Testimonio
01-10-2021
Octubre 01, 2021 Instrucciones del Eterno para las próximas Fiestas, Sus Fiestas de otoño.

Así dice el Señor: Día de Trompetas, llegará el trompetazo certero en vuestra vida y, ¿cómo, pues, recibiréis esto, si caviláis en dos pensamientos? Entregad vuestra vida completa a Mí y el Consolador, el Espíritu Santo, os convencerá de Verdad, de Justicia y de Juicio y os dejará ver vuestras iniquidades como Yo las veo. Y vuestra grana será emblanquecida cuando os pongáis a cuentas conmigo. Pues, el día grande está frente a vosotros y, ¿quién podrá manteneros en pie en vuestra ambivalencia?"

"¡Luchad de tal manera que nadie quite vuestra corona! El Espíritu que estaba en Elías viene, y ya, casi, es llegado y no podrá ser detenido porque su poder viene desde el Mundo de los Vivientes".

"Humillaos en ayuno, ruego y oración, porque, ¡grande cosa es no estar a cuentas con el Yo Soy y ser pasado por alto! Muchos se regocijan en sus beneficios, más sus verdaderos hijos se regocijan en Él".

"Expiación, éste será día de ayuno, oración y ruego mundial entre mi Pueblo. ¡Buscadme de todo vuestro corazón mientras pueda ser hallado, pues, el enemigo os ha pedido para que sean zarandeados hasta lo sumo! Más, en el día que teman, confíen en Mí. Más, ¿cómo podréis confiar en lo mucho si en lo poco no confiáis?, ¡sólo en lo que pueden hacer vuestras manos! ¡Y peor aún: en otro mortal ponéis vuestras vidas!"

"En el día de Expiación comenzaréis meditando en [el] Salmo 11, junto a Sofonías 3. Y, así, os retiraréis en quebrantamiento de espíritu ante Mí, y pediréis sabiduría del Espíritu Santo para entender Jeremías 8, Daniel 9 y Apocalipsis 14, como antes os lo he dicho".

"En mi Fiesta de Tabernáculos: Salmos 120 al 134 serán vuestra poesía y vuestro canto, en mis días solemnes y en vuestros días de preparación. Aquel, que su cabaña tenga menos de un año de hecha, celebre mi Fiesta en ella; más, el que tenga cabaña hecha, ya, más de un año, prepare fuera de ésta una tienda donde morar conmigo en mi Fiesta de Tabernáculos. Allí descubrirá las maravillas que hice con mi Pueblo en la peregrinación en el desierto y aprended a confiar enteramente en Mí. Allí meditaréis en mi Ley, mis Mandamientos y mis Estatutos. Y meditaréis en ella día y noche y será por frontal a vuestros ojos y por palabra en vuestras bocas hasta que Yo esté por siempre entre vosotros. Sea vuestro estudio estas sus Palabras, que son las mías, hasta el fin de los tiempos —que se aproxima rápidamente ante vosotros—."

"He dictado el preparar [el] escrito de éstos, para que no sea comida molida, sino sólida a vuestro cuerpo; y os nutráis en Mí, día tras día, y momento tras momento. Cada uno obtenga una copia y no la suelte ni de día ni de noche para que ésta quede grabada en vuestros pensamientos".

"Leed con sumo cuidado, en el Deseado de Todas las Gentes, el capítulo 49. También, leed Juan, capítulo 7, del 1 al 15 y del 37 al 39. Leed, también, Levítico 23:42 y Deuteronomio 16:13, y meditad en ellos".

"En tabernáculos habitaréis 7 días. Todo natural de mi pueblo que haya hecho pacto conmigo habitará conmigo en estos tabernáculos".

"¡Regocijaos por los frutos que Yo hago, y hago brotar de la tierra a su tiempo para vosotros! Y meditad en lo fácil que es para Mí poner mesa en el desierto para aquellos que me temen y guardan mis Mandamientos".

