"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí,"
dijo el malhechor contrito,
implorando ayuda así.
Vano no fue, vano no fue
nunca el ruego humilde de fe:
"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí."
Cuando vengas en tu reino,
mi abatido corazón,
como el malhechor contrito
hallará la salvación.
Vano no fue, vano no fue
nunca el ruego humilde de fe:
"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí."
Cuando vengas en tu reino,
santifícame, Señor;
como el malhechor contrito
yo te mostraré mi amor.
Vano no fue, vano no fue
nunca el ruego humilde de fe:
"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí."
Cuando vengas en tu reino,
y ya nada tenga aquí,
como el malhechor contrito
hallaré tesoro allí.
Vano no fue, vano no fue
nunca el ruego humilde de fe:
"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí."
Cuando vengas en tu reino,
a tu pueblo a rescatar,
como el malhechor contrito
yo contigo quiero estar.
Vano no fue, vano no fue
nunca el ruego humilde de fe:
"Cuando vengas en tu reino,
Cristo, acuérdate de mí."