Testimonio
08-09-2021
Vi una muchedumbre grande, mi Señor iba a paso suave, pero constante y firme, en línea recta por todo ese largo camino. Mientras mis ojos no podían parar de ver la hermosura resplandeciente, vi que uno de los que iba en la muchedumbre corrió y se puso a su lado. Vi como la tierra se abrió y éste desapareció. Otro corrió y pasó al lado del Maestro, se adelantó a Él, entonces vino un torbellino y lo sacó del camino y no le vi más. Pronto vi que el camino se hacía más angosto. La gran muchedumbre no cabía ya; unos al lado de los otros, y éstos se acomodaban para continuar, más unos luchaban por seguir al lado de los otros, o en frente de todos, a medida que el camino se continuaba estrechando. Así más estrecho se hacía y vi como muchos se salieron y cayeron en la oscuridad.
Miré hacia el frente y mi amado Jesús iba en el camino firme y constante. Su brillantez iluminaba atrás de Él todo el sendero por donde todos estaban transitando, y delante de él iluminaba un poco el sendero como para continuar la marcha. Vi que unos forcejeaban entre ellos pues el camino se tornaba cada vez más angosto, y éstos tenían que acomodarse aún más. Pero ellos, aquellos que forcejeaban no deseaban quedar detrás de otros, y luchaban por adelantarse a la multitud. Pronto éstos también quedaron en las tinieblas y no les vi más.
El camino entonces comenzó a despegarse del suelo y seguía suspendido en los aires. Cada paso en aquel camino era más fuerte, ahora la luz del Eterno brillaba aún más. Y levantó su mano derecha y comenzó a brillar aún más, con más intensidad. Detrás de la multitud se ubicó otra luz que iluminaba exactamente los bordes de aquel estrecho y elevado camino. Dijo mi acompañante: se le ha sumado a la luz, el clamor de medianoche. Yo estaba feliz pero a la vez preocupada. No quería ni pensar que alguno no llegara. El camino se puso más empinado, estaba más cuesta arriba y aún más estrecho. Ahora sólo iba una persona, una tras otra pues así de angosto era el camino.
Vi que todos los que miraban hacia el frente, al resplandor precioso de Cristo Jesús estaban firmes caminando en el camino. Pero todos los que bajaban su vista, hacia sus pies, cayeron en el vacío de las tinieblas como cuando Pedro quitó la vista de Jesús y se hundió en las aguas. Pronto, un enorme, ancho y profundo resplandor estaba frente a Jesús en aquel camino; y todos caminaron dentro de él y ya yo no les vi más.
Ahí volví a ver a mi alrededor y contemplé lo efímero y perecedero de este mundo. Oh gloria de glorias. El Eterno guía a su pueblo y es menester de cada uno de nosotros que no le perdamos de vista por nada ni por nadie. Mi corazón se regocija en esta hora porque en medio de la tormenta el amoroso Cristo Jesús va como poderoso capitán frente a los que compró con su sangre y guía su pueblo verdadero. A aquellos que no les importa nada de este mundo sino seguir solamente al cordero por dondequiera que él va. Bendito Dios por sus misericordias. Seamos todos bendecidos en Cristo Jesús y sigamos solamente tras sus pisadas. Que El Eterno nos bendiga.