"Sea éste vuestro ruego en esta hora:
¡Oh! Padre que estás en los cielos, ¡cuán grande eres tú, oh Jehová!, ¡cuán excelso es tu Nombre!
Abriste el mar para que tu pueblo cruzara en seco. Hiciste salir a tu pueblo al desierto y en tierra árida le proveíste alimento y saciaste su sed.
Le cubriste de bien y prodigios a ellos y a sus hijos, y nunca tuvieron necesidad de vestido y su calzado creció junto con ellos.
Les protegiste del calor con el poder de tu sombra, y del frío con tu poderoso fuego.
¡Oh, Eterno!, ¡te alabamos! porque les protegiste de mano de todos los que buscaban su mal mientras anduvieron en tu fidelidad. Y los zarandeaste grandemente para separar al grano verdadero de la paja que se lleva el viento.
¿Quién como Tú, que les cubriste de bien y todos se maravillaban de tus prodigios en ellos?
Le vieron las naciones y le temieron, y las fieras no tuvieron parte con ellos, porque Tú hiciste pacto de paz con ellas. ¡Las serpientes ardientes!, [cuando] por su maldad y rebeldía las pusiste en su medio, les diste consuelo y, los que a tí se allegaron, recibieron aliento.
¡Oh, Eterno! ¡tus providencias fueron muchas hacia tu pueblo desde antaño!
No permitas que olvidemos tus maravillas, pues, si así hiciéramos no soportaríamos el porvenir.
Guárdanos con la diestra de tu justicia y tu poder esté en mí, renovando cada día mi corazón.
Véante los pueblos a través de mis pasos y clamen a viva voz que un justo de Jehová está frente a ellos.
¡Guárdame en la hora de aflicción porque en tí confía mi alma!
Tú eres mi Creador, Redentor y Sustentador y sólo a tí entrego toda mi confianza.
¡Guárdame del lazo cazador y de la peste destructora! Mira cómo he sido traicionado por aquellos que amaba mi alma.
¡Guarda mi corazón!, [para] que sólo esté confiado en tus brazos, y, así, puedas poner un espíritu renovado dentro de mí.
Cansado estoy de hacer el bien y recibir el mal, más Tú me sustentas con la diestra de tu justicia y me haces tener mesa abundante en medio de mis instigadores.
Hazme recordar cada cosa en la cual tenga, de tí, gratitud, y que la gratitud me haga sentir que lo que permites que pase, cada día en mi vida, es lo necesario y suficiente para poder vivir, de tí, agradecido.
¡Sé mi consuelo en la adversidad!, porque, ¿a quién iré sino a tí? Hazme vivir confiado en tus promesas y no permitas que se ensañen de mí mis adversarios.
Escóndeme bajo tus alas, pues el león maligno está rodeándome y vigilando mis pasos.
Pon colirio en mis ojos para que siempre tenga presente, delante de mí, tus linderos y, así, mi pie no pase nunca fuera de ellos; para que, así, no tema el espanto de la noche ni a la flecha del día.
¡No dejes que, por la multiplicación de la maldad, en mi corazón se apague el amor! Y, ¡consuélame!, cuando vea, ante mí, la traición de aquellos a quienes ama mi alma.
Ruégote, Eterno, que me escondas en tí, bajo tus alas, para que mi alma viva por siempre, por ti —en el mundo de los eternamente vivientes—.
¡Acuérdate de los hijos que me diste! Aquellos que, con gran ardor en mi corazón, les expuse tus palabras, más ahora las han olvidado por causa del instigador de las almas, que atrapó su corazón.
Tú me los diste, ¡y tuyos son!, antes que yo supiera de su existencia, ya estaban en tu pensamiento.
¡Líbralos, por amor a tu Nombre, del hechizo que les ata! ¡Y que puedan ser rescatados del mundo perecedero!
Hazme un instrumento de tu paz. Y libra mi cuerpo de ser cambiado por mano humana. Que sólo Tú puedas gobernar mi vida y apartar de mi lado al que busca con ansias mi mal.
Recuerda que somos polvo, y que nuestro frágil ser es dado a la perturbación de sus alrededores.
¡A tí clamamos! Por liberación de manos de los que nos han vendido, por precio, como ganado de rebaño que va al matadero, para obtener de él ganancia.
Tuya es la tierra y su plenitud. ¡Manifiesta tu poder! para que, el que vea, sepa que Tú riges el universo y la tierra y no retardas tu promesa como algunos la tienen por tardanza.
