa por todo lo que se me estaba mostrando, y preocupada más que todo porque yo decía: Señor, si tú le has dado oportunidad a todos. Señor, qué terrible es que no agarremos las oportunidades que Dios nos está dando en ese momento. Entonces cuando me dijo esto: que nos apresuremos, que se preparasen para salir como el pueblo de Israel cuando estaba en pascua, porque si no, vendrá castigo tras castigo y nadie va a quedar librado de esto. Vi en ese momento, muchas personas que estaban pasando muchas cosas y estas personas trataban de salir y trataban de salir, pero ya no podían. Así que me siguió explicando todo esto y es terrible, más adelante les voy a explicar un poquito más. Otra de las cosas que me dijo la voz en sueño es ¿qué pues necesita el mortal para vivir?, me hizo esta pregunta. Entonces el mismo contesta, la voz: no es mi bendición un bocado de pan y agua, un techo y abrigo, recordaos a Abraham, recordaos a Elías, más ¿porque seguís como Lot y su mujer y seguir los pasos y lugares de Caín y sus descendientes que edificaron ciudades?. vuelve a hacer otra pregunta: ¿pueblo rebelde? decía, ¿acaso no lo sabe? ¿acaso no lo veré? ¿acaso no lo sabré?. Allí yo sentí como que la respiración como que se entrecortó un poquito, porque yo decía: Señor, es que todos a conciencia si somos sinceros, si somos humildes, nos vamos a dar cuenta que es lo que realmente tú quieres de nosotros, pero mientras yo estaba pensando eso, siguió la voz diciendo: ¿qué pues gozará de lo amontonado, si mañana vienen por tu alma? hizo esta pregunta, ¿en qué te afanará si sabes que en un momento todos será ruinas? seguía preguntando. Entonces me dijo: hombre Dios te ha declarado lo que es bueno y lo que pide el de ti, hacer justicia, amar la misericordia y ser humilde ante tu Dios. Entonces hizo otras preguntas: ¿dónde está mi pueblo que profesa humildad? ¿dónde está la misericordia? ¿dónde está la justicia? y volvió a repetir: ¿acaso no lo veré? ¿acaso no lo sabré?. ¿Cuál es mi plan? decía la voz, ¿alguien lo sabe? ¿han estudiado el mapa para poder llegar a puerto seguro? ¿acaso no lo sacrifique todo? ¿qué más podré hacer por este pueblo rebelde? seguía diciendo: tienen ojos y no pueden ver lo que se avecina, tienen oídos y no entienden lo que escuchan, tienen manos y pies y no buscan mis caminos sino sus deleites y conveniencias, yo no cambio y lo que he hecho saber vendrá sin demora y solo los entendidos entenderán y actuarán. Avanza pueblo mío, decía y cumple tu cometido, pues el destino predicho está a cumplirse y nadie lo detendrá. Buscadme y viviréis, seguía diciendo, desechadme y moriréis. Sólo yo puedo, soy el único que puedo justificaros, ninguno lo podrá lograr por sí mismo. Entonces cuando terminó de decir esto me dijo: Santiago 3, dile que lean Santiago 3, Santiago 4 y Santiago 5. Entonces siguió diciendo: apártense del adulterio y la fornicación, no echéis con mujer menstruosa pues me es abominación, he aquí que lo que he pensado pasará y toda la tierra aullará y no habrá paz para los moradores de la tierra porque han falseado la ley y violaron el derecho. He aquí qué horror y espanto seguirán, aún ahí no habrá escapatoria, ¿sabéis el camino? preguntaba, y el mismo contesto: andad por el. Ay! De ti mayorales de rebaño, seguía diciendo, y ciegos y sordos que os seguís, vuestra retribución será grande y no habrá consolación, despierta decía pequeño rebaño, prepárate para encontrarte con tu Dios, acuérdate de dónde vendrá la real salvación, y volvió a hacer otra pregunta: ¿por qué insistís en seguir a sordos y ciegos? ¿acaso no perecerán ambos? ten piedad de ti mismo y despierta, decía, y déjame entrar. En esto, yo estaba muy triste por escuchar el Rey del universo, pues, rogarnos que volvamos a él, es tremendo porque no necesita rogar nada, y sin embargo; su amor, su misericordia, así que el ruega a cada uno de nosotros porque nos ama tanto y nos quiere salvar. Entonces yo mientras meditaba en todo esto, le decía al Señor: grande son tus misericordias, bendito tu nombre. Ayúdame Señor y ayúdame en que esto pueda llegar a otros y que lo puedan entender. En ese momento, se me mostró una escena; había varias calamidades y desolación, y una escena era más fuerte que la otra porque la calamidad era más grande y más fuerte, cada vez más que el anterior. Entonces yo veía gente corriendo con todas sus fuerzas, pero por más que corrían no podían escapar a lo que estaba pasando. Eran terribles aquellas escenas y mi ser temblaba y yo me sentía desfallecer ante aquella terrible calamidad. Entonces perdí las fuerzas y caí al suelo casi sin aliento, pero entonces apareció mi acompañante, y me dijo; levántate, no desmayes, pues debes ser testigo de lo que está por suceder. Entonces vi como unos corrían sobre la superficie de la tierra y otros corrían debajo de la tierra. Entonces los de encima de la tierra gritaban por lo espantoso del evento, pues fuego, humo y peste eran la orden del día. Entonces los de abajo de la tierra al principio se sentían seguros, pero luego sus rostros cambiaron y se volvían perplejos pues grandes terremotos estremecían su lugar, que ellos declaraban que eran seguros. Entonces se me mostraron miles y miles de muertos en tierra y agua, no había paz, solo guerra y los moradores de la tierra subían y estaban todos ellos buscando agua, buscando comida; aquellos pocos que sobrevivían, y no encontraban en ningún lugar, entonces estaban muy sufridos y débiles. Entonces cuando estaba viendo todo este sufrimiento, toda esta situación terrible; yo rogué a mi acompañante no ver más, y caí otra vez al suelo. Entonces me levantó y me dijo: ven y ve. Entonces fui llevada como en gira hacía muchas montañas alrededor del mundo y veía grupitos de personas, y ellos estaban asustados y también estaban orando y clamando día y noche, pero a pesar de verse asustados o angustiados, a la vez algo los mantenía como que con la certeza de que estaban seguros. Entonces mis ojos se abrieron, y yo pude ver alrededor de ellos algo maravilloso, pude ver que estos grupitos estaban custodiados por ángeles, los cuales estaban destinados a estar allí, para salvar y resguardar estas personas que estaban allí orando y clamando por la salvación de Dios. Entonces mientras el mundo rugía en horror, más ellos clamaban por su protección. Entonces ya las escenas acabaron y mi acompañante me dijo: ve y diles que el mundo cambiará en poco tiempo, muy rápido y el que no esté listo perecerá. Ahí esas fueron las últimas palabras, ahí desperté y ya no pude más dormir. Estaba meditando en todo esto, estaba buscando el rostro de mi Dios para recibir su perdón, su bendición y darme cuenta de que estos momentos son tan solemnes. Quiera Dios que cada uno de nosotros nos demos cuenta y que todos estemos listos y preparados y seamos aceptados en Cristo Jesús. Que Dios me los bendiga.

