Testimonio
10-12-2021
Fuera de ella, un pedazo de tierra bastante amplio con un césped muy lindo, pero sin ninguna planta de sustento. Pasé, entonces, frente aquella grande e imponente estructura. El primer piso era una iglesia y advertí que ésta era adventista, pues tenía un logo de los tres ángeles. La puerta estaba abierta, el viento le daba y la cerraba y la volvía a abrir; me asomé para ver que veía dentro de ella y no vi nada, no había allí [nada], sólo una tarima y no había bancos, ni sillas, ¡nada! ¡Todo estaba desolado!
Subí, entonces, las escaleras hacia el segundo piso. Allí, había un pasillo angosto que llevaba a varias puertas que decían: departamentales", "clases para niños", "escuela sabática". Me percaté que aquel segundo piso no tenía reja, o sea, barandas, y que el que caminara por el angosto pasillo y se tropezara iba a caer al vacío sin remedio. Vi una persona en el pasillo, un hombre, y le dije: "¿por qué aquí no hay barandas? Niños suben acá arriba, ¡y se caerán!" A lo que él me contestó: "¡esa es la idea!" Se sonrió maléficamente y salió de mi vista. Entonces pensé: "voy a enviar a alguien y le contrataré para que ponga barandas, amueble la iglesia y haga la casa habitable". Mientras yo me disponía a ejecutar lo pensado, escuché la voz que me dijo: ¿cambiará el desierto, de ser desierto, por dos o tres árboles que se siembran en él?" Y él mismo contestó: "¡de ninguna manera! Lo hecho, hecho está," siguió diciendo, "y lo ocurrido, no se cambiará. Porque: el que me desecha, es desechado; y, el que me busca, me encontrará. El que está en el desierto, morirá de la sed, más el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás".
Palabras fieles y verdaderas que dejo, del Eterno, para cada uno de vosotros. ¡Quiera Dios que podamos entender! Que el Señor nos bendiga."