Haznos merecedores de tu reino. Que el Espíritu Santo nos convenza de pecado, de verdad y de juicio para que, así, mi alma pueda estar a cuentas contigo.
¡No me deseches, oh Señor! Porque yo perdono a mis enemigos de todo corazón, porque tu amor está en mí, y, así, puedo, por tu gracia, recibir tu perdón.
No me eches de tu presencia y mantenme como enteramente tuyo.
La soledad me abate, [pues,] al apegarme a tus dichos, muchos me desecharon.
Haz presente en mi pensamiento día y noche tus dichos para así no temer a lo que me pueda hacer el hombre.
¡Dame el don que necesito para no temer! ¡Pon tu palabra viva en mí y hazme un santuario vivo con tu presencia!
Ante la aflicción venidera déjame recostarme [en] tu pecho y sostenme con tu brazo fuerte, pues reconozco que no hay preparación que pueda sostenerme en pie si tu presencia no está conmigo.
La muerte está frente a mí, y mi frágil humanidad le teme. ¡Guárdame en tu sabiduría y en tu poder!
Sana de bien mi boca para que, en la adversidad, mis labios puedan alabar tu Nombre y no permitas que se vuelven [burlen] de mí mis instigadores.
Tus palabras, como bálsamo a mis oídos y rocío refrescante en mi rostro, me lleven a tener un espíritu de entera paz [con] los que buscan mi vida.
¡Acuérdate de tu pacto con Israel!, aquellos que, una vez dispersos, estás recogiendo a través de tus palabras, porque son tus ovejas —y, éstas—, oyen tu voz y te siguen. Estos entendidos que se apartan para tí, y huyen de las amalgamas del maligno.
¡Oh, Eterno!, escucha el clamor de tu pueblo y líbranos de convertirnos en aquello [en lo] que el enemigo nos desea convertir, ¡líbranos de este gran mal!
Haya en mí gran contentamiento, porque mi alma sólo confía en tí, el Dios de mi salvación.
Reconozco mis errores y cómo he puesto mi pensar frente al tuyo. ¡Oh, Dios de mi salvación!, perdona mi iniquidad y no te acuerdes de mis rebeliones. Guárdame como enteramente tuyo y dame fuerzas de dominio propio para que mi alma te alabe todos los días de mi vida.
Ante aquellos que creen ser dueños de mi vida, haz que reconozcan que, sólo Tú, eres Dueño y Señor y no pasa nada en este mundo sin que Tú lo sepas; y que no abandonas al fiel a la suerte de los que te desprecian.
¡Clama mi alma por tu ayuda!, porque se gozan aquellos que maquinan mal contra mi vida. Levanta, como guerreros, tus siervos y estén entre nosotros para protección de tu pueblo.
No permitas que mi fe flaquee a causa de la opresión, porque me he sitiado en lugar que Tú has mandado, confiando en tu protección.
Presérvame como enteramente tuyo y séllame para salvación. No se aparte tu Ley de mis labios y crea un espíritu recto [dentro] de mi vida porque, ¿qué sería del mortal en ésta hora sin tu presencia, y del mundo sin tus cuidados?
He hecho conforme a tus dichos y, aún, sigo aprendiendo de ellos para ponerlos por obra en mi vida.
Quita el áspid de mi vista y dame fuerzas para arrancar de mi vida aquello que Tú me muestres que no te honra.
Aquí estoy, a tus pies, ¡cúbreme con tu manto de justicia y sálvame! porque perezco. ¿A quién iremos sino a tí?
Presérvanos en Tu gracia y renuévanos con tu permanente presencia en nuestras vidas.
¡Clama el justo y es escuchado! Hazme justo para que tu oído siempre esté presto a mis palabras, por tu gran misericordia.
¡Salva a tus hijos que claman día y noche en las ciudades por liberación! Aquellos que dan aun lo que no tienen por obedecer tus palabras. Dales colirio para que vean la puerta cuando esté frente a ellos y puedan ser salvos a través de ella, pues, ¡Tú eres la puerta de la salvación!
No desmaye mi vida a causa de mis amados que oyen tus palabras y se mofan de ellas. Mantenme agarrado en tu fortaleza. Guíame en aguas turbulentas y mantenme a flote por tu presencia. Permite que mi ser reconozca que sólo contigo es que estoy seguro. ¡Tú eres el que sacia de bien mi boca! ¡Ayúdame a hablar sólo lo que te honra!
Guárdame como enteramente tuyo pues sólo por tí vive mi alma.
En el nombre de tu Hijo amado te lo pedimos, Padre Santo. Amén".

