Que mi vida entera
esté consagrada a Ti, Señor;
que a mis manos pueda guiar
el impulso de tu amor.
Lávame en la sangre del Señor,
límpiame de toda mi maldad;
ríndote mi vida; hazla pues,
Señor, tuya por la eternidad.
Que mis pies tan sólo en pos
de los santos puedan ir;
y que a Ti, Señor, mi voz
se complazca en bendecir.
Lávame en la sangre del Señor,
límpiame de toda mi maldad;
ríndote mi vida; hazla pues,
Señor, tuya por la eternidad.
Que mis labios, al hablar,
hablen sólo de tu amor;
que mis bienes ocultar
no los pueda a Ti, Señor.
Lávame en la sangre del Señor,
límpiame de toda mi maldad;
ríndote mi vida; hazla pues,
Señor, tuya por la eternidad.
Que mi tiempo todo esté
consagrado a tu loor,
y mi mente y su poder
pueda emplearlos en tu honor.
Lávame en la sangre del Señor,
límpiame de toda mi maldad;
ríndote mi vida; hazla pues,
Señor, tuya por la eternidad.
Toma, oh Dios, mi voluntad,
y hazla tuya, nada más,
y este pobre corazón;
y tu trono en él tendrás.
Lávame en la sangre del Señor,
límpiame de toda mi maldad;
ríndote mi vida; hazla pues,
Señor, tuya por la eternidad.