"1Hermanos míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. 2Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. 3He aquí nosotros ponemos frenos en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo. 4Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde quiere el que las gobierna. 5Así también la lengua es un miembro muy pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, un pequeño fuego, ¡cuán grande bosque enciende! 6Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así es la lengua entre nuestros miembros; contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y es inflamada del infierno. 7Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar se doma, y ha sido domada por la naturaleza humana; 8pero ningún hombre puede domar la lengua; [que es un] mal sin freno, llena de veneno mortal. 9Con ella bendecimos al Dios y Padre; y con ella maldecimos a los hombres, que son hechos a la semejanza de Dios. 10De una misma boca proceden maldición y bendición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga? 12Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas; o la vid higos? Así ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. 13¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría. 14Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni seáis mentirosos contra la verdad. 15Esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 16Porque donde hay celos y contención, allí hay confusión y toda obra perversa. 17Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, luego pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y sin hipocresía. 18Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz." {Santiago 3}

"1¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar, combatís y guerreáis, y no tenéis porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. 4Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. 5¿Pensáis que la Escritura dice en vano: El espíritu que mora en nosotros, codicia para envidia? 6Mas Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 7Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad vuestras manos; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y [vuestro] gozo en tristeza. 10Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará. 11Hermanos, no habléis mal los unos de los otros. El que habla mal de su hermano, y juzga a su hermano, este tal habla mal de la ley, y juzga la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder, ¿quién eres tú que juzgas a otro? 13¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy o mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, compraremos y venderemos, y ganaremos; 14cuando no sabéis lo que [será] mañana. Porque, ¿qué [es] vuestra vida? Ciertamente es un vapor que aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. 15En lugar de lo cual [deberíais] decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto o aquello. 16Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala. 17Así que, al que sabe hacer lo bueno, y no [lo] hace, [le] es pecado." {Santiago 4}

"1¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por vuestras miserias que os vendrán. 2Vuestras riquezas están podridas; y vuestras ropas están comidas de polilla. 3Vuestro oro y plata están corroídos, y su óxido testificará contra vosotros, y comerá vuestra carne como fuego. Habéis acumulado tesoro para los días postreros. 4He aquí, clama el jornal de los obreros que han segado vuestros campos, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. 5Habéis vivido en placeres sobre la tierra, y habéis sido disolutos; habéis engrosado vuestros corazones como en día de matanza. 6Habéis condenado y dado muerte al justo; y él no os resiste. 7Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. 8Tened paciencia también vosotros; afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. 9Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí el Juez está a la puerta. 10Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que han hablado en el nombre del Señor. 11He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor; que el Señor es muy misericordioso y compasivo. 12Mas por sobre todas las cosas, mis hermanos; no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no, sea no; para que no caigáis en condenación. 13¿Está alguno afligido entre vosotros? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante salmos. 14¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. 16Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo, puede mucho. 17Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. 19Hermanos, si alguno de vosotros errare de la verdad, y alguno le convirtiere, 20sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados." {Santiago 5}