Palabras fieles y verdaderas que dejo, del Eterno, para cada uno de vosotros. Que el Señor nos bendiga.

 

Deseado de Todas las Gentes

Capítulo 49

Este capítulo está basado en Juan 7:1-15, 37-39.
Tres veces al año, los judíos debían congregarse en Jerusalén con propósitos religiosos. Desde la columna de nube que le envolvía, el invisible Conductor de Israel había dado las instrucciones referentes a estas reuniones. Durante el cautiverio, los judíos no pudieron observarlas; pero cuando el pueblo volvió a su patria reanudó la observancia de estas fiestas recordativas. Dios quería que estos aniversarios llamasen hacia él la atención del pueblo. Con tan sólo pocas excepciones, los sacerdotes y dirigentes de la nación habían perdido de vista este propósito. El que había ordenado estas asambleas nacionales y comprendía su significado presenciaba su perversión. { DTG 411.1; DA.447.1 }
La fiesta de las cabañas era la reunión final del año. Dios quería que en esta ocasión el pueblo reflexionase en su bondad y misericordia. Todo el país había estado bajo su dirección y recibiendo su bendición. Día y noche, su cuidado se había ejercido de continuo. El sol y la lluvia habían hecho fructificar la tierra. Se había recogido la cosecha de los valles y llanuras de Palestina. Se habían juntado las olivas, y guardado el precioso aceite en vasijas. Las palmeras habían dado sus provisiones. Los purpúreos racimos de la vid habían sido hollados en el lagar. { DTG 411.2; DA.447.2 }
La fiesta duraba siete días, y para su celebración los habitantes de Palestina, con muchos de otros países, dejaban sus casas y acudían a Jerusalén. De lejos y de cerca venía la gente, trayendo en las manos una prenda de regocijo. Ancianos y jóvenes, ricos y pobres, todos traían algún don como tributo de agradecimiento a Aquel que había coronado el año con su bondad, y hecho a sus sendas rebosar gordura. Todo lo que podía agradar al ojo, y dar expresión al gozo universal, era traído de los bosques; la ciudad tenía la apariencia de una hermosa selva. { DTG 411.3; DA.448.1 }
Esta fiesta no sólo se celebraba en agradecimiento por la cosecha, sino también en memoria del cuidado protector de Dios sobre Israel en el desierto. A fin de conmemorar su vida en tiendas, los israelitas moraban durante la fiesta en cabañas o tabernáculos de ramas verdes. Los erigían en las calles, en los atrios del templo, o en los techos de las casas. Las colinas y los valles que rodeaban a Jerusalén estaban también salpicados de estas moradas de hojas, y bullían de gente. { DTG 411.4; DA.448.2 }
Con cantos sagrados y agradecimiento, los adoradores celebraban esta ocasión. Un poco antes de la fiesta venía el día de las expiaciones, en el cual, después de confesar sus pecados, el pueblo era declarado en paz con el Cielo. Así quedaba preparado el regocijo de la fiesta. Se elevaba triunfalmente el salmo: "Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia,"1 mientras que toda clase de música, mezclada con clamores de hosanna, acompañaba el canto al unísono. El templo era el centro del gozo universal. Allí se veía la pompa de las ceremonias de los sacrificios. Allí, alineado a ambos lados de las gradas de mármol blanco del edificio sagrado, el coro de levitas dirigía el servicio de canto. La multitud de los adoradores, agitando sus palmas y ramas de mirto, unía su voz a los acordes, y repetía el coro; y luego la melodía era entonada por voces cercanas y lejanas, hasta que de las colinas circundantes parecían brotar cantos de alabanza. { DTG 412.1; DA.448.3 }
Por la noche, el templo y su atrio resplandecían de luz artificial. La música, la agitación de las palmas, los gratos hosannas, el gran concurso de gente, sobre el cual la luz se derramaba desde las lámparas colgantes, el atavío de los sacerdotes y la majestad de las ceremonias se combinaban para formar una escena que impresionaba profundamente a los espectadores. Pero la ceremonia más impresionante de la fiesta, la que causaba el mayor regocijo, era una conmemoración de cierto acontecimiento de la estada en el desierto. { DTG 412.2; DA.448.4 }
