Al fin conocí más de cerca a Jesús,
mas no con teorías de humanos saber:
la gracia me puso en el alma la luz
con que al Salvador pude ver.
La gloria miré de Emmanuel
con ojos ungidos de fe.
¡Qué imagen sublime del Gólgota y Él,
con alma contrita se ve!
Sentí aligerarse mi culpa y baldón
y al cielo elegí por supremo ideal.
¡Cuán pronto quitóme, al brindarme perdón,
el lastre terrestre del mal!
La gloria miré de Emmanuel
con ojos ungidos de fe.
¡Qué imagen sublime del Gólgota y Él,
con alma contrita se ve!
Llenóse mi pecho de paz interior.
¿Qué más en la vida pudiera querer?
He ahí y por qué adoró y me rindo al Señor;
por eso le ofrendo mi ser.
La gloria miré de Emmanuel
con ojos ungidos de fe.
¡Qué imagen sublime del Gólgota y Él,
con alma contrita se ve!
Después de mirar bien de cerca a Jesús,
¡Con cuánta emoción serle fiel resolví!
¡Qué gloria irradiaba su rostro en la cruz,
de donde pendía por mí!
La gloria miré de Emmanuel
con ojos ungidos de fe.
¡Qué imagen sublime del Gólgota y Él,
con alma contrita se ve!