Amados, mayo 2, 2019. En sueños yo estaba en una gran planicie y escuché una voz que me dijo: avanza. Comencé a avanzar, y al llegar al último extremo de la planicie, un enorme espejo se posó frente a mí. Dijo mi acompañante: observa. Miré con mucha atención al espejo y pude observar grandes manchas sucias en mi vestido. Exclamé: ¡Oh Dios!, estoy sucia, ayúdame. Mi acompañante me dijo: continúa, continúa el camino. Estaba yo subiendo a la montaña, más mi corazón estaba muy triste por las manchas que había en mis ropas, me arrodillé y lloré amargamente en súplica por la limpieza de mis ropas, otra vez escuché la voz que me dijo: prosigue. Me levanté muy triste y comencé a caminar, di cuatro pasos, y frente a mi otro espejo, éste se posó y pude mirarme atentamente al espejo, y pude observar que las grandes manchas de mis ropas habían disminuido, pero aún así podía observarlas. Dije: ¡Oh Señor! ¿cómo me libraré de esto?. Se me indicó: prosigue el camino.
El camino se tornó más rudo y difícil, yo daba un paso hacia adelante y me resbalaba dos hacia atrás, era muy difícil de continuar, me agarraba de todo lo que había a mi paso, árboles, ramas para no caerme, la dificultad que tenía frente a mí era grande, más la condición de mis vestiduras me llenaba el pensamiento, triste caí al suelo y exclamé: ¡Oh mi Dios!, sálvame que perezco. En esos momentos otro espejo pasó frente a mí, y pude verme otra vez. Las manchas de mis vestiduras, aún visibles, eran muy pequeñas, yo misma me miraba directamente y no las veía, pero a través del espejo era como único las podía ver. Comencé a gemir y clamar: Señor límpiame, Señor límpiame.
Entonces seguía subiendo el brusco camino, en mis piernas yo sentía el empuje del penoso viaje, y no podía mudar por mí misma mis ropas y éstas aún estaban manchadas. Lloré tan amargamente por mi situación que casi perdí el aliento y caí al suelo. Entonces comencé a observar los grandes árboles, las flores y pájaros, y así fui tranquilizándome. Estos al verlos daban paz a mi alma abatida, allí estuve largo rato observando a mi alrededor, y recordando ver la santa pareja en el huerto del edén, y la muerte agonizante de mi Jesús al morir en la cruz del calvario por mí. Mientras allí estaba recordando y mirando a mi alrededor aquella bella naturaleza, dijo mi acompañante: ponte de pie y continúa ascendiendo. Así lo hice, y pronto frente a mi otro espejo.
Ya yo no quería mirarme, estaba atemorizada de pensar que aún mis vestiduras estaban manchadas, pero en un momento miré, y vi algo extremadamente imposible, al mirar al espejo no me veía yo, sino que veía a mi amado Dios en mi lugar, me buscaba para ver si me veía pero no había nada allí que reflejara mi figura, solo mi amado Dios, sus ropas blancas como la nieve eran preciosas, caí de rodillas ante Él, y llorando agradecí a Él lo que yo no podría nunca lograr por mí misma, mi acompañante me levantó y me dijo: mira. Miré a la gran planicie, vi muchas personas con espejos frente a ellos, que a unos les importaba y a otros no. Me dijo: ve, y diles el proceso, a todo el que le importe debe avanzar. Corrí a la planicie y dije en voz alta las palabras que me ordenaron decir. Y a los que les importó comenzaron el ascenso con gran sacrificio y penurias.
En ese momento desperté y escuché la voz que dijo: El sucio seguirá ensuciándose y el limpio se [seguirá] limpiando. Que el Señor me los bendiga.