Al alba del día, los sacerdotes emitían una larga y aguda nota con sus trompetas de plata, y las trompetas que contestaban, así como los alegres gritos del pueblo desde sus cabañas, que repercutían por las colinas y los valles, daban la bienvenida al día de fiesta. Después, el sacerdote sacaba de las aguas del Cedrón un cántaro de agua, y, alzándolo en alto mientras resonaban las trompetas, subía las altas gradas del templo, al compás de la música, con paso lento y mesurado, cantando mientras tanto: "Nuestros pies estuvieron en tus puertas, oh Jerusalem."2 { DTG 412.3; DA.448.5 }
Llevaba el cántaro al altar, que ocupaba una posición central en el atrio de los sacerdotes. Allí había dos palanganas de plata, con un sacerdote de pie al lado de cada una. El cántaro de agua era derramado en una, y un cántaro de vino en la otra; y el contenido de ambas, fluyendo por un caño que comunicaba con el Cedrón, era conducido al Mar Muerto. La presentación del agua consagrada representaba la fuente que a la orden de Dios había brotado de la roca para aplacar la sed de los hijos de Israel. Entonces repercutían los acordes jubilosos: "Porque mi fortaleza y mi canción es ... Jehová; sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salud."3 { DTG 413.1; DA.449.1 }
Mientras los hijos de José se preparaban para asistir a la fiesta de las cabañas, vieron que Jesús no hacía nada que significase intención de asistir a ella. Le consideraban con ansiedad. Desde la curación realizada en Betesda, no había asistido a las fiestas nacionales. A fin de evitar un conflicto inútil con los dirigentes de Jerusalén, había limitado sus labores a Galilea. Su aparente indiferencia hacia las grandes asambleas religiosas, y la enemistad manifestada hacia él por los sacerdotes y rabinos, eran una causa de perplejidad para los que le rodeaban, y aun para sus discípulos y su familia. En sus enseñanzas, se había espaciado en las bendiciones de la obediencia a la ley de Dios, y, sin embargo, él mismo parecía indiferente al servicio que había sido establecido divinamente. Su trato con los publicanos y otros de mala fama, su desprecio por las observancias rabínicas y la libertad con que dejaba de lado las exigencias tradicionales acerca del sábado, todo parecía ponerle en antagonismo con las autoridades religiosas y suscitaba muchas preguntas. Sus hermanos pensaban que era un error de su parte enajenarse a los grandes y sabios de la nación. Pensaban que estos hombres debían tener razón y que Jesús estaba haciendo mal al ponerse en antagonismo con ellos. Pero habían presenciado su vida sin tacha y aunque no se contaban entre sus discípulos, habían quedado profundamente impresionados por sus obras. Su popularidad en Galilea halagaba su ambición; todavía esperaban que daría una prueba de su poder que indujera a los fariseos a ver que él era lo que pretendía ser. ¡Y si fuese el Mesías, el Príncipe de Israel! Ellos acariciaban este pensamiento con orgullosa satisfacción. { DTG 413.2; DA.450.1 }
Tanta ansiedad sentían acerca de esto, que rogaron a Jesús que fuese a Jerusalén. "Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Que ninguno que procura ser claro hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo." El "si" expresaba duda e incredulidad. Le atribuían cobardía y debilidad. Si él sabía que era el Mesías, ¿por qué guardaba esta extraña reserva e inacción? Si poseía realmente tal poder, ¿por qué no iba audazmente a Jerusalén y aseveraba sus derechos? ¿Por qué no cumplía en Jerusalén las obras maravillosas que de él se relataban en Galilea? No te ocultes en provincias aisladas, decían, a realizar tus obras poderosas para beneficio de campesinos y pescadores ignorantes. Preséntate en la capital, conquista el apoyo de sacerdotes y gobernantes, y une la nación, para establecer el nuevo reino. { DTG 414.1; DA.450.2 }
Estos hermanos de Jesús razonaban por el mismo motivo egoísta que con tanta frecuencia se encuentra en el corazón de los que aman la ostentación. Ese espíritu era el que gobernaba el mundo. Ellos se ofendían porque, en vez de buscar un trono temporal, Cristo se había declarado el pan de vida. Quedaron muy desilusionados cuando tantos de sus discípulos le abandonaron. Ellos mismos se apartaron de él para escapar a la cruz que representaba el reconocer lo que sus obras revelaban: que era el Enviado de Dios. { DTG 414.2; DA.451.1 }
"Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aún no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. Vosotros subid a esta fiesta; yo no subo aún a esta fiesta, porque mi tiempo aún no es cumplido. Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea." Sus hermanos le habían hablado en tono de autoridad, prescribiéndole la conducta que debía seguir. Les devolvió su reprensión, clasificándolos no con sus discípulos abnegados, sino con el mundo. "No puede el mundo aborreceros a vosotros—dijo;—mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas." El mundo no odia a los que le son semejantes en espíritu. Los ama como suyos. { DTG 414.3; DA.451.2 }
Para Cristo, el mundo no era un lugar de comodidad y engrandecimiento propio. No buscaba una oportunidad para recibir su poder y su gloria. No le ofrecía ningún premio tal. Era el lugar al cual su Padre le había enviado. Había sido dado para la vida del mundo, para realizar el gran plan de redención. Estaba haciendo su obra en favor de la especie caída. Pero no había de ser presuntuoso, ni precipitarse al peligro, ni tampoco apresurar una crisis. Cada acontecimiento de su obra tenía su hora señalada. Debía esperar con paciencia. Sabía que iba a ser blanco del odio del mundo; sabía que su obra le conduciría a la muerte; pero exponerse prematuramente no habría sido obrar según la voluntad de su Padre. { DTG 415.1; DA.451.3 }
Desde Jerusalén las noticias de los milagros de Cristo se habían difundido dondequiera que estaban dispersos los judíos; y aunque durante muchos meses él había permanecido ausente de las fiestas, el interés en él no había disminuido. Muchos, de todas partes del mundo, habían venido a la fiesta de las cabañas con la esperanza de verle. Al principio de la fiesta, muchos preguntaron por él. Los fariseos y gobernantes esperaban que viniese, deseosos de tener oportunidad para condenarle. Preguntaban ansiosamente: "¿Dónde está?" Pero nadie lo sabía. En todas las mentes predominaban pensamientos relativos a él. Por temor a los sacerdotes y príncipes, nadie se atrevía a reconocerle como el Mesías, mas por doquiera había discusiones serenas pero fervorosas acerca de él. Muchos le defendían como enviado de Dios, mientras que otros le denunciaban como engañador del pueblo. Mientras tanto, Jesús había llegado silenciosamente a Jerusalén. Había elegido una ruta poco frecuentada, a fin de evitar a los viajeros que se dirigían a la ciudad desde todas partes. Si se hubiese unido a cualquiera de las caravanas que subían a la fiesta, la atención pública hubiera sido atraída hacia él al entrar en la ciudad, y una demostración popular en su favor habría predispuesto a las autoridades contra él. Para evitar esto, prefirió hacer el viaje solo. { DTG 415.2; DA.451.4 }
En medio de la fiesta, cuando la expectación acerca de él estaba en su apogeo, entró en el atrio del templo en presencia de la multitud. Porque estaba ausente de la fiesta, se había dicho que no se atrevía a colocarse bajo el poder de los sacerdotes y príncipes. Todos se sorprendieron al notar su presencia. Toda voz se acalló. Todos se admiraban de la dignidad y el valor de su porte en medio de enemigos poderosos sedientos de su vida. Así de pie, convertido en el centro de atracción de esa vasta muchedumbre, Jesús les habló como nadie lo había hecho. Sus palabras demostraban un conocimiento de las leyes e instituciones de Israel, del ritual de los sacrificios y las enseñanzas de los profetas, que superaba por mucho al de los sacerdotes y rabinos. Quebrantó las barreras del formalismo y la tradición. Las escenas de la vida futura parecían abiertas delante de él. Como quien contemplaba lo invisible, hablaba de lo terreno y lo celestial, de lo humano y de lo divino, con autoridad positiva. Sus palabras eran muy claras y convincentes; y de nuevo, como en Capernaúm, la gente se asombró de su doctrina; "porque su palabra era con potestad."4 Con una variedad de representaciones advirtió a sus oyentes la calamidad que seguiría a todos los que rechazasen las bendiciones que él había venido a traerles. Les había dado toda prueba posible de que venía de Dios, y había hecho todo esfuerzo posible para inducirlos al arrepentimiento. No quería ser rechazado y asesinado por su propia nación si podía salvarla de la culpabilidad de un hecho semejante. { DTG 415.3; DA.452.2 }
Todos se admiraban de su conocimiento de la ley y las profecías; y de uno a otro pasaba la pregunta: "¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?" Nadie era considerado apto para ser maestro religioso a menos que hubiese estudiado en la escuela de los rabinos, y tanto Jesús como Juan el Bautista habían sido representados como ignorantes porque no habían recibido esta preparación. Los que les oían se asombraban de su conocimiento de las Escrituras, "no habiendo aprendido." A la verdad no habían aprendido de los hombres; pero el Dios del cielo era su Maestro, y de él habían recibido la más alta sabiduría. { DTG 416.1; DA.453.1 }
Mientras Jesús hablaba en el atrio del templo, la gente permanecía hechizada. Los mismos hombres que eran más violentos contra él se veían imposibilitados para perjudicarle. Por el momento, todos los demás intereses eran olvidados. { DTG 416.2; DA.453.2 }
Día tras día enseñaba a la gente, hasta el último, "el postrer día grande de la fiesta." La mañana de aquel día halló al pueblo cansado por el largo período de festividades. De repente, Jesús alzó la voz, en tono que repercutía por los atrios del templo, y dijo: { DTG 417.1; DA.453.3 }
"Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre." La condición del pueblo daba fuerza a este llamamiento. Habían estado participando de una continua escena de pompa y festividad, sus ojos estaban deslumbrados por la luz y el color, y sus oídos halagados por la más rica música; pero no había nada en toda esta ceremonia que satisficiese las necesidades del espíritu, nada que aplacase la sed del alma por lo imperecedero. Jesús los invitaba a venir y beber en la fuente de la vida, de aquello que sería en ellos un manantial de agua que brotara para vida eterna. { DTG 417.2; DA.453.4 }
El sacerdote había cumplido esa mañana la ceremonia que conmemoraba la acción de golpear la roca en el desierto. Esa roca era un símbolo de Aquel que por su muerte haría fluir raudales de salvación a todos los sedientos. Las palabras de Cristo eran el agua de vida. Allí en presencia de la congregada muchedumbre se puso aparte para ser herido, a fin de que el agua de la vida pudiese fluir al mundo. Al herir a Cristo, Satanás pensaba destruir al Príncipe de la vida; pero de la roca herida fluía agua viva. Mientras Jesús hablaba al pueblo, los corazones se conmovían con una extraña reverencia y muchos estaban dispuestos a exclamar, como la mujer de Samaria: "Dame esta agua, para que no tenga sed." { DTG 417.3; DA.454.1 }
Jesús conocía las necesidades del alma. La pompa, las riquezas y los honores no pueden satisfacer el corazón. "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba." Los ricos, los pobres, los encumbrados y los humildes son igualmente bienvenidos. El promete aliviar el ánimo cargado, consolar a los tristes, dar esperanza a los abatidos. Muchos de los que oyeron a Jesús lloraban esperanzas frustradas; muchos alimentaban un agravio secreto; muchos estaban tratando de satisfacer su inquieto anhelo con las cosas del mundo y la alabanza de los hombres; pero cuando habían ganado todo encontraban que habían trabajado tan sólo para llegar a una cisterna rota en la cual no podían aplacar su sed. Allí estaban en medio del resplandor de la gozosa escena, descontentos y tristes. Este clamor repentino: "Si alguno tiene sed," los arrancó de su pesarosa meditación, y mientras escuchaban las palabras que siguieron, su mente se reanimó con una nueva esperanza. El Espíritu Santo presentó delante de ellos el símbolo hasta que vieron en él el inestimable don de la salvación. { DTG 417.4; DA.454.2 }
El clamor que Cristo dirige al alma sedienta sigue repercutiendo, y llega a nosotros con más fuerza que a aquellos que lo oyeron en el templo en aquel último día de la fiesta. El manantial está abierto para todos. A los cansados y exhaustos se ofrece la refrigerante bebida de la vida eterna. Jesús sigue clamando: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba." "Y el que tiene sed, venga: y el que quiere, tome del agua de la vida de balde." "Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna." { DTG 418.1; DA.454.3